25.05.18
Entrevistas _ Teatro

Entrevista a Guido Villaclara y Cristian Cimminelli, director y actor de Pollo – el último parripollo del país

En esta oportunidad A Sala Llena tuvo un encuentro con dos jóvenes creadores que están realizando en el Espacio Cultural Urbano la segunda temporada de su obra Pollo – el último parripollo del país. Una original comedia que cruza el grotesco, el fantástico, la crítica política y el compromiso teatral.

Se los ve llegar al bar contentos y cansados. No es para menos. Acaban de estrenar, gracias a su propio esfuerzo y voluntad, una obra de teatro. Hacer teatro nunca es fácil, menos en Argentina y mucho menos cuando la compañía es su propia productora. No se trata solo de dinero. Se trata de mucho tiempo, mucho sacrificio, algunos dolores y bastantes frustraciones. Pero todo sea por el teatro. Por la fe en el teatro. Porque lo que él representa. Y todo lo que gracias a él se sueña. Están dispuestos a hablar, a ser sinceros, a cruzar ideas y dejarse ser interpelados. Son pensantes y sonrientes. Están cansados pero empiezan a hablar.

¿Cómo nace Pollo?

Guido: Nace en el 2015, con todas las ganas de hacer teatro y de hacer catarsis por todo lo que  veíamos que se iba a venir con la realidad política y económica del país. Teníamos ganas de hacer algo grupal. Pero no de agarrar un libro o escribirlo y después hacerlo. No, queríamos ver que quería contar cada uno, ponernos a ensayar y ver que salía. Los actores como sujeto, y no como seres convocados para hacer. Esa una fórmula que funciona y tampoco es que no la haría nunca más, pero desde el principio la búsqueda con esta obra fue distinta.

Él es Guido Villaclara, director y autor de Pollo. Cuenta que su formación es “eclectiva”. Periodismo, Comunicación, Letras. En la facultad llegó incluso a publicar una revista literaria llamada “Mieses”, una aventura que no duda en calificar como un: “Delirio maravilloso, muy ambiciosa, con gente como Fernando Peña y Daniel Santoro como colaboradores”.  Ya desde Letras empieza a pensar en el teatro, y sobretodo en el cine. En 2016 llega a filmar un cortometraje para Historias Breves y para esa altura ya son varias sus obras de teatro: Un maestro es como un niño para un policía, con Mariano Tenconi Blanco y el monólogo para actriz Nula. Ahora, la segunda temporada de Pollo.

¿El motivo inicial fue hacer una obra o criticar el  contexto de lo que para ustedes estaba pasando?

Guido: No, el primer motivo fue hacer algo, juntarse. Mirta Israel nos recomendó a Cristian. Nos juntamos y empezamos. Seis meses estuvimos así. Los temas fueron saliendo solos, no fueron buscados. Las inquietudes de cada uno nos fueron llevando. Los años noventa aparecieron pronto en nuestras improvisaciones. Esta política que ahora se intenta volver a aplicar, con o sin éxito, depende de cómo cada uno lo mire. Y después todo se unió con una idea previa que yo tenía escrita, que trataba de un empresario que iba a comprar un parripollo. De un fin de semana a otro traje el esqueleto de la obra y así se terminó uniendo todo.

Ese tiempo de improvisaciones sin texto, ¿después sirvió para la obra?

Guido: Yo creo que sí. Cuando improvisábamos salieron unos personajes que eran unos empleados de Edenor, empleados públicos. Bueno, creo que ellos son el transfondo de nuestra familia protagonista. Una familia disfuncional que de pronto tiene dinero y no tiene una estructura para saber qué hacer con él.

Pollo cuenta la historia de una familia que en los años noventa es dueña de un parripollo rutero en bancarrota, adquisición lograda con una de esas indemnizaciones tan normales por esos años. La misteriosa llegada de dos empresarios será el desencadenante de una tragedia con color a ciencia ficción.

¿Y para vos como fue el tránsito del mundo de las letras al del teatro?

