17.09.12
Entrevistas _ Teatro

Entrevista a Sol Pavéz, autora, directora y actriz de Un lugar tan pequeño o un pequeño lugar

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En la obra que se representa los viernes a las 20:15 en el Centro Cultural de la Cooperación, Pavéz reflexiona sobre los vínculos individualistas y los temores infundados. Un grupo de personajes jóvenes que ven detrás de una puerta una posible amenaza es la base de esta historia que mezcla comicidad y reflexión social.

La obra tiene algo muy fuerte en relación al espacio, a la idea de lo amenazante, lo que está “del otro lado de la puerta”. ¿El argumento surgió a través de esta idea rectora, o al revés?

En realidad, creo que fue un poco y un poco. Yo tenía ganas de trabajar sobre una casa, era lo primero que se me venía. Una casa y un lugar cerrado. A raíz de eso comenzó a aparecer el argumento, los cuatro personajes adentro de una casa y el núcleo de lo que sucede en la obra. La escribí primero y comenzamos con los ensayos. Y tiene que ver con una necesidad de indagar sobre los lugares y la forma en la que uno toma ese lugar. Si uno se adueña de él, pertenece a ese lugar. Y es la diferencia con “formar parte”, que es una construcción más colectiva. Y jugar con el lugar que uno le da al otro, también.

¿Hubo alguna referencia previa para la escritura de la obra? Se la ha pensando en relación a “Casa Tomada”, el cuento de Cortázar.

Es cierto que hay una similitud, en el sentido de que hay supuestos ocupas adentro. Pero en realidad, los personajes de mi obra son un poco ocupas ellos mismos. La manera en la que adquieren esa casa es un poco extraña también. Y, por otro lado, lo que ellos van a hacer para recuperar esa casa es completamente activo. Ahí está la diferencia. Yo me centré en la idea de que algo te pertenezca o pertenecer. La forma en la que mis personajes ocupan es aceptada socialmente, pero moralmente podría ponerse en duda. Yo quiero trabajar otra cosa.

Son personajes muy paranoicos pero a la vez desamparados, ¿trabajaste el miedo asociado al desamparo?

Sí, en realidad creo que son muy individualistas. Y creo que es eso lo que los termina ubicando en un lugar de desamparo. Creo que pasa un poco por ahí. Ellos deciden no buscar ayuda afuera porque suponen que eso va a extender más la cuestión, pero en definitiva yo creo que tiene que ver con una forma individualista de resolver las cosas. Están ensimismados en ellos, y todo pasa dentro de esa casa y lo que crean ellos. Yo no doy datos de quiénes son, de dónde se conocen, si son amigos o no. Los vínculos son frívolos, como ellos mismos, impostados. Ellos “sostienen” todo el tiempo ese vínculo que los une.

¿No tienen una identidad muy definida porque es una obra alegórica?

Sí, claramente.

¿Cómo fue el proceso de ensayos? Sobre todo para que los actores se centraran en los vínculos y no tanto en las identidades.

Tienen características muy particulares los personajes, y distintas formas de abordar la situación. Es una obra muy delirante, atravesada por el humor. Se encuentran con lo que les sucede y generan contrapunto en el vínculo. Eso facilitó mucho el trabajo, abordé desde la dirección sus características y el modo de vincularse. Y así fueron entrando al personaje. Y, fundamentalmente, a través de la acción.

¿Vos sentís que la dramaturgia y la acción se han separado mucho en el campo teatral de Buenos Aires?

En algunos casos sí, pero en muy pocas ocasiones esto resulta interesante como propuesta. Encuentro que muchas veces hay algo muy literario, “dicho por un actor”. Y a mí me interesa más leer la novela. No quiero decir que no sea teatro, es tan sólo lo que más me llama.

¿Por qué elegiste esas edades para los personajes? Son bastante reaccionarios, pese a ser jóvenes. Es común asociar el conservadurismo a los más adultos.

Tiene que ver un poco con el momento de mi formación, creo yo. Cuando yo era adolescente, había en la juventud algo muy individualista y cuasi reaccionario. El otro día hablaba de que en los ’70 los jóvenes querían cambiar al mundo. Y cuando yo era adolescente, el objetivo era ser modelo. Un éxito a corto plazo, asociado con el dinero. Y los personajes de mi obra son un poco eso. La casa, de hecho, es adquirida de una forma facilista: en un remate. La obra tiene que ver con esa franja de edad, los de 30 y pico, que atravesamos la juventud con esa premisa.

¿Creés que el actor independiente necesita aprender más sobre los métodos de producción, para mejorar sus productos culturales y llegar al público?

Yo creo que la producción es sustancial, yo lo aprendí haciendo mucho teatro independiente. Creo que el saber hacer y el saber producir genera una libertad de acción en definitiva, de poder mostrarte. Siempre se aprende haciendo, y coincido en que es importante generar mayor formación sobre ese tema.

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