14.07.18
Entrevistas _ Teatro

Entrevista: Lionel Arostegui, por Diego Ávalos

Entrevista a Lionel Arostegui, creador y protagonista del musical familiar “La sonada aventura de Ben Malasangüe”.  

Tuvimos este encuentro con Lionel luego de un ensayo de su nueva obra y poco antes de que ingresara a otro teatro para realizar función. Se nota en él una gran disposición al trabajo, a la creatividad, a la suma de proyectos, ideas y escenarios. Nos reconoce que está cansado, “No doy más”, dice.  Pero a la vez se lo adivina entusiasmado con tanta actividad. Hace poco lo disfrutamos en dos obras muy recomendables: “A la deriva” y “Pulmones”, trabajos donde compone exquisitos personajes. Nuestro encuentro debía tratar sobre la nueva obra musical que dirige y protagoniza, “La sonada aventura de Ben Malasangüe”, basada en la famosa novela de la autora argentina Ema Wolf. Pero también fue el acercamiento a sus interesantes reflexiones sobre el género infantil, sobre la aventura que es hacer teatro, sobre los dolores e ilusiones que sabe despertar. Arriba las anclas, zarpamos.    

¿Por qué llevar al teatro esta novela en particular?

Tiene que ver con algo afectivo. La leí en la primaria, y guardaba un gran recuerdo de esa lectura, de esa aula, de esa maestra que la leía. Tengo recuerdos muy grandes de identificación con los personajes, sobre todo con Ben, el pirata protagonista.

¿Cómo fue el contacto con Ema Wolf?

Gracias a una amiga que trabajaba en una editorial y tenía el contacto directo. Le escribí un mail y me lo contestó. Me acuerdo que nos encontramos en la confitería del Teatro Colón. Digo esto porque ahí me di cuenta que me encantaría hacer la obra en la Plaza Vaticano, esa que está pegada al Colón. Si alguien hay que lea esta entrevista y tiene la posibilidad de programar en ese espacio, que se acuerde del pirata Ben Malasangüe. En esa reunión Ema estaba muy agradecida, creía que de sus novelas esta era la que mejor se adaptaba a un formato teatral. Y nunca se lo habían propuesto.

¿Te puso reparos?

No, reparos no, pero si revisó mucho las versiones. La propuesta nunca fue que ella hiciera la dramaturgia. Siempre fue muy educada y respetuosa conmigo, pero estaba atenta a cuidar su trabajo. Lo que a ella le preocupaba eran cuestiones de la lógica de las situaciones. Por ejemplo, en nuestra versión la historia es llevada por el gato del capitán, el Minino. No tenemos un narrador omnisciente, como en la novela. Y eso fue un tema de varias reuniones, de explicarle a Ema porque para mí era tan importante no hacerlo de la misma manera. Lo mismo que explicarle la diferencia entre los tiempos literarios y teatrales, o como necesito yo recurrir más a las elipsis para avanzar en la trama. Con toda humildad creo que logré una buena adaptación, y sin perder toda esa ironía que la voz omnisciente tiene y que a ella tanto le interesaba mantener. Pensá que además ella en este texto se juega sus propias lecturas, sus propios homenajes a su infancia. Ella insistió mucho con que esa isla tenía que estar en la Malasia. Y eso tiene que ver con el mundo de “Sandokán – El Tigre de la Malasia”, y las novelas de Emilio Salgari. Así que como yo me acerqué a su obra porque tenía que ver con mi infancia, obviamente que yo respeté todo ese mundo simbólico que para ella representa su propia infancia.

La sonada aventura de Ben Malasangüe es una novela publicada originalmente en 1987, convertida con los años en un verdadero clásico infantil. Cuenta las aventuras de Beniamino Malasangüe –también conocido como capitán Ben- un intento de pirata muy fuera de época que recorre los mares en busca de botines. La llegada a una isla dominada por los ingleses despertará una disparatada confusión que traerá cómicas aventuras y varias historias de amor.   

¿Cuándo empezó a gestarse la idea?