Guido: Yo nunca fui el típico intelectual de Letras. Siempre traté de correrme de ese lugar de chupa tinta. Al contrario, a mi me gusta estar en contacto con la gente, trabajar a la par. A mí me gusta más abrir el juego que imponer mi idea. Creo que la estética que me gusta, por lo menos ahora, es llegar todos juntos a un lugar. Con una idea, claro. La idea de Pollo sí que la bajé yo, pero no es que yo vengo y bajo todo el resultado. Aunque yo haya escrito un montón de chistes, un día vino Cristian y me dijo “Sabés que para mi personaje se me ocurrió que hablara con la pera para adelante.” Y si es una idea superadora a la que yo tenía, ¿cómo no la voy a agarrar? Los que empiezan en el papel y después llegan, les cuesta que les modifiquen las cosas.

Cristian: Él tiene ideas muy claras, muy claras de lo que quiere. Y sabe cómo lo que quiere contar. Después se nutre de lo que le brindan. Tira algo y después pesca. Toma y seguimos. Pero no te limita, se adapta a lo que ve.

Él es Cristian Cimminelli. Cristian es reconocido por haber realizado varias publicidades con una gran repercusión mediática. Pero detrás de esa fama que no le interesa demasiado, hay un verdadero actor, formado no solo con grandes maestros de teatro sino también egresado de la carrera de periodismo, otra de las actividades en las que pone cuerpo y alma. Actualmente Cristian logró combinar su pasión por la política y la actuación desde su cuenta de Instagram. Desde allí, todos los días, divierte a miles de seguidores que esperan sus acidas ocurrencias contra las políticas del gobierno actual.

¿Y a vos que te interesó de la propuesta?

Cristian: Yo tengo la sensación que lo que no te hace ruido de entrada es porque después funciona. Y desde la primera reunión sentí que funcionábamos. Un grupo sin egoísmo, muy horizontal. Aunque con las jerarquías que necesita el teatro para funcionar, hay un director y en cierta medida la última palabra la tiene él. Me enganchó esa horizontalidad, la ideología que había detrás y las ganas de contar una historia de en la que hacer catarsis de las cosas que ya en ese entonces, fines del 2015, veíamos que iban a ir mal. Eso me enganchó. Poder trabajar todo eso con un grupo de personas. Porque yo creo que todas las cosas malas que suceden, son peores si uno está solo.

¿Hacen la obra con la esperanza de modificar algo?

Guido: No, no podemos modificar nada. Podemos compartir ese momento con mucha gente que necesita estar cerca. Para mí el teatro es colectivo, todo arte es colectivo. Lo hacemos con la necesidad de estar juntos, los de arriba del escenario, los de abajo, y estamos compartiendo una cierta comunión de ideas, y eso se transforma en algo irrepetible. Es como un concierto político. Sin bajar línea… Está bien, Cristian se transforma en algo parecido a Macri, pero se transformó desde un comienzo, antes de que Macri sea esto que es ahora. Macri se convirtió en nuestra parodia.

Y si uno ve la obra sin la misma ideología, ¿se la disfruta igual?

Cristian: Mmmm… No creo.

¿Es una obra que está hecha para los que piensan como ustedes?

Cristian: La obra tiene una clara crítica. Alguien que no haya hecho un mismo recorrido de pensamiento que nosotros no sé si en ese momento puede disfrutarlo. Está criticando su forma de pensar, de votar, de haber actuado. Pero tal vez esa persona que no comparte ideología, quizás después de ver Pollo algo puede hacerle ruido en su intelecto y quedarse pensando. Y quizás sea algo ínfimo que no modifica nada o quizás una pequeña cosa que después puede ser la llave para modificar un montón del pensamiento. Está otra vez pasando lo mismo. Este déjá vu en el que volvemos a caer. Tenemos que ver la conexión de que esto nos está pasando otra vez. Hay que tratar de revertirlo. Y nosotros lo proponemos, pero de una forma sensible, desde el teatro, no desde una pantalla de televisión que nos vuelve indiferentes. La cosa es verlo ahí, en una escena, en vivo, con personas.

