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Crítica de Black Mirror Season 4 (Netflix), por Pedro Seva

De adentro hacia fuera, del homenaje al sacrificio; este primer episodio de la cuarta temporada de Black Mirror presenta la historia de Daly, creador de un videojuego virtual, un juego inventivo y novedoso. Pese a la genialidad que Daly ha demostrado en su creación, sus colegas y empleados lo banalizan y ridiculizan. Daly responde creando versiones ficticias de sus colegas en el juego que ha inventado; aquí, Daly es el capitán de una nave (la USS Callister, el adentro) tripulada por sus propios detractores, todos pertenecientes a la empresa donde el trabaja: Callister Inc. (el afuera). Daly es una hormiga en el mundo del afuera, mientras que es un dios en el mundo ficticio, cerrado y repetitivo del adentro que ha creado.

Todo cambia cuando aparece una nueva empleada en la corporación/empresa Callister Inc. y, eventualmente, en la corporación/nave USS Callister. De esta forma, la narración se desarrolla en la búsqueda por parte de los tripulantes de la nave de Daly para terminar con el juego perverso de éste y así llegar a ser “libres”. El principal tema que se pone en juego en esta historia, por cierto, es el de la libertad. Tópico usualmente trabajado en Black Mirror, donde una situación técnica especifica (pautada por una invención o amenaza del afuera) oprime y encierra a los personajes. La figura del juego también es recurrente en esta serie (sea una competencia televisiva, una simulación o, en este caso particular, un videojuego); otro elemento usual es el del aparato inventivo que pervierte (indirecta o directamente) las facultades de aquellos que lo usen (sea un implante que permite un acceso inmediato a la memoria o una aplicación que paute el carisma de las personas) mostrando la transformación de conceptos metafísicos (el uso operativo de la memoria o el carisma como aura, en estos casos) en simples modalidades técnicas.

En el mejor de los casos, las historias comprendidas a lo largo de cuatro temporadas de Black Mirror logran una crítica sobre la perdida de aquello que nos hace humanos en la modernidad, mientras que en el peor de los casos las historias caen en la simple y llana caricatura moral. USS Callister parte de una premisa inventiva (tomando a su vez referencias claras) para llegar a un lugar cuando menos paradójico. Por un lado, el relato tacha rápidamente a las corporaciones como perversas; la corporación/empresa donde trabaja Daly termina implicando una completa enajenación pese a jactarse de su “corrección política” (en la diversidad étnica de sus empleados y la supuesta calidez que expresa Walton, el jefe empresario). Simétricamente, la corporación/nave de Daly, siendo el exacto contrario a la corporación del afuera, sufre de una disfuncionalidad similar, los tripulantes del USS Callister están condenados a ejercer las mismas tareas en una rutina eterna (y con una sonrisa en el rostro). Todo cambia dentro del USS Callister cuando aparece Nanette Cole, quien pone todas sus fuerzas en alterar el destino monótono de la nave en búsqueda de su libertad.

La forma de combate elegida por Cole es curiosa. Durante el transcurso de este episodio Cole se muestra reacia, e incluso paródica, para con las misiones que le asigna Daly (claramente influenciadas por la serie Star Trek), aunque tal comportamiento no le resulta útil. Es recién en el momento en que Cole se camufla dentro del juego de Daly y decide “jugar con sus reglas” cuando la corporación/nave perversa logra su cometido (véase a este respecto la conclusión del episodio, que se corresponde directamente con sus fuentes, Star Trek, y que ni el propio Dios/Daly podría haber ideado); momento que, potenciado por un sacrificio, catapulta a la nave a otro estado, totalmente fuera de la versión perversa que Daly (ya no Dios/Daly) instauraba en un movimiento profundamente heroico.

La Cole de la USS Callister es muy distinta de la Cole de la corporación Callister Inc., pues la segunda se encuentra a gusto como la “nueva cara” de la oficina y así termina siendo relegada por la narración. Lo mismo ocurre con la corporación/nave del adentro y la corporación/empresa del afuera, esta ultima será dejada de lado. Aquí percibimos la paradoja de esta entrega de Black Mirror, ya que al haber expuesto la perversión moderna de ambas corporaciones, solo se centra en la purgación de una de ellas. La línea argumental correspondiente a Callister Inc. es olvidada en el episodio, cuando esta era una pieza fundamental en su diseño polémico (y simbólico). Si bien la linea argumental de la USS Callister se desarrolla correctamente, el problema que acontece puertas adentro en Callister Inc., nunca obtiene resolución.

Si Black Mirror ya trae consigo una forma paradójica (por el tratamiento de temas metafísicos y su potencial caída en lo puramente moral) USS Callister sería un episodio polar dentro de la ya paradójica serie. Llegando al extremo tal de que si se lee este episodio únicamente desde la perspectiva del adentro nos encontraremos con un exitoso desarrollo de temas herméticos (la iniciación por agua, el sacrificio final y la purgación de los males), mientras que si nos paramos en el afuera, nos encontramos con un simple drama moralista del tipo: “Le hacen bullying y por eso es malo”.

Este comienzo de temporada (la cuarta) de Black Mirror nos recibe con un visionado partido (como los títulos que dan comienzo al episodio) y en un sendero bifurcado, dejándonos listos para descubrir qué caminos tomará el resto del la temporada, y de, porque no, la serie entera.

© Pedro Seva, 2018

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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