En la Bienal de Arte Joven del 2017, dentro de la clínica de teatro musical. Nos sentíamos un poco sapos de otro pozo, éramos el único material para chicos. Yo desde hacía tiempo tenía muchas ganas de trabajar con Joaquín Salamero, nuestro director musical. Ben fue la excusa perfecta.

¿Y cuáles fueron tus primeros planteamientos de concepto?

Desde el inicio tuve un norte, no estético, pero si operativo. Agarré la “Cantanta del adelantado Don Rodrigo Diaz de Carreras” de Les Luthiers y me basé en ese formato, en esa estructura, para organizar la obra. Toda la adaptación de la novela fue siguiendo ese norte, ese tono, esa dinámica. Y creo que lo logramos bastante bien.

Un procedimiento de concierto.

Sí, claro. Y además el hecho de recorrer con música folklórica de distintos lugares toda una aventura. Para nosotros era muy importe que las canciones no estuvieran aisladas, sino que fueran parte de la trama principal, algo necesario. La mayoría de nuestro espectáculo es música. Si la obra dura 55 minutos, 45 son de música.

¿Esta elección de concierto tuvo que ver con un tema productivo?

Sí al comienzo, pero después me fui dando cuenta que no por eso resultó más sencillo o  más barato. Al contrario. Lo que se agilizó por un lado se complicó por el otro. Somos muchos, nueve en escena. Y esa cantidad era necesaria para lograr lo que buscamos musicalmente, que es la variedad sonora y de estilos. Una calidad que va muy de la mano con la cantidad de interpretes. En la obra tocamos acordeón, trompeta, saxo, flauta traversa, tenemos realmente mucho. Entonces, esto nos hizo apostar por la banda, es la banda la que lleva la obra, es realmente un recital actuado para toda la familia. Y obviamente que montar un recital no es nada fácil ni económico. En nuestra obra hay una clara apuesta al vestuario y al dispositivo escénico. Fue un gran trabajo de depuración del concepto. En un momento dejamos la idea de trabajar con trastos y nos concentramos en la materialidad de los instrumentos, en los espacios donde van ocurriendo las situaciones. Y después de mucho trabajo creo que se tomaron las decisiones correctas para que toda vaya de la mano y se forme un mismo universo. Sería un error si el día de mañana aparece un gran presupuesto llenar la obra de recursos espectaculares y caprichosos. Los que tenemos son los necesarios, estamos muy confiados. Algo más vendría a alimentar todo esto, no sería para inventar cosas nuevas y accesorias.

¿En la obra ustedes son actores-músicos que cuentan una historia de piratas o directamente interpretan a los piratas?

No, somos los piratas. Incluso algunos de los chicos hacen dobles personajes. Nosotros somos un grupo mixto de actores y músicos. Para algunos esta es su primera experiencia teatral. Y eso le da un carácter muy popular, que en la obra nos jugó a favor. Las canciones se las escucha frescas, vivas. Para nosotros como interpretes es una obra que tiene mucho de juego, de probar, de correr riesgos y salirte de ese lugar en que de pronto estás más seguro, teniendo muy claro que estás sostenido por una red dramática y musical que te da libertad para que puedas divertirte y divertir a los demás.

¿Y cómo diferenciar de un músico nervioso que por sus nervios causa gracia de  alguien que está actuando y por su actuación resulta gracioso?

Es muy diferente y se nota. Y no tratamos de ocultarlo, al contrario, se trabaja sobre eso. La cuestión es darle al músico que tiene que actuar herramientas para que sobre eso mismo vaya tomando decisiones. Que conozca sus características propias, y que sobre eso pueda distinguir. Así como yo tuve que aprender a distinguir entre la importancia que tiene que algo suene arriba o algo abajo, con más o menos intensidad. La obra es muy ambiciosa. Nos metemos con género musicales muy característicos que tienen cada uno su propio “yeite”, y nosotros no somos centroamericanos, no tenemos el mambo metido en la sangre, y sin embargo tenemos mucho estudio metido ahí, mucho trabajo. Es una obra de un trabajo inmenso, tanto en lo musical como en lo actoral, y por eso mismo nos gusta tanto hacerla.

