05.08.18
Críticas _ Teatro

Entrevista a Santiago Gobernori, por Estefanía Lestanquet

Entre ensayos de sus dos últimas creaciones, Pobre Daniel y La Verdad Efímera, Santiago nos recibe en su querido Teatro Defensores de Bravard , se infla el pecho y cuenta: “Esta es nuestra escuela con Matías Feldman, la tenemos hace 15 años. Al principio no tenía un lugar físico, después alquilamos una casa muy parecida a esta en la calle Bravard, por eso a este espacio le pusimos así. En enero de este año nos mudamos acá y la estamos peleando como todos los teatros, la vida del teatro independiente es muy difícil, leo a mis colegas que también están pasando por lo mismo, hay muchos espacios que ya están cerrando.” Aunque  Gobernori no se rendirá fácil, con más de 20 años cerca de las tablas, el actor y director le hace  batalla a la crisis con historias fuertes y conmovedoras  donde se las ingenia para darle su inconfundible cuota de humor.

¿Cómo son las actividades en este espacio?

Damos clases, tenemos varios grupos y muchos niveles. Además, y lo más importante, es nuestro espacio propio de experimentación. Nuestra idea primaria cuando abrimos Bravard fue que teníamos ganas de probar cosas sin estar esperando que sean un éxito, lejos del deber ser, queríamos sentir que podíamos fallar. Éramos mucho más chicos también, ahora estamos más grandes y tenemos otras ideas en la cabeza. Pero en líneas generales era abrir un lugar nuestro, poder cobrar baratas las entradas y poder experimentar una teatralidad un poco menos efectiva. Y nos fue muy bien, durante 10 años en ese lugar hicimos muchas cosas, muchos ciclos y con eso fuimos manteniendo la escuela o el teatro. Lo fuimos manteniendo con el laburo interno, hasta que se empezó a complicar y tuvimos que empezar a pedir subsidios, antes no lo hacíamos y nos jactábamos un poco de eso, pero después tuvimos que hacerlo porque no llegábamos. Y bueno la verdad que tener este espacio más grande nos permite probar cosas que antes las teníamos que hacer en otros lados. Estamos contentos.

¿Qué obras estás haciendo ahora acá?

Yo dirijo los sábados Pobre Daniel y la Verdad efímera.  Pero también estamos ofreciendo ciclos cortos, hay varios teatros que están haciendo esto. Justo ahora se acaba de estrenar Carlos en el centro, dirigida por Julián Lucero en la que actúo junto con Alan Sabagh.  Después los viernes a las 23hs hacemos un ciclo que se llama El Potrero y es de alumnos nuestros. Está también La crisis del Salto que lo organiza Connie Feldman que es una mezcla de teatro y danza que se llama a 5 actores noveles que no tengan mucha experiencia y tienen que armar una escena con algunas consignas que le da Connie y Manuela (la otra creadora del ciclo) y se muestran obras de 10/ 15 minutos. También hacemos los sketches solemnes, que fue un ciclo que se armó hace más de 10 años y la verdad que nos fue muy bien. Lo hicimos en el primer espacio para poder comprar las luces, los cables, etc. porque necesitábamos la plata y la verdad que nos fue muy bien, es un ciclo de humor. Como ladrones de medio pelo que alquilan el local para robar el banco y les va mejor con la panadería (risas).

Los Sketches Solemnes son una de sus creaciones más emblemáticas, ¿Cómo nacieron?

Al principio,  las escenas tenían que ver con algo solemne apropósito. Al principio de la escena, todo era serio, los temas eran serios: la droga, el alcohol. Todo era medio “Atreverse” (un programa muy viejo de Telefé que era una gran tragedia). Así que fue una especie de homenaje a eso, obvio que después todo se desvirtuó y quedó un ciclo de humor. Es como medio un caballito de batalla para nosotros, pero también un orgullo, donde pasaron más de 300 actores del ambiente teatral. Pasó hasta Mirta Busnelli. Es nuestro lugar. Lo disfrutamos muchísimo.

Pero más allá del humor, que está muy latente en tu obra, historias como Pobre Daniel muestran tu costado más tragicómico por así decirlo….

