29.11.18
Críticas _ Teatro

Crítica: Telemarketers, por Catalina Ledezma

La última función de Telemarketers demostró que los actores y bailarines (Martin Bustos, Uriel Einstoss, Gonzalo Quintana) pueden dejar todo sobre el escenario. Estos personajes que trabajan hasta volverse locos muestran en 70 minutos y a través de coreografías, luces y sonidos particulares, cómo la rutina los convierte en robots.

La historia se reduce a la desconstrucción de la rutina por los problemas personales que tiene cada uno. Este proceso los lleva hacia lo grotesco y una puesta en abismo sobre su propia situación dentro del teatro-off. De esta manera, Telemarketers destartala de la risa. Todo toma diferentes colores y sonidos, con un acompañamiento de música (gracias a Marcelo Rosa, Juan Pablo Schapira) y luces (a cargo de Ricardo Sisa), que embebe en un mundo donde la muerte, el suicidio, la enfermedad, la locura y la drogadicción pasan a un segundo plano. El problema se centra en lo que todo eso los hace sentir a estos personajes y las gestualidades adquieren una gran importancia.

Los telemarketers, Pedro, Hernán y Darío, se encuentra encerrados en escenarios austeros. No hay ningún dejo de lo hogareño ni lo familiar. Los espacios fríos se suceden entre el call center y el hospital, y finalmente aquel jardín-cementerio en el que el cuerpo de Vero, la hermana de Pedro, se encuentra enterrada. En estos no-lugares también logrados por Ricardo Sisa, los telemarketers se comienzan a cuestionar los fundamentos de su rutina.

Los sonidos en el no-sonido como, por ejemplo, el ruido de los tenedores sobre los tuppers durante un almuerzo de cinco minutos, destacan por el ritmo que le dan a toda la obra. Estos chocan continuamente con los exabruptos de llantos, gritos y música, que nuevamente le aplican a Telemarketers esas características grotescas que hacen de esta obra un hecho particular.

Con respecto a la coreografía, son los movimientos robóticos de la apertura los que van a ir dejándole el espacio cada vez más a bailes desestructurados, hasta que al final nos despiden con un baile contemporáneo completamente emocional. Todos realizadas con coordinación, precisión y gran gestualidad.

Gracias a la dirección de Micaela Fariña, los rudimentarios elementos de este musical del teatro-off dan una nueva significancia a la muerto, por ejemplo: el cuerpo de Vero es solo una muñeca pelada. En el diálogo se remarca el hecho de que la hayan pelado. Asimismo, su riñón le salvará la vida ilegalmente a Darío, quien al final se pregunta para qué, cuando es prisionero de un sistema del que no puede escapar.

Para añadir más características grotescas que ha logrado está obra, el tiempo sigue una cronología lineal, aunque aparecen los recuerdos de Pedro y Hernán cuando creen que Darío que está muerto, pero el corte que termina de romper el tiempo son los saltos al futuro, cuando se van pasando los cumpleaños de Darío y, cada año, Pedro y Hernán inventan excusas para no asistir, y cada vez pasan más años sin que nadie los recuerde ni los vea.

Telemarketers es una propuesta diferente, realmente algo muy característico del teatro-off. Cada escena, cada sentimiento, se encuentran acompañados de las gestualidades, las deformaciones en las caras y en los cuerpos de los actores, y se manifiestan en la naturaleza de las luces que modifican el ambiente para que todo tome concordancia gracias a estás tres voces maravillosas en conjunto.

Además de denunciar un tipo de trabajo marginal, donde la rutina maquinaria no les permite escuchar a quienes tienen a su alrededor y quedan alienados en sus propios problemas una y otra vez, Telemarketers demuestra cómo las moralejas tradicionales se han quedado sin efecto en un mundo como el que presenta. Frases como: “Si no te mata, te fortalece”, “Si sucede, conviene” son dichas por decir, porque no logran ningún efecto en los problemas con los que está enfrentándose este trio.

Para el final, han llegado a la realización de que la única salida es colapsar el sistema y escapar, hacer una obra de teatro-off que no va a ir a ver nadie, y así esconderse de la prisión que los tiene atrapados. La última escena concluye con el mejor número de la obra, junto con guantes que remiten a Michael Jackson, los Telemarketers nos cuentan su propia historia nuevamente. Se dejan ganar por la locura y aquellas luces verdes y naranjas que acompañan la psicosis con la que deja el escenario los personajes.

 Esta obra demuestra como el trabajo en conjunto de Martin Bustos, Uriel Einstoss, Micaela Fariña y Gonzalo Quintana construye un escenario desquiciado, loco, grotesco y con mucho para observar, reír y llorar.

Teatro: El Método Kairos – El Salvador 4530 – CABA

Funciones: Viernes 23 hs

Entradas: $ 200.-

©Catalina Ledezma, 2018 | @cataamaire

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Dramaturgia: Martin Bustos, Uriel Einstoss, Micaela Fariña, Gonzalo Quintana. Actúan: Martin Bustos, Uriel Einstoss, Gonzalo Quintana. Actores reemplazo: José Luis Des Justo. Movimiento: Carolina Borca. Voz en Off: Maien Vivanco. Vestuario: Mailen Calvo. Escenografía: Lula Rojo. Diseño de espacio: Ricardo Sica. Diseño de luces: Ricardo Sica. Música original: Marcelo Rosa, Juan Pablo Schapira. Fotografía: Gastón Marín. Diseño gráfico: Fernando Pérez. Asesoramiento: Marcelo Rosa. Asistencia coreográfica: Maria Sol Frisardi. Asistencia Coreográfica: Carolina Borca. Asistencia de dirección: José Luis Des Justo. Asistencia De Escenas: Kika Monte. Coreografía: Martin Bustos, Uriel Einstoss, Micaela Fariña, Gonzalo Quintana. Dirección: Micaela Fariña.

 

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