Si hay un músico que está un poco nervioso con su papel un poco ayuda que tampoco se trata de los mejores piratas del mundo.

¡Claro! No somos ni los mejores ni los más malos. Entonces compartimos desde la ingenuidad de estos pobres piratas, esa cosa media inocente de los personajes que a nosotros se nos hace muy disfrutable y tierna. Eso me pareció siempre muy rescatable de la novela, no se trata de “estos son los buenos y estos son los malos”, algo que tanto aparece cuando tenemos que opinar de las personas o de nosotros mismos. La novela te permite juzgar a las situaciones y a los personajes de varias maneras, y eso es muy rico, muy agradecido. Todo este proyecto desde el principió se pensó con necesidad y la claridad de que si vos tenés que vivir otras áreas de expresión no lo vivas como una carga, sino como una oportunidad, desde donde sea: actuando o cantando o tocando un instrumento. Por eso destaco tanto todo el trabajo del equipo, de cada uno de los chicos, y ahora también de Flor Yadid, quién vino a poner la coreografía final, que es como ponerle el último moño.

La novela tiene mucho de cinematográfica. De muchas escenas, de cortes rápidos, de grandes escenas de batallas, de movimientos de masas, de escapes. Me preguntaba mientras la leía, ¿cómo trasladar tanta aventura a la escena?

Con la optimización de los recursos. Por ejemplo, usamos mucho la misma materialidad de los instrumentos para generar espacios y situaciones. El espacio que hay debajo del teclado se convierte en el balcón de la finca. Es el uso de espacios virtuales, de la parte por el todo. Tenemos islas de trabajo donde a partir de elementos musicales, escénicos  y lumínicos vamos generando cada momento. Obviamente que es un desafío para el chico, porque se le pide imaginar mucho, pero tiene que ver justamente con no subestimarlo. Para nosotros la idea es invitarlos a jugar, como cuando poníamos una sábana y armábamos un fuerte. También es pensar que si vos ves a alguien vestido de marinero tocando un acordeón, ya hay mucho para mirar ahí. Apostar a la particularidad de ese hombre, de ese rostro, mientras suena su música, con un instrumento hermoso que se abre y tiene teclas blancas y negras, y que por su movimiento puede ser un mar. Entonces apostar al detalle, a lo específico, y a todo lo que eso puede despertar en la imaginación.

Vos elegiste una novela que tiene posturas. Tiene posturas críticas sobre lo inglés, sobre lo americano, sobre lo argentino en particular. ¿Cómo se enfrenta la obra a todo eso?  

Bueno, es el picante. Y nosotros nos sumamos a ese picante.

¿Pero qué entendés por lo picante? ¿De qué habla la obra?

Para mí es un homenaje a nuestros ancestros, a esos inmigrantes que llegaron acá pasando de problema en problema, a los ponchazos, sin saber ni dónde estaban. Y habla de los piratas, pero preguntándose qué son los piratas. Porque nuestro piratas son solitarios, divertidos, inocentes. Lo único que buscan son aventuras. Y después están los ingleses, muy correctos, muy comerciantes, y que en realidad son los verdaderos piratas. Y en eso mismo está lo picante, en esa postura de la obra sobre lo que es ser pirata. Porque en realidad mi personaje, Ben, lo que tiene sobre ser pirata es más que nada una fantasía, un juego. Él cree que es amenazante, pero en realidad es un inocente. La cuestión es la corona inglesa, ahí está la violencia, la usurpación real. Entonces estas posturas para mi valen, a mi me interesan. Yo personalmente coincido con esa mirada, así que la aprovecho.

