Peliculas malas que amamos

23.02.18
Peliculas malas que amamos

Juan Pablo Martínez: Acto de violencia en una joven periodista

Acto de violencia en una joven periodista es una película inclasificable. Sí, como sucede aquí con Un buen día y en todos lados con The Room, es de esas películas que adquieren un status de culto –por lo menos en Uruguay, su país de origen, si bien aquí recientemente se hicieron algunas proyecciones- por el hecho de ser malas a niveles, digamos, disparatados. Pero lo interesante de la película del escurridizo Manuel Lamas -de quien se sabe muy pero muy poco- no está en “el fenómeno” alrededor de ella , sino en la película en sí.

Acto de violencia en una joven periodista es uno de los tantos “videofilms” editados a fines de los años 80 y comienzos de los 90. Se trataba de producciones de presupuesto nulo, generalmente thrillers eróticos, grabadas en VHS y lanzadas al mercado hogareño. Pero Acto de violencia… es precaria incluso dentro de los estándares del videofilm, aunque Lamas logra arreglárselas con un par de trucos caseros: la película parece montada con dos videocaseteras (el típico “efecto arco iris” que solía aparecer muchas veces en nuestras grabaciones hogareñas se hace presente todo el tiempo en esta película), pero Lamas logra incluir, por ejemplo, un par de escenas en cámara lenta que logran ser creativas en su primitivismo. Uno de los asesinatos, perpetrado en el Parque Rodó –la película ambienta varias de sus escenas importantes en “sitios de interés” de Montevideo; otro de los asesinatos se lleva a cabo en la feria de Tristán Narvaja-, pasa de un forcejeo en ralenti a una sucesión de imágenes congeladas, y de ahí a un plano bellísimo y larguísimo de una navaja cortando la garganta de la víctima que parece sacado de un giallo (al igual que el título mismo de la película). Y la precariedad de todo hace que, en estos ralentis. la imagen tiemble de un lado otro, lo cual dota a la escena de una extrañeza aún mayor. También se las arregló para grabar voces en off de los personajes sin pisar el material grabado, mediante la manipulación de los cabezales de la videocasetera. Lo más gracioso de todo es que el poco presupuesto con el que Lamas contó para realizar esta película fue conseguido mediante el uso de publicidad no tradicional: Acto de violencia… tiene más chivos que una tira de Pol-ka y una película de Adam Sandler juntas; los personajes se la pasan tomando Coca-Cola y aparecen varios carteles de esa marca, van a comprar ropa a un local de Wrangler y un personaje visita Villagge (sic), un cabaret real, y Lamas nos muestra fragmentos de varios de sus números musicales, que incluyen canciones como “Another Part of Me” de Michael Jackson y “New York, New York” de Sinatra puestas en la película de forma clandestina. De hecho, la película comienza con un rodante donde se lee una especie de manifiesto por parte de Lamas en el que llama a una especie de unión latinoamericana de realizadores de videofilms sin apoyo estatal. (?)

La premisa de la película es un disparate: resulta que Blanca, la “joven periodista” del título, le presentó un tipo a una amiga suya, una señora bastante mayor que ella. Esta señora se enamora de Antonio, el tipo en cuestión, y decide casarse con él y dejar solo a su hijo, a quien ella llama “Bebote” si bien el muchacho tiene alrededor de 20 años. En una escena hermosamente ridícula en la que la señora básicamente le dice a su hijo que “lo deja” por Antonio se deja entrever la relación bastante enferma entre esta mujer y su hijo. Acto seguido, el Bebote jura que va a matar a “esa periodista radial” y a todos los amigos de ella.

Por otro lado, tenemos también una segunda premisa más cercana a la comedia romántica: Blanca tiene un altercado con un tipo en la calle y después Gabriela, otra amiga suya, le cuenta que le va a presentar a Carlos, su primo, quien vive en Canadá y acaba de llegar a Montevideo. Obviamente, Carlos resulta ser el tipo con quien Blanca tuvo el altercado, y lo que empieza a los gritos deriva en historia de amor.

Y hay una tercera premisa, la más extraña de todas: Blanca está preparando un informe para su programa de radio. El tema del informe es un tanto vago, ya que trata sobre “la violencia” (así lo menciona Blanca todo el tiempo). Y a Lamas se le ocurre incluir escenas semidocumentales en las que Blanca entrevista a personajes de la realidad, y en varios casos incluye las entrevistas completas, a veces sin cortes de montaje. Y es así como buena parte de los 35 primeros minutos de la película está compuesta por entrevistas que, dentro de la narración, parecieran ser meros tiempos muertos. Pero en realidad no lo son, porque Lamas utiliza esta trama de thriller berreta/historia de amor como McGuffin para otra cosa. En la película, los personajes se la pasan hablando sobre la identidad nacional: además de lo que se dice en aquellas entrevistas, hay otras escenas larguísimas en las que Blanca y Carlos discuten sobre estos tópicos. Y es así como, entre medio de todo este maremágnum de escenas y actuaciones imposibles y un humor no demasiado voluntario que hoy podría verse como un “Rejtman sin querer” (de hecho, hay una escena con Blanca hablando por un teléfono público que recuerda muchísimo a la escena de Cecilia Biagini al teléfono en Los guantes mágicos), Lamas logra colar ciertos momentos de realismo que terminan derivando una escena estrambóticamente tierna que es pura intimidad naturalista: un diálogo post-sexo entre Carlos y Blanca con esta última tomando una Coca-Cola y con una teta al aire donde se ponen a pensar en qué van a comer después.

La película está subida a YouTube y a Vimeo. En ambos casos se corta cerca del final y sigue en otro video.
Links a la película en YouTube:
Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=qav7Y7FRv-k
Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=f6wA9mUEEKo

Links a la película en Vimeo:
Parte 1: https://vimeo.com/156681556
Parte 2: https://vimeo.com/156829804

© Juan Pablo Martinez, 2018 | @jpmclovin

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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