31.05.18
Críticas _ Teatro

Crítica: A la deriva, por Diego Ávalos

Con voz de buen teatro

Amanda Peet, la reconocida actriz del film Muy parecido al amor y la serie de tv Brockmire, estrenó en 2013 su primera obra de teatro como autora, The Commons of Pensacola, inspirada en el escandaloso caso de Bernie Madoff. Este famoso estafador ha tenido varios retratos en libros, notas periodísticas, documentales y ficciones. Los dos más reconocidos son los hechos para televisión: la mini serie Madoff y el telefilm The wizard of lies, con Richard Dreyfuss y Robert De Niro respectivamente. Amanda Peet, inventándose nuevos personajes pero teniendo muy presente al clan Madoff, se interroga no ya por el patriarca sino por las primeras víctimas que rodearon al estafador: su familia. ¿Cómo hace una esposa para sobrevivir al derrumbe de una ilusión personal? ¿Cómo enfrentan los hijos la deshonra de saberse descendientes de un criminal? Y lo peor de todo, lo verdaderamente incómodo: ¿qué es lo que duele? ¿La vergüenza por el daño causado o la pérdida de la fortuna y el privilegio? Con su título traducido como A la deriva, el director Jorge Azurmendi y un solventísimo elenco nos invitan a pasar unos días con una familia tan desesperada como oscuramente divertida.

Judith (Cristina Dramisino) se ha visto obligada por la ley a abandonar su lujoso departamento en New York para mudarse a uno pequeño en Pensacola. Su marido ha sido encarcelado luego que se demostrara como estafó a varios miembros de la comunidad judía, sobrevivientes del Holocausto. Esto, que de por si es grave, es aún peor porque ellos también son judíos. Trastornada por su situación, un día Judith recibe a Becca (Cecilia Chiarandini), la mayor de sus hijas, acompañada por Gabo (Lionel Arostegui), su nuevo amante. Becca es una famosa actriz ahora despreciada por la situación de su padre. Junto a Gabo intentará que su madre acceda a una entrevista que no solo restituya el honor de la familia sino que les haga ganar un necesario dinero. La llegada de otros miembros de la familia y un sorprendente descubrimiento hará que las miserias, rencores, secretos y vergüenzas de los parientes estallen con una furia incontenible.

A la deriva cumple con el preconcepto que tenemos de una obra exitosa de Broadway: una trama realista cargada de replicas brillantes, personajes bien construidos, una intriga creciente y varios misterios que se van resolviendo hasta concluir lo que resulta ser un entramado perfecto. Para que un texto como este logre su cometido son necesarios actores que se carguen al hombro toda la exigencia y compromiso que sus papeles demandan. Y este es el logro máximo de Jorge Azurmendi: contar con un elenco ideal. Pese a algunas reservas con algunos aspectos de la puesta (se lamenta que la escenografía no tenga más vuelo, representa lo necesario, ilustra bien, pero no da por sus formas, materiales y colores una lectura poética más amplia; como así tampoco se entiende el funcionamiento del área del escenario donde los personajes esperan para ingresar a escena: a veces están allí con acciones concretas, a veces se convierte en un mero espacio donde ya no los personajes sino los actores tienen una pausa visible) es el elenco el verdadero y definitivo atractivo. De todos modos mencionemos dos ideas de dirección muy bien ejecutadas: el riesgo de realizar una larga escena con un uso mínimo de luz y el acompañamiento musical que realiza uno de los actores en uno de los momentos más emotivos de la obra.

Centrándonos en el elenco destaquemos un siempre creíble y sobresaliente Lionel Arostugui (sin lugar a dudas uno de los mejores actores de su generación), una muy convincente y emotiva Cecilia Chiarandini, una sorprendente y contundente Mora Monteleone. Pero sin lugar a dudas, el gran centro de A la deriva, su máximo atractivo, el verdadero motivo por el cual nadie debería perderse esta obra, es la creación que realiza Cristina Dramasino como la madre de la familia. Siempre hemos sostenido que un actor primero convence con su voz, en su sonido se esconde la emoción, la verdad y el oficio. Escuchar la voz de Dramisino, deleitarse con todos sus matices y texturas, nos devela a una señora actriz en estado de gracia. Su trabajo es de un equilibrio exquisito: sabe manejar el humor, contener el movimiento innecesario, desplazarse con una elegancia asombrosa, realizar grandes escenas de furia y desborde pero sin por ello perder la compostura. Solo presenciar, por ejemplo, su escena final, donde las lágrimas caen con la misma delicadeza de las palabras nunca antes dichas, valen de por si la experiencia teatral. Nuestras más sinceras felicitaciones a esta señora actriz nacional, esperando que continúe la creación de personajes tan sensibles, como creíbles e inolvidables.

A la deriva es una obra que bien sabe equilibrarse entre la comedia más oscura y el más puro melodrama familiar. Una historia atrapante que pese a su feroz ironía, jamás cae en el cinismo. Todos nos podemos reconocer con las miserias y necesidades de unos humanos tan vulnerables como desprotegidos. Estemos en New York, Pensacola, un país al sur o su triste capital. Vamos de paso, en solitario y a la deriva. Lúcido pensamiento para este camino donde cumplir la aventura.

Teatro: El Camarín de las Musas -Mario Bravo 960 – CABA

Funciones: Jueves – 21:00 hs

Entradas: $ 300 Jubilados: $ 240

© Diego Ávalos, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Autor: Amanda Peet. Elenco: Lionel Arostegui, Cecilia Chiarandini, Cristina Dramisino, Cristina Fernandez, Mora Monteleone, Agustina Saenz. Vestuario: Micaela Sleigh. Escenografía: Micaela Sleigh. Iluminación: David Seldes. Música original: Pedro Pertusi. Fotografía: Nacho Lunadei. Diseño gráfico: Lean Anapolsky. Asistencia de escenografía: Agustina Fernandez Poblet. Asistencia de iluminación: Facundo David. Asistencia de vestuario: Josefina Minond. Asistencia de dirección: Jennifer Aguirre. Prensa: Carolina Alfonso. Producción ejecutiva: Jennifer Aguirre. Dirección: Jorge Azurmendi

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