Lionel es egresado de la Licenciatura en Actuación en la UNA. Se formó con maestros de la talla de Helena Tritek y Guillermo Cacace. En teatro algunos de sus trabajos fueron: “La Mar Chiquita”; del grupo Pim Pum Pam Teatre; “Saverio, el cruel” con dirección Marcelo Caballero. “Pasos de amor” en el rol de Gandhi en el teatro El Nacional con dirección de Daniel Suárez Marzal y Gabriel Rosas. “El diario de Anna Frank” en el personaje de Peter Van Daan dirigido por Helena Tritek. Fue ganador del Premio Hugo 2010/2011 como Mejor Intérprete Masculino en Musical Off por su personaje de Érico en “Cuando callan los patos” (compartido con su compañro de elenco Leandro Bassano) y también ganador del Premio Florencio Sánchez 2016 en el rubro Autor Argentino por la obra “La Mar Chiquita”. Como director hizo “No inventes lo que no quieras que exista”. “Natattori”. “Perro, hurón, bestia, entre otras”. “Iglú”, esta última dentro de Microteatro.  

¿Cómo es tu recorrido con la música?

Música es lo primero que hice en mi vida, componer canciones, trabajar sobre melodías y después ponerle letra. Hasta tuve una banda en la secundaria. Estudié saxo, de muy chico, más de dos años. Y la actuación apareció después. Con el tiempo le fue ganando terreno a la cuestión musical. Pero sin embargo mucho de mis trabajos fueron con contenidos musicales. Así que lo compensé, pero siempre al servicio del actor. Esta propuesta tiene que ver por un deseo de acercarme más a lo musical, con mis ganas de componer, de pensar musicalmente. Para eso fue muy importante Joaquín Salamero, que es un músico que yo admiro mucho y que tiene mucha experiencia. Además de Franco Brisioli, que hizo todos los arreglos, la orquestación, los trabajo de armonía. Sin él hubiera sido todo muy difícil.

¿Y con la dirección?

Y la dirección llegó por la cotidianidad del formato independiente de nuestro teatro. Alguien tiene que hacer esto, ¿quién? ¿Vos? ¿Te animas? Y bueno, vamos. Ojo, yo nunca haría un vestuario, pero sí me animo a asumir la dirección. La siento una tarea más afín a esto de escribir, de imaginar un espacio y un tiempo. Y también es cierto que mucho pude aprender gracias a los directores con los que he trabajado. Tuve la suerte de trabajar desde muy chico con gente que respetaba o que después de más grande te das cuenta de la importancia que tenían. Vas sacando conclusiones, que van cayendo con los años. Como con Helena Tritek, nunca vi una capacidad tan grande de generar ficción con cualquier elemento, no sé, una tarta, con una miga de pan y una servilleta de papel. Mucho vuelo poético. Y eso me hizo confiar mucho en el poder poético de las cosas más triviales. A veces uno dice: no tengo ni esta luz, ni este sonido, ni esta ropa, pero yo creo en la potencia dramática de la acción. Si está bien orientada, el espectador lo completa. Si uno confía en dos o tres líneas, se puede montar casi cualquier espectáculo, siempre que tengas esas premisas claras, ese norte. Lo demás es estar dispuesto.

¿Cómo te llevas con ser el responsable de lo que se ve y al mismo tiempo ser el protagonista de la obra?

En otro formato sería más difícil, pero acá, que somos una banda, al ser tan sólido el núcleo, me es más sencillo. Los cierres y las aperturas son tan evidentes que todos nos damos cuenta cuando hay un ruido, un bache, algo que no fluye o que va lento. Desde mi percepción trato de serle funcionar a la dinámica: rebotar bien cuando tengo que rebotar, absorber bien cuando tengo que hacerlo, servir al chiste para que otro remate. Después ya sobre cuestiones de interpretación mías voy a preguntarle a los demás. Sobre mis voces, mis caras, mis gestos, mis formas de pararme. En este equipo hay mucha confianza, y todos entienden que se trata de compartir ese comentario, y no creer que porque yo soy el director general mi actuación ya está cerrada. Al contrario.

¿Vos necesitas emocionarte para creer que estás actuando bien o sos más de confiar en una máscara exterior?

Si, por lo general sí, lo necesito. Entiendo que a veces el show debe continuar, pero no es lo que más me gusta, aunque es cierto que te entrena. Yo busco una verdad, una organicidad. Hay propuestas que si vas por ese lado quedas fuera de tono, de registro. Y a eso también me tuve que acostumbrar. A veces actuar se trata de volverse resolutivo, y lamentablemente eso lo padezco, pero es mi realidad, la realidad de tantos actores que vivimos de esto, que hacemos muchos trabajos juntos. Hay que hacer, cumplir, aunque las condiciones no sean las mejores. Siempre con la idea de que mañana lo haremos mejor.

