19.07.18
Críticas _ Teatro

Crítica: Misterio del ramo de rosas, por Diego Ávalos

Pubis diabólico

El texto dramático de Misterio del ramo de rosas, por su composición, se asemeja a algunas de las novelas más reconocidas del autor Manuel Puig. Dos personajes principales muy opuestos entre sí que en el entrecruzamiento de sus propios recuerdos y ensoñaciones logran una transformación personal. Además, un vínculo de poder, dependencia y enfermedad. Nombremos a Molina y Valentín en El beso de la mujer araña. A Ramírez y Larry en Maldición eterna a quién lea estas páginas. O la perversa relación entre Ana y Pozzi en Pubis angelical. Sobre la adaptación al cine en 1982 de esta última nos detendremos. Ella nos ayudará en nuestro análisis. De una mala novela salió un peor film. Sus errores serán espejo de la obra que hoy nos convoca.

Pubis angelical es una novela publicada en 1979. Cuenta la historia de Ana, una mujer que en pleno tratamiento contra el cáncer trata de escapar de su dura realidad imaginando films que protagoniza: una historia del Hollywood clásico y una distopía futurista. La mirada de Puig sobre los géneros y el cine siempre fue distante. Lo que parece amor en realidad es burla. No deja de tener esa mirada condescendiente sobre el mal llamado “arte de masas”. De esta manera se entiende al cine clásico como algo reaccionario, bello y pasado de moda. La adaptación de la novela, firmada por Puig y el director Raúl de la Torre, es un error al cuadrado, la parodia de una parodia. Sabemos que es más digerible leer una mala parodia sobre el cine clásico, su imagen y su tipo de actuación, que contemplarla en una pantalla. Graciela Borges  y Alfredo Alcón parodiando a los actores del cine de estudios es algo bochornoso. Un film argentino tratando de lograr la escenografía del Hollywood clásico a la vez que intenta ocultar sus serios problemas de presupuesto ya es directamente ridículo.

Una sola cosa resiste y brilla en este espanto que es Pubis angelical. Hablamos de la banda sonora que compuso Charly Garcia. Escuchar su Pubis angelical en la noche, con lluvia, sentimientos apretujados e ilusiones de lo eterno, es lo más parecido que hemos conocido al cielo. Aunque más no sea por una noche de verano, una lluvia o un sueño.

Misterio del ramo de rosas tiene los mismos problemas que la adaptación de Pubis…, aunque ahora en formato teatral. Cuando algo se comprende mal de origen, y Puig mal comprendió al cine, lo más probable es que los errores se repitan, como las historias familiares nunca sanadas.

Misterio… cuenta la historia de una paciente mayor de edad muy deprimida y su enfermera, una mujer un poco más joven que ella. Ambas más opuestas no pueden ser: las diferencia la clase social, la educación, la actitud frente a la vida. Pero hay en algo que sí coinciden: la soledad. La tensa convivencia entre las dos mujeres hará que salgan a flote sus dolores, sus recuerdos, sus deseos y finalmente el perdón y las nuevas ilusiones.

El mundo Puig es mucho más pequeño de lo que él creía, mucho más pequeño de lo que nuestros académicos se atreven a reconocer. Sus novelas son intentos de melodramas sórdidos más bien básicos. Experimentos que no importan a nadie, recubiertos de mucha teoría para dar prestigio, para convocar premios, para lograr que una multitud de profesores tengan seminarios y cursos que brindar. El teatro de Puig, por el contrario, demuestra su simplicidad, su eficaz simplicidad. Si la dirección hubiera hecho trabajar a las actrices el melodrama, el personaje psicológico realista, el subtexto y la pasión bien expresada, la historia simple pero efectiva hubiera resultado y tendríamos buen teatro. Pero no. La dirección marcó a sus actrices como la mala parodia de lo que se cree que es el melodrama. Tonos planos y monocordes, ancianas que visten mañanitas y mujeres ricas que lo son porque hablan con una papa en la boca y llevan un tocado en la cabeza. Donde se pedía personajes complejos, con matices y contradicciones, solo se logró máscaras falsas, obvias y seguramente prejuiciosas sobre los personajes. Una verdadera lástima; lo mejor de la obra son sus creaturas, y estas no estuvieron presentes.

Pero la comparación con Pubis… no solo alcanza el plano de la actuación, sino también el de la puesta visual. Puig, en el texto original, plantea que el espacio es el de una clínica privada de lujo. La escenografía conseguida más parece de un hospital público argentino, y ese verosímil atenta contra la propia lógica de la situación. Lo mismo que la actriz más joven interprete a una mujer que falta poco para que se convierta en anciana, mientras la actriz mayor hace de la joven enfermera. El teatro realista es exigente. Y el ojo todo pide para poder creerle.

Son estas decisiones de dirección con respeto a lo visual, a lo actoral, a lo espacial, a lo lumínico y musical, que hacen de esta vuelta de Puig al teatro algo infeliz. Sabemos que lejos está de ser el gran autor que se pretende, pero sus obras teatrales, siempre difíciles, merecen mejores adaptaciones. El estar liberadas de tanta carga teórica como recurso para distraer, deja en evidencia su rico núcleo melodramático, aunque sea pequeño, y no siempre sabio.

Digamos por último, ya que de tanto nos ha servido el cine para explicarnos, que la mejor manera de comprender como se actúa un melodrama es viendo, por ejemplo, films del argentino Carlos Hugo Christensen. El maestro Faretta, de quién es la anterior idea, también dice: Christensen hace lo que Molina se toma en serio y Puig en broma. Ojalá se entiendan estas sabias palabras. Sino… maldición eterna a quién lea nuestra página.

Teatro: Teatro Payró – San Martin 766

Funciones: Domingo – 18:00 hs

Entrada: $ 280,00

 

© Diego Ávalos, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Autoría: Manuel Puig. Actúan: Claudia Mac Auliffe, Sonia Novello. Escenografía: Ariel Vaccaro. Iluminación: Mariano Dobrysz. Diseño de vestuario: Merlina Molina Castaño. Fotografía: Marco Riccobene. Asesoramiento Corporal: Debora Zanolli. Asesoramiento musical: ZYPCE. Asistencia de dirección: Marco Riccobene. Producción ejecutiva: Marco Riccobene. Selección Musical: Alejandro Vizzotti. Dirección: Alejandro Vizzotti. Compañía: De Carencia Virtú.

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