Guido: De hecho tuvimos público con el que no coincidíamos, pero en nada. El público que piensa como la obra la tiene fácil, se va a divertir. Pero hay un segmento que se ha puesto en un lugar más cómodo y no crítica que hicieron ellos en los noventa. Que abarca mucha gente que quiero, incluso familia y amigos. Que en los noventa se comportaron de una manera y que sigue siendo el gen de lo que somos ahora. Creo que ese es el público al que habría que atacar. Y es el que quizás se cree que forma parte de esta fiesta colectiva. Si podemos modificar algo, a mi me interesa individualmente eso, a ver quién puede hacer ese click.

Entonces tenés esperanza de lograr un cambio.

Sí, pero algo chiquito. Pero no para bajar línea. Sino para lograr que el público que no reconoce su parte de responsabilidad, por lo menos lo haga.

 ¿Ustedes se adscriben a la tradición del teatro político argentino?

Guido: Si, para mí es teatro político. A nosotros nos divierte que sea una obra política, eso seguro. Hay gente del teatro que le escapa a la obra política como le escapa a la comedia, por ejemplo. O van a lo político pero filtrado primero por Shakespeare o alguien así. Hay un resentimiento hacia el teatro político.

¿Pero es una obra partidaria? 

Cristian: Es partidaria en contra.

¿Todos ustedes tienen la misma idea política?

Cristian: No alrededor de un partido político. Tenemos afinidades, pero no una misma idea política. Hay gente “Cristinista”, otros super de izquierda, yo tengo afinidad con el peronismo pero tengo muchas críticas…

Pero el teatro que hacen ustedes necesita para contarse una claridad absoluta de pensamiento, una unificación frente a lo que están en contra…

Cristian: Claro. Estamos todos de acuerdo en que esto no. Después vemos de qué forma, pero así de esta manera no puede suceder. Ya vimos que termina en una catástrofe con muertos en Plaza de Mayo y colas de desocupados. Yo entiendo que vivimos en un estado creado por la clase burguesa. Que a mí me gustaría que las cosas sean de otro modo, no importa, en este estado de cosas no lo vamos a cambiar, pero aún este mismo estado hay cosas todavía muchas peores. Yo puedo estar equivocado, pero tengo también un cierto parámetro de cosas que creo están bien. En lo que me baso es en lo que yo creo que la realidad, tal como está ahora, conlleva a exclusión y muerte, y no quiero que eso suceda. Hay gente que te dice “Yo pienso como quiero”. Está bien, pero tu pensamiento está llevando a que en la realidad mucha gente que no sos vos muera de hambre. Entonces, esa forma de pensamiento, yo, que puedo estar equivocado y no me doy cuenta, la voy a ver como que está mal. Y voy a tratar de combatirla. Voy a tratar que vos lo veas como yo lo estoy viendo. A lo mejor no nos ponemos nunca de acuerdo, porque vos tenés un interés o porque pensás de una manera totalmente diferente por tu recorrido de vida en el que no nos vamos a entender. Entonces yo ahí no voy a respetar tu forma de pensar, simplemente no te voy a respetar y te voy a ver nada más como un enemigo que como alguien a quién yo le quiero contar algo. Porque pienso que detrás de ese escudo de “Cada uno tiene derecho a pensar como quiera”, cuando se piensa que esto está bien por más que lleve muerte y destrucción de muchas personas, entonces no le doy mi respeto a ese pensamiento, lo voy a tratar de combatir.

 ¿Y eso no es bajar línea?

Cristian: Si. Yo siento que bajo línea. Como ser humano.

¿Y vos?

Guido: Yo también. Pero no creo que con Pollo bajemos línea. Ahora la crítica que estamos haciendo es una obviedad. Dejó de ser una comedia crítica a mostrar lo que hace este chabón. Es casi realista. Y cuando en Pollo se baja línea, en algunos momentos, tampoco estamos diciendo, “La que hay que hacer es esta”.

Bien, ¿pero hay en la obra un personaje que siendo de una ideología distinta a la de ustedes, sea al mismo tiempo noble?