Las vacaciones de invierno es la época en que la cartelera porteña se ve invadida de propuestas para los más chicos. Grandes producciones, princesas, muñecos, personajes de la tele. Algunas propuestas son nobles en su creatividad, tengan el tamaño productivo que tengan. Otras son desvergonzadas apuestas a lo fácil y la pronta ganancia. La obra de Lionel, que funciona como un gran concierto pirata, hará distintas fechas ya programadas. El equipo está ansioso pero también confiado. Ya tuvieron una primera presentación en sociedad y los resultados fueron sobresalientes.

Pudieron probar la obra en Mar del Plata, contame de esa experiencia.  

Si, tuvimos la posibilidad de estar en Mar del Plata con la obra, en la Plaza Colón para el Festival de Carnaval. El equipo era casi el mismo, salvo el personaje del Minino que lo hizo especialmente para esa función Leandro Bassano, un grandísimo actor que ya admiro, quiero y respeto mucho. Había cerca de 1000 personas. Y la experiencia fue increíble, mucha participación, muchas risas, de grandes y de chicos, mucha gente cantando y bailando. Había chicos que reconocían el texto por leerlo en la escuela y les llamaba mucho la atención. Eso es algo que les encanta, ver el texto que ellos leyeron, ahora con actores. Comprobamos que la obra funciona mucho, por su música, por su humor. Y me puso muy feliz tener un espectáculo disfrutado por todas las generaciones, que se diviertan juntos los padres y los hijos. La familia. Eso algo que me interesa mucho. Además el hecho de compartir un espacio, estar con el otro. Me preocupa mucho el teatro como un evento social. No como algo academicista, sino el teatro como salida, salir de la casa, encontrarme con otro, convivir en paz y disfrutarlo. Disfrutar con un extraño alrededor y que ese extraño no sea un enemigo. Para mí eso es disfrutar de la vida.

 ¿Cómo es tu experiencia con el teatro para chicos? ¿Qué tiene de particular?

Yo hice mucho teatro para chicos. Y lo primero que pienso es que hay más cosas. Más objetos, muchos objetos. Que varían en tamaños, colores, texturas. Cosas que hagan ruido, que brillen, que tengan luces. Es un teatro que necesita constantemente llamar la atención. Renovar el estimulo. Instalar nuevos focos, variarlos. El gran desafío es como ir profundizando esos estímulos, y que esos estímulos sirvan para ir contando una trama, para dar un mensaje, para dar un sentido de unidad. Y no se trata de una cuestión de producción. Se trata de saber aprovechar los recursos que tengas y potenciarlos. A veces un buen cambio de frente, un buen cambio de nivel, una luz que pegaba del torso para arriba y ahora pega del torso para abajo, o pensar cómo dividir un espacio. Ahora estamos agachados, ahora susurramos. Se trata de entender como optimizar esa clase de recursos, pensar desde ellos. Y además hay cosas insoslayables: las caídas funcionan, las onomatopeyas funcionan. Entonces, no pelearse con esto y usarlo a favor. Algo que aprendí con los años es que hay que tener cuidado con las palabras. Es mejor no usar palabras difíciles y decir lo mismo de manera más directa. O aprovechar el mismo sonido de las palabras, o cómo se van juntando entre ellas. Por eso le prestamos mucha importancia a las palabras cacofónicas, si se las usa bien siempre dan buenos resultados cómicos. También es muy lindo que los sonidos de los instrumentos vayan ilustrando las acciones, se genera muy rápido un sentido teatral que a los chicos los engancha mucho. La verdad es que yo aprendí muchísimo de los espectáculos infantiles que hice como actor. Es una gran escuela. La cosa es tratar bien a los chicos, respetarlos. Yo me propongo seguir esa senda.

¿Y qué teatro no te interesa?