Sí, no me gusta quedarme en una sola cosa. Con Matías pregonamos mucho en las clases no quedarnos con una sola forma de hacer teatro. No confiamos mucho cuando esas escuelas sacan moldes muy prestablecidos.  Y también nos pasa lo mismo en lo que hacemos, no todas mis obras son comedias ni yo sólo puedo actuar en comedias.  Porque me parecería muy aburrido.  A mí lo que me pasa en mis obras, o al menos me pasó en estas últimas dos, es que los desenlaces van surgiendo. Respeté mucho el ensayo y le propuse a los actores trabajar con el formato que un poco tenemos en las clases, de trabajar con lo que va saliendo y no con una idea previa. Además, lo qué más cuesta es el QUE (qué contamos, qué mostramos) y el Qué está tan bastardeado que creo que tenemos que preocuparnos más por el COMO. Dentro de esta lógica, lo que les plantee a los actores es que yo iba a crear dispositivos que los íbamos a ir probando. En ese sentido las obras se fueron armando un poco solas. Pero sí me pasó, más que nada en Pobre Daniel, que la gente se muere de la risa, pero hay un momento en lo que sucede se vuelve muy pesado y se deja de reír.

¿Y esto se da en todas tus obras?

Un poco sí. Por otro lado, en “La verdad efímera” (donde dos actrices hacen miles de personajes y cuentan diferentes historias) me pasó que mucha gente me dijo: “che la verdad que me maté de risa pero hay algunos textos muy fuertes”. Pero la verdad es que todo esto no se dio de una manera consciente, es más, no me gustan esas obras que tratan de meterte el dedo en la llaga. Si pasa pasa pero no me gusta cuando se ve esa decisión, intento ser cuidadoso en eso. Pero sí, me gusta la comedia porque me gusta reírme, me formé con Bartis, con Spregelburd y Kartún, con todos directores que en sus obras siempre tienen humor. Además, creo que hacer humor es mucho más difícil que hacer algo trágico. La verdad que las obras que intentan bajar línea sobre algo no me dejan nada, pero sí me gusta que el humor te lleve a otra cosa.  Te relajas un poco y mientras te reís te está entrando una info bastante pesada y eso es fuerte.

¿Cómo profesor como te definís?

No creemos en una única manera de hacer las cosas. Yo admiro mucho a los actores que son muy versátiles, a mí un actor que me gusta mucho es Héctor Díaz, cuando empecé a actuar lo tenía muy de referente. Es el un actor que mientras te está haciendo reír al minuto estás medio tenso porque también conmueve. O Mirta Busnelli, el año pasado vi la Savia y me llamaba la atención como en una misma oración podía pasar por tres estados, dulce, enojada, dictatorial. Y eso es un poco lo que pregonamos nosotros acá en la escuela, la versatilidad. No podés prever, en esos actores y eso es lo que te hace que mantengas la atención. Tratamos eso en nuestros alumnos, que sean versátiles que se diviertan. Pero a la vez también hacemos mucho hincapié en la técnica, que hablen fuerte y claro, tengan buena dicción. Que se paren bien. Es bastante integral en ese sentido la formación. Y por otro lado, a la gente que se está iniciando tratamos de atraparla. Que al principio no se sienten demasiado expuestos. Que sea lúdico, armamos un buen equipo, que te de ganas de volver.  Que sin darse cuenta empiecen a actuar y que esa ficha les caiga con el tiempo…

¿A vos te pasó eso?

Sí, pasa que yo me cebé muy rápido con el teatro. Yo soy medio ansioso. Empecé haciendo un curso en el Rojas y justo la profesora fue Mariana Obersztern, que es una profesora espectacular, te ceba mucho, te estimula mucho, te manda a ver cosas, te abre la cabeza. A mí me paso que descubrí un mundo que no tenía ni idea, para mí todo se cerraba en lo que veía en la tele, veía “Verdad – Consecuencia “ de Polka y para mí era Shakespeare. Pero empecé a ir a ver teatro independiente y me alucinó, dije “qué es esto que no entiendo nada, pero me encanta”.  Además, yo como espectador tuve la posibilidad de ver obras de todos mis profesores, también estaba “El Perfiferico de objetos” de Veronese, agarré una muy buena época para enamorarse del teatro.  Así que entré muy rápido en el mundo del teatro. Yo empecé a los 18 a estudiar y a los 21 estrené en el Rojas mi primera obra como director y autor, me mandé. Y fui aprendiendo con el hacer, estaba plagado de errores, pero disfrutaba mucho de hacer lo que estaba haciendo.

 ¿Cómo fue que te mandaste tan rápido con la dirección?

Al principio quería actuar, pero le fui agarrando el gusto a todo. A los 19 me anoté con Kartún y a los 20 entre a la carrera de Dramaturgia que dirige él en la escuela de Arte dramático. Y después tuve profesores como Spregelburd que siempre me decía, “Acá si no te moves vos no te va a llamar nadie, tenés que generarte tu espacio”. Yo adopté eso acá en la escuela también, le digo a los chicos, intentamos organizar eventos donde ellos pueden mostrar sus propias obras, hacer.