Piensan un par de segundos. Están realmente muy enganchados con el conversación. Creen en lo que dicen, son apasionados.

Guido: Tu personaje es noble.

Cristian: ¿En qué sentido? Noble consigo mismo.

Guido: Noble con los de su clase, para él los demás son matapiojos.

Entonces no hay un personaje que sin tener la ideología de ustedes pueda tener un gesto de generosidad por fuera de su propio círculo.

Cristian: No, no hay. En la obra no hay.

Guido: No sé. Tu personaje puede ser. Pero no creo que haya gente así. Las personas de derecha que yo experimenté lamentablemente la mayoría eran como las mostramos. Hablo de la derecha que va al country Cuba, de esa derecha hablo. Yo tengo un amigo muy cercano que se considera liberal y cree en la teoría del derrame. Pero no es esta derecha que nosotros exponemos.

¿Y por qué no contar eso también?

Pasa que en la comedia nos sirve más ese golpe. Tampoco hay izquierda. Hay clase media que quiere bailar como Macri. Nosotros mostramos a la clase media y a la derecha. No es una obra que oponga grupos, dos partidos.

No, pero la obra tiene los estereotipos de lo que piensa la izquierda que son las personas de derecha.

Guido: Eeeeee… Si, puede ser en algún momento. Yo creo que en este tipo de teatro funcionan los estereotipos. Pero te aseguro que son personajes reales. Yo conocí gente así.

Cristian: Además en una obra no podés poner todos los espectros de pensamiento de una cierta clase, creo yo.

¿No podes?

Cristian: ¿Podés?

No sé, pregunto.

Cristian: Depende de lo que quieras contar.

Guido: Es el estereotipo que eligieron el 55 por ciento de los argentinos. Ojo, quizás los que vean la obra lo notan y nosotros ahora no. Nos pueden decir: “Che, los de la derecha están medio zarpados”. Puede pasar. No las vemos todas. Yo pude haber hecho un ecosistema que no contempló del todo a todas las maneras de pensamiento y el público que se molestó vio a la derecha más exacerbada y a los otros más salvados.

Quizás podamos suponer que el teatro político necesita escandalizar. Y en ese escándalo no puede ser correcto con todo el mundo.

Cristian: A eso voy yo cuando digo que por ahí si viene alguien que no piensa como nosotros pero está dispuesto a poner en crítica sus propios conceptos puede ver algo que le llame la atención y quizás reconocerse en algunas de las cosas que hicimos. Después alguien de derecha que esté convencido, no creo que la disfrute. Estas criticando a su referente. Y creo que está bien que sea así.

¿Y su propio discurso ustedes lo critican?

Cristian: Yo creo que en este momento es muy claro lo que está pasando. Durante mucho tiempo estuve equivocado con ciertas cosas. Por ejemplo yo festejé el voto no positivo de Cobos. Pero tenía menos herramientas y estaba más arrastrado por las circunstancias. No me preguntaba quién me dice qué cosa, desde donde. Lo tenía naturalizado. Ahora creo que me podría pasar lo mismo, pero con los años me fui desarmando y adquiriendo nuevas herramientas.

La responsabilidad es otra también porque vos ahora estás emitiendo discurso.

Cristian: Estoy contando algo en lo que creo. Sin ningún tipo de neutralidad, al contrario de los medios de comunicación, de los noventa y de ahora. Yo me puse estudiar para defender mi discurso desde lo que yo creo. Siempre sabiendo en mi fuero interno creo que hay que conseguir una realidad mejor de la que tenemos. Y quizás un día también llegue un discurso que me haga poner en crisis cosas que yo ahora pienso.

Uno se tiene que poner en crisis, pero ¿puede permitirse el teatro político grietas en su discurso?

Cristian: No, claro, tal cual.

Guido: Eso tiene que ser sólido. En lo eficaz no podés mostrar ni dudas ni contradicciones. Ahora, en lo personal, si. Es tomar distancia del mismo pensamiento en el que me críe y del que formo parte, no desconocer la propia realidad social. Tratar de romper la burbuja. Yo me críe católico, y creo que pude romper con toda esa estructura.