No me gusta el teatro que te bate “la posta”. Que te baja línea, que te explica que es la vida. Me aburre, me predispone mal, me irrita. Siento que me subestima. Y particularmente en el teatro infantil me molesta el facilismo, no confiar en que  los chicos pueden rendir como espectadores mucho más de lo que pensamos. No hay que tener miedo a arriesgar. El muñecote puede funcionar, la cosa es, ¿qué hacemos con el muñecote? No me gusta la pereza, el fin solamente de recaudar con cualquier cosa. Además el teatro infantil te brinda tanto cuando sos creativo. Te reencuentra con vos jugando, con vos estimulado para crear. Te conecta con la diversión más pura.

 ¿Cómo se vienen las funciones?

Vamos a estar en TIMBRE 4 (México 3554) para las vacaciones de invierno, el martes 24 de julio a las 17:00 hs y el sábado 28 de julio a las 15:00 hs. Esto me tiene muy feliz. La sala es hermosa, grande, ideal para nosotros. Además tiene un circuito de público muy lindo, gente teatrera. Por el formato de la obra, por lo costoso que es armar toda la producción, por los instrumentos, los micrófonos, los traslados, no vamos a hacer funciones todos los días de las vacaciones de invierno. Al ser un concierto actuado, ese mismo formato nos posibilita el poder hacer distintas presentaciones, ir programando fechas. Nosotros apostamos a lograr que nos programen desde lugares públicos, ya sea para teatros o para conciertos en exteriores, la obra se adapta muy bien en ambos espacios. Si tuviera que elegir a mi me encantaría un espacio como el San Martín o el Cultural San Martín o el Cervantes.  O en el teatro de la Rivera, que sería muy redondo porque encima la obra termina en La Boca. Es difícil, pero los grupos como nosotros sabemos de entrada que cuesta, más cuando somos todos jóvenes y no hay ningún famoso, pero en eso estamos.

¿Por qué se arriesga uno, por qué meterse en esta clase de aventuras?

Tiene que ver con la vocación. Es nuestra manera de estar en el mundo.

Sí, pero también podrías haber elegido que te contraten y estar quince días trabajando para alguien en un infantil. Y no elegiste eso.

No, me gusta esto, me gusta este lío, con mucha producción, con menos producción, con cooperativa, sin cooperativa. Me gusta llevar adelante deseos propios, jugármela sin culpa y hacerme cargo de lo que siento. Y además es una posibilidad de reunir un grupo de artistas y colegas con los que me motiva trabajar y que ellos puedan explotar mucho de su talento. Me gusta dar esa posibilidad. A mí se me ocurren todas las semanas ideas nuevas. Y soy feliz así, creando, haciendo. Disfruto mucho de todo esto. A veces es difícil. Pero no le echo la culpa al país. Son a veces las personas que tienen que tomar decisiones en los cargos concretos las que más entorpecen todo. Partidas que no salen, presupuestos que son insuficientes, falta de imaginación. Pero no importa, hay que seguir. Y no es cuestión de ser necio, pero tampoco creo que ilusionarse sea malo.

Tenés algo de Ben.

(Se ríe) Siiii. Mucho. Sobre todo lo tonto… (Risas). No. No somos tontos. Somos arriesgados. Nos mandamos aunque el contexto nos sea el mejor. Nos motiva el deseo. Y te juro que siempre tuve premio cada vez que lo hice. Sea por las personas que recuerdo con cariño, o porque pude viajar a un lugar que todavía me acuerdo, o por las experiencias que viví. Siempre tuve la sensación que esto era lo correcto, que era mucho mejor que quedarme quieto y seguro. Como Ben, me gusta la aventura, me gusta ser pirata.

Lionel se va a un teatro cercano. Lo esperan para hacer una versión de teatro leído de “El pan de la locura”. Un día largo el de este actor: mañana ensayo, mediodía entrevista, tarde teatro. Después, seguramente, descansar. Y soñar. Y arreglar problemas y recibir desilusiones, pero siempre soñando. Sabemos que el teatro es aventura. Ojalá esta nave pirata tenga viento a favor. El tesoro será para todos.

 

© Diego Ávalos, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

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