27.07.19
Críticas _ Teatro

Crítica: Púgil, por Diego Ávalos

La gran pelea

En 1920 el gran director Max Reinhardt inaugura el Festival de Salzburgo con su obra Jedermann, versión de la moralidad medieval Everyman. Para la puesta coloca una plataforma frente a la catedral, espacio donde el rico Everyman es juzgado por la voz de Dios, la cual sale del interior del edificio. En el momento clave, cuando cae la tarde, una de las estatuas que decora la catedral toma vida y se acerca al protagonista: es un actor disfrazado de la muerte. Pronto, varias otras figuras emergen de los edificios. El público comprende que todo es escenario de representación, la ciudad se ha convertido en teatro vivo. 

Desde los comienzos del teatro moderno, los directores se han visto fascinados por romper el espacio de representación habitual en nuestra época. La burguesía plantea su propia poética, el realismo, y en el teatro esta se representa dentro de una sala a la italiana, bajo la norma de interpretación detrás de una “cuarta pared”. 

La ciudad de Buenos Aires, rica en espacios cargados de una mística propia, ha despertado la imaginación a varios directores para la creación de espectáculos donde es el mismo espacio arquitectónico una narrativa, donde la experiencia del público es tan novedosa como estimulante. Podemos recordar en el teatro off a Proyecto Posadas, de Andrés Binetti, obra que ocurría en la célebre barbería La época. O en el circuito comercial la aún presente Tamara, de Pablo Sodor, propuesta en la que el público acompañaba a elección a distintos personajes por el interior de una mansión. 

El director, autor y actor Bernardo Morico se suma a esta fascinante línea creativa y nos presenta en esta temporada Púgil, una obra que transcurre en el interior del mítico Almagro Boxing Club. Púgil sigue la tradición de todo relato sobre el mundo del box. Tanto el cine, como la literatura y el teatro, cifran en el destino trágico de los boxeadores la imagen de un guerrero que ha perdido en la modernidad su función primordial. Recordemos que el mismo término púgil proviene de la antigüedad y se puede traducir como “el que combate con los puños”.  Si la vida es una lucha, la metáfora del box representa a la perfección como entablar con esa vida una pelea de solo deseo y voluntad lleva irremediablemente a la derrota. El hombre propone, pero no dispone. Segundos afuera. 

Púgil cuenta la historia del Pibe, un joven boxeador con mucha hambre de gloria y varios problemas personales que le sirven de aliciente para salir adelante. Como todo guerrero, tiene un maestro más viejo que él, un ayudante que además es un payaso y un amigo ex boxeador que intenta prevenirlo a su manera de todo aquello que se niega a reconocer sobre su propio talento. Entre los cuatro hombres un código propio al que somos invitados a presenciar: chistes, agarradas a piñas, deseos nunca reconocidos, frustraciones varias y un aire de derrota que todo lo impregna. Púgil, con su aire atemporal, nos habla de una Buenos Aires marginal, viva, pero poco mostrada. Una Buenos Aires de tango, de cumbia, de alcohol, puertos, amistad, catres viejos y apostadores. Porque la apuesta parece ser la clave de esta historia varonil: apostar por uno mismo y su futuro, apostar por su derrota y salvación. Púgil, como todo relato melodramático, se toma de lo pequeño, lo bajo y olvidado, para alcanzar verdadera poesía. 

Destacamos la actuación de todos los integrantes del elenco, sus rostros parecen haber sido tallados para el arquetipo que representan, es muy difícil imaginarlos por fuera de sus creaciones. Pero nombremos especialmente las actuaciones de Ignacio D´Onofrio como el mejor amigo del protagonista y de Bernardo Morico como el héroe trágico de la noche. Cada gesto, cada mirada, cada tono de voz, no solo es creíble y reconocible  (pero sin caer jamás en una burda parodia de modismos), como también es admirable el verdadero transito emotivo que ejecutan en escena. Sus emociones son sinceras y sentidas. El público aplaude tanta entrega y juego.  

Mencionemos finalmente el aporte que hace el club. Son sus olores, sus ruidos de la calle, sus paredes que tanto conocieron de glorias como llantos, los que dan un marco ideal para tan buena obra de teatro. Felicitaciones a Morico por su gran labor. Esperamos que continúe adelante con su inventiva y sentido de lucha. Dar pelea por una obra como Púgil es ya haber ganado la partida.  

Teatro: Almagro Boxing Club (Av. Diaz Velez 4422 – Capital Federal – Buenos Aires – Argentina)
Entrada: $250,00

Día y horario: Sábado – 21:00 hs – Hasta el 27/07/2019

Reservas: pugil.la.obra@gmail.com

calificacion_4

 

 

©Diego Ávalos, 2019

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Dramaturgia: Bernardo Morico. Elenco: Esteban Bortnik, Ignacio D´onofrio, Gabriel Kogan, Bernardo Morico. Escenografía: Soledad Chavarría. Asistencia de dirección: Rocío Sarandon. Dirección: Bernardo Morico

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.