Peliculas malas que amamos

25.01.19
Peliculas malas que amamos

Gabriel Piquet: Chopping Mall

Cambiando una famosa letra nostálgica de la historia del rock argentino -“Hubo un tiempo que fue hermoso / la Clase B fue libre de verdad / se exhibía todas las semanas / en una sala comercial”- voy a  recordar un periodo en el que el cine de ciencia ficción y terror podía estar mano a mano con los tanques del momento, y no desaparecer en alguna plataforma o formato físico (ya hoy en día solo para coleccionistas). Irónicamente, esta película tuvo mayor suceso con los años en el mercado del video y no en las salas de cine.

Antes de contar brevemente el argumento, hay que remarcar que este film estuvo producido por el rey de la Clase B, el señor Roger Corman, quien desde la década del 50 venía trabajando en este terreno. Hay una anécdota contada por el propio director, Jim Wynorski: dice que Corman lo invitó a comer previo al rodaje, sacó una libreta amarilla y durante una hora le anotó todo lo que tenía que hacer para filmar. Wynorsky dice que lo escrito en esa libreta amarilla le sirvió mucho más que todo lo que le habían enseñado en la escuela de cine. En los créditos aparece Julie Corman como productora, mujer de Roger y dueña de una vasta experiencia en el rubro, que arrancó su carrera con una de las primeras películas de Martin Scorsese: Boxcar Bertha. Con este equipo en la producción, el realizador Jim Wynorski y sus compañeros de set tenían que demostrar que estaban a la altura.

La historia es sencilla pero efectiva: un centro comercial de Los Angeles contrata a una empresa para que le brinde un nuevo sistema de seguridad. El mismo consiste en tres robots que patrullan el shopping en el horario nocturno, mientras está cerrado. En el primer día de funcionamiento, una tormenta eléctrica altera su base de control y los robots se vuelven sádicas máquinas de matar. Un grupo de jóvenes que organiza una fiesta utilizando la mueblería del tío de uno de ellos quedará atrapado toda la noche en el centro comercial y sus integrantes tratarán de no ser asesinados por los robots. La película arranca con una filmación en la que un ladrón roba una joyería del shopping y es atrapado por uno de los robots. Al terminar la proyección, una teatralización de esa situación, los comerciantes invitados a escuchar las virtudes de estas máquinas comienzan a cuestionar al creador de los robots acerca de cómo las máquinas identificarán quién es “malo” y quién es “bueno”. Acá aparece uno de los primeros guiños de la película hacia íconos de la Serie B: Paul Bartel (actor y director de Eating Raoul) y Mary Woronov (actriz de culto que trabajó con Andy Warhol y en muchas de las películas producidas por Corman) hacen de una pareja de descreídos comerciantes que no confían en esas latas con ruedas. La pareja tira un par de diálogos humorísticos, otro de los géneros que cruza la película en varios momentos.

Si hablamos de apariciones icónicas, el grupo de jóvenes que se quedó encerrado en el shopping tiene entre sus protagonistas a la hoy actriz de culto Barbara Crampton (quien trabajara en dos de los films de terror más relevantes de los 80, Re-Animator y From Beyond). Chopping Mall no para de ser un desfile de apariciones: también se ve a Mell Welles (otro de la factoría Corman, se lo recuerda por su aparición en The Little Shop of Horrors), aunque quizás la más emblemática y divertida actuación de un conocido de la Clase B sea la del gran Dick Miller, quien ya venía de hacer papeles chicos en Terminator y Gremlins. En esta ocasión hace de un empleado de limpieza que tiene una discusión con uno de los robots y no termina de la mejor manera.

Hay muchas referencias verbales, algunas muy divertidas como la respuesta de un personaje a la pregunta de si sabe utilizar un arma: “sí, vi Harry el sucio veinticuatro veces”. Pero no todo queda en el pasado, algunas referencias visuales son a películas cercanas como Rambo o Terminator. El uso de los diferentes espacios del shopping es otro de los aciertos (esto no era una novedad, ya lo había hecho George Romero en Dawn Of The Dead): se utilizan locales para que los personajes se equipen y combatan contra ese enemigo cibernético. Pasan por tiendas de deportes, armerías, ferreterías, restaurantes (en una de las paredes del lugar hay una afiche de Barbarian Queen, película que dirigió el argentino Héctor Olivera), pinturerías; y en una escena muy divertida utilizan una mueblería para que varias de las parejas tengan sexo en las camas y en los  sofás de exhibición. Menos la pareja protagónica, que son los tímidos que recién se conocen y miran en la TV Attack Of The Crab Monsters.

Narrativamente, la película va para adelante, no se detiene nunca y sus falencias no importan tanto como, por ejemplo, los personajes que actúan y dicen cosas inverosímiles. Las limitaciones en los efectos especiales no son tan notorias: los láseres que disparan los robots no desentonarían con los de títulos mainstream de la época. Esto último me da pie para cerrar la idea nostálgica de algo que no volverá (o vuelve en otra forma). Con la llegada del CGI, los tanques comenzaron a pasar por arriba estos productos, las películas se encarecieron y filmar estos pequeños relatos (hasta eso funciona, sólo dura 76 minutos) dejó de ser rentable. El mercado del video fue desapareciendo, quedando solo para un gueto. Puede ser que hoy en día hayan tomado la posta algunas series hechas para plataformas, pero creo que es otro tipo de mercado. Si sos curioso, si te divertís viendo referencias como en Los Simpson pero de la Clase B, si tenés casi cincuenta años o más y querés mostrarle a tus hijos una película divertida de cuando eras adolescente (cuidado si son muy chicos, esta película es pre-corrección política, por lo que contiene escenas de violencia y sexo), es lo que estabas buscando. Y si no lo encontrás en esta, seguí “rasguñando las piedras” o levantándolas, seguro que debajo de alguna otra lo vas a conseguir.

© Gabriel Piquet, 2019 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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