¿Y con el cine cómo te sentís?

Al principio me gustaba, me generaba cierta fascinación. Pero más de grande empecé a sentir que me costaba, yo no tengo el lenguaje del cine como el del teatro, voy aprendiendo, pero no lo tengo incorporado. EL cine y la televisión son espacios muy técnicos, te tenés que parar en un lugar, las luces. Te estás cagando de frío y te tenés que mostrar en verano. En Las Vegas me pasó mucho eso (risas).

Tengo amigos que actúan hace mucho más que yo en el cine y me dicen que recién en la décima película se empezaron a sentir cómodos. Yo creo que es algo que se entrena. También depende de los directores, Juan Villegas fue muy agradable. Además no hay tanto cine como Las Vegas,  hay un cierto desprestigio con la comedia, con el humor acá en el cine argentino y poder hacer una película así fue muy bueno.

Ya tenés más de 20 años en el teatro, si tuvieses que ir en retrospectiva. ¿Qué obras te gustaría reestrenar?

No sé, porque a mí me pasa mucho que soy mandado y mis obras tienen mucha relación con el ahora, con la cotidianeidad. Igual ahora Pobre Daniel baja por un mes, y vamos a restrenar una obra mía del 2008 que se llama ASPERO, que la hicimos durante 5 años. En ese momento,  buscaba hacer algo así muy 90 que siempre había un personaje encerrado, que estaba la política en todo.  Por eso se llama Áspero, una obra típica. La obra es una reflexión sobre el teatro más que por la política, -se trata de tres matones que le pegan a un policía y lo mandan a guardar, pero trabajan en el radicalismo.  La obra es muy divertida. Pero nada, no sé que decirte con qué obras volvería a actuar. Me pasa ponerme a pensar que el teatro es recontra efímero y te da cierta nostalgia que hay personajes que nunca en tu vida vas a hacer. Esto me hace pensar que siempre volvería a hacer la obra Jerry de Mariana Chaud o cualquiera de Spregelburd.

La terquedad por ejemplo…

Ojalá vuelva.  La obra es titánica y cuando la reestrenamos siento que nos sirvió para entenderla desde adentro. La intensidad, los tonos. Y la segunda temporada sentimos que la hicimos mucho mejor, personas que la vieron nos dijeron. Generaba mucha polémica.   Más allá que escribe como un animal Rafael es una persona que juega mucho. En los ensayos te deja ser, me parece fundamental. Genera eso, que una obra rebuscadísima como La Terquedad le gane a muchas de cartelera o comerciales. La Terquedad es un triunfo para todos.

¿Vos escribís las obras pensando en los actores o buscas actores para obras que ya tenés?

Depende del proyecto. En este caso, los actores de Pobre Daniel como las de la Verdad Efímera están entrenando acá en Bravard. A las chicas las había visto en otras residencias que hice y les dije “yo quiero probar algo con ustedes que tengo en mente”, nos empezamos a juntar y fue saliendo. Con Pobre Daniel tenía ganas de trabajar con eso, sólo tuvimos una premisa que sea vea un mundo atravesado por alguien con problemas, y tomamos como referencia a Benjy de “El sonido de la furia” de Faulkner, que toda la primera parte del libro no entendés que está pasando hasta que te das cuenta que está narrado por alguien deficiente.   Creo que hay que pensar el cómo. A veces me pasa que también me copo con algunos actores y pienso cómo trabajar con ellos. El vínculo y la entrega del grupo es importantísimo.

¿Y qué planes tenés para el futuro?

Tengo ganas de probar en un momento algo de imagen y danza. Algo más lúdico, de ruido y movimiento. Estoy hablando con Connie Feldman para que me ayude. Me cuesta mucho sentarme a decidir qué hacer, estas ideas van fluyendo. Ahora estoy disfrutando mucho de las obras que estoy haciendo y poniendo todo en ellas. Antes se peleaba con el cine pero ahora peleamos con el Cine en tu casa. ¿Cómo le ganas a Netflix en invierno? Entonces nosotros tenemos que darle algo ese esfuerzo, a esa persona que salió de su casa con el frío y te pagó una entrada.  Hacerlos reír, por ejemplo. El teatro tiene ese poder para pelearle a las series o a las películas. Es el vivo, el salir y charlar con alguien, que no lo tiene ninguna actividad artística, el teatro se completa con el espectador. La escena under es muy potente, el teatro tiene un poder espectacular y acá hay mucho talento.

© Estefanía Lestanquet, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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