Cristian: Desarmar la estructura de donde naciste es muy difícil. Hay que recuperar la capacidad de queja, de crítica. Porque ahí está la democracia. Solamente esperar cada cuatro años poder elegir entre dos personas que tienen millones de pesos para financiar sus campañas, no me parece muy democrático. Lo democrático es la voz propia y poder decir las cosas que no nos gustan.

¿Vos harías teatro sobre un tema no político y que sea mero entretenimiento, o que su busca vaya por otro lado?

Cristian: Si lo haría, pero como un medio. Posiblemente no sea lo que más me gusta hacer. Yo filmo publicidades, no me parece lo más revolucionario del mundo. Y antes no lo hacía porque creía que iba contra mis principios. Hasta que me di cuenta que vivía ocho horas dentro de un café y no tenía ni un peso. Ni podía pensar políticamente porque no tenía tiempo. No hubiera podido ensayar Pollo. Yo busco contar una historia que me desafíe en algún aspecto. En Pollo me desafía desde la resolución de actuación, poder hacer dos personajes bastante disimiles entre sí. En otra obra me puede interesar una historia más simple, no simple… con una emoción más primaria. Y si no coincide con mi ideología tendría que haber un motivo que me lleve a hacerla. Si no coincide con mi ideología tendría que ver qué es lo que dice. Si dice que el mundo que vivimos ahora es el mejor posible, no la haría.

¿Y si dice que la izquierda está equivocada?

Cristian: La izquierda muchas veces está equivocada.

Pero no hay muchas obras que lo muestren.

Cristian: No, no las hay.

¿Qué les gusta del teatro chicos?

Guido: Lo voy a decir al revés. No me gusta poner a gente a representar mi voz. Me gusta el trabajo con las personas, generarlo entre todos. Y como espectador me interesa ver teatro donde hay un ser humano detrás del personaje. Cuando no veo un humano, me aburre. Puede estar bien hecho, puedo hasta envidiar ciertos formalismos de la puesta, de luz por ejemplo, de la organización de todos los elementos. Pero sin fibra humana, el teatro, cualquier actividad artística en realidad, no me interesa.

Cristian: A mí del teatro me interesa la posibilidad de ser parte de un rito en el que se cuenta algo a través de todos los sentidos de lo que podemos contar. Ser parte de ese rito milenario. Esa comunión entre los espectadores y los que están arriba del escenario, que es por única vez,  genera una sensación que no se genera en otro lado. Contar lo que uno piensa, siente o cree, de ese modo, es lo que más me gusta. Me gusta que me cuenten cosas y vivenciarlas, qué suceda ahí. Y en este caso la posibilidad de decir políticamente lo que quiero. Me gusta pensar que con las respuestas que yo tengo, con lo que creo que son respuestas, puedo generar preguntas, en mí y en quién lo que está viendo. Yo pienso así. ¿Vos como pensás? ¿Te das cuenta lo qué quiero decir? ¿Podés ver mi hipótesis? ¿Qué te hace ruido? Y si se genera una pregunta que ponga en crisis a un espectador, aunque sea a uno, para mí ya hay un objetivo cumplido.

¿Lo lograste alguna vez?

Cristian: No sé. No se lo pregunté nunca a nadie.

Llega la hora de la despedida. Están cansados y todavía los espera una larga jornada. Tienen problemas laborales, personales, y pese a todo, pese al país, creen en el teatro y en él depositan sus sueños y dolores. Lo hacen con la esperanza de un cambio, pero de uno verdadero. Argentina es un país doloroso, un país que suele devorar ilusiones. Pero ellos tienen juventud y talento, lo necesario para hacer teatro. Quizás triunfen, quizás no logren nada, o quizás solo logren que un día el país a ellos también los devore. Pero hacen lo que piensan y dicen lo que sienten. Y eso, pese a todo, y en medio de tantas mentiras, es algo que se debe respetar. Se fueron sonrientes y cansados. Los espera el teatro. También los espera la Argentina.

 

© Diego Ávalos, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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