29.08.18
Críticas _ Teatro

Crítica: La respiración por Alelí Jait

El duelo de una ruptura amorosa y cómo llevar adelante los días cuando cuesta hasta respirar; cuando incorporar aire nuevo se torna un acto consciente porque se desaprende lo aprehendido y soltar implica volver a empezar. La respiración trabaja ese corte con la angustia y la fantasía que conlleva la vida después de eso que uno nunca imaginó.

Alfredo Sanzol, dramaturgo español que ha sido incorporado recientemente a Timbre4 con La calma mágica, escribió esta obra a partir de su propia separación. Retoma una experiencia personal -al igual que lo hizo en La calma… con la muerte de su padre- y la utiliza como motor ficcional. Pero en este caso la protagonista es Nagore, quien con 43 años, una hija de 5 y toda la incertidumbre y el insomnio encima recurre a su descontracturada madre para aliviar su tensión existencial.

Un profesor de yoga, un fisioterapeuta, un preparador físico y la novia de éste entran a escena para proponer nuevos vínculos sexuales que hasta el final de la obra dejan al espectador con la duda de si realmente se produjeron o sólo fueron parte de un delirio resultante de una borrachera nocturna.

El texto de la obra en sí, es bastante pobre; las situaciones y conflictos que propone transitan el infantilismo y la falsa provocación hacia un público que se presume pacato. Dicho esto es por demás destacable la dirección de Lautaro Perotti, quien utiliza diversos recursos escénicos para captar la total atención del público. Y lo logra.

Claro que para ello el elenco realiza un trabajo también descomunal: Mario Bodega, María De Pablo, María Fiorentino, Juan Guilera, Federico Liss, Julieta Vallina sostienen la obra y se recuestan sobre la mano invisible de Perotti. Una demostración de oficio y naturalidad para representar lo inverosímil que reposiciona gratamente a la obra.

En este sentido, Julieta Vallina es un sello de confianza y calidad actoral al igual que María Fiorentino; ambas convocan solo con su presencia. No obstante, Mario Bodega y Federico Liss -también de larga trayectoria en las tablas- componen a sus personajes con la misma altura y soltura, cuestión que no sorprende. Las novedades, en este caso, serían María De Pablo y Juan Guilera; ella no defrauda y contribuye a la simetría y el equilibrio interpretativo. Por su parte Guilera es una revelación, su ámbito natural es el televisivo y sin embargo maneja una calidad actoral y una destreza corporal que ciertamente lo dejan a uno pasmado.

El diseño de luces, el vestuario y la puesta en escena en general son de gran calidad tal como nos tiene acostumbrados Timbre4; quizás la única añoranza se vincula a la ausencia de la pluma de Tolcachir, a su vuelo poético, a la caricia de sus textos que siempre viene bien y se agradecen de pie.

Teatro: Timbre4 – México 3554.

Funciones: viernes 20 hs. – domingos 17 hs.

Entrada: $300.-

 

© Alelí Jait, 2018 @alelijait

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Dramaturgia: Alfredo Sanzol. Dirección y escenografía: Lautaro Perotti. Elenco: Mario Bodega, María De Pablo, María Fiorentino, Juan Guilera, Federico Liss, Julieta Vallina. Vestuario: Cinthia Guerra. Diseño de luces: Ricardo Sica. Música: Nicolas Benítez, Francisco Castro Pizzo. Fotografía: Francisco Castro Pizzo. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Producción: Maxime Seugé, Jonathan Zak. Prensa: Marisol Cambre.

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