11.12.18
Festivales _ Teatro

Festival internacional de Loja 2018, por Natasha Ivannova

Francia en Ecuador

El Festival Internacional de Artes Vivas de Loja, en Ecuador, goza de una particularidad encantadora. Su historia nace cuando el ex-presidente, Rafael Correa, es invitado al Festival de Avignon y se fascina al ver que las artes escénicas tomaban toda la ciudad: allí había espectáculos en teatros grandes y pequeños, en las calles, parques y puentes, la ciudad era una fiesta y se preguntó por qué no podía suceder eso en Ecuador.

Ya había desaparecido el Festival de Teatro de Quito (el FIEQ), entonces Correa encomendó al Ministerio de cultura un Festival en una ciudad con características y cualidades similares a las de Avignon, para lo que traería al país expertos de Francia. Como se estaba inaugurando el teatro de Loja se decidió que fuera esa la ciudad. (*) En 2016 una comitiva de especialistas de Avignon arribó a Quito para asesorar y preparar al equipo del Ministerio, en ese momento con Francisco Borja como jefe del mismo. La primera directora del Festival fue la actriz Rossana Iturralde.

Este es el origen romántico del Festival de teatro de Loja, en Ecuador. Ya que si hay algo que se plantea el arte es destruir las barreras de lo posible. Allí, a casi 2000 metros de altura, a pocos kilómetros de la Amazonia, llegan las Compañías internacionales, las escenografías que darán color a las obras, críticos, investigadores y programadores de festivales del mundo, a vivir una fiesta en el Avignon de América Latina.

El actual Ministro de Cultura expresó que el festival está “puesto en el último rincón del mundo para decirle al mundo que basta de murallas, que el mundo es diverso y es buenísimo’’. Por otro lado un Festival en Loja permitía descentralizar la escena nacional de Quito.

Situaciones políticas variadas, una recesión típica de todas las ciudades de América latina cada cierto tiempo, sumado el terremoto de abril de 2016, hicieron que se tuviera que recortar el presupuesto a la mitad. Los colectivos de artistas de renombre expresaron su rechazo y no quisieron participar en la primera edición pero aún así se presentaron 147 compañías nacionales de las cuales quedaron 21; y 11 internacionales, con lo que en noviembre de 2016 nació el 1er Festival de Artes Vivas de Loja.

Hoy ya lleva la tercera edición, su presupuesto volvió a ser prácticamente el de los inicios y los colectivos teatrales de relevancia participaron dirigidos por Arístides Vargas en un proyecto ambicioso que busca establecer un elenco estable nacional.

Para los críticos investigadores y la prensa internacional acostumbrada a Festivales internacionales en las grandes capitales, Loja es una aventura fascinante. Inicia cuando somos recibidos especialmente en todos los vuelos con una fiesta de danzas ecuatorianas en el mismísimo aeropuerto que, coludido, frena las cintas de las valijas para obligarnos a olvidarnos de las preocupaciones y comenzar a disfrutar: has llegado a Loja!

Desde allí nos espera una peripecia subiendo las montañas en una buseta -combi o van- que por momentos debe desacelerar la marcha por el cruce de una pareja de vacas que pareciera estar de larga charla o un caballo criollo cabizbajo algo nostálgico. Vamos subiendo montañas y valles rodeados de frondosa vegetación, cruzando pequeños grupos de casas de chapa bañadas en sol.

Al llegar somos alojados en el hotel cinco estrellas de la ciudad y nos ponen a cuidado de un ‘’angelito’’ (persona de la organización destinada a acompañar permanentemente a programadores y críticos). Y así, entre colegas del mundo y ángeles ecuatorianos, comenzamos a vivir el FIAVL.

Luego de desensillar acudimos a ver la primera obra caminando para conocer un poco la ciudad. Las calles son cortadas al tráfico y los niños dibujan sobre la acera. Cruzamos decenas de instalaciones interactivas en las que la gente se puede tomar fotos, vemos hasta los árboles vestidos para la ocasión, los cercos prendidos y las paredes ostentando cuadros o máscaras gigantes como si se tratara del living de nuestra casa. Llegamos a una ciudad que entera se viste de Festival, y sus ciudadanos viven intensamente las artes vivas.

(*) En el marco de la primera edición de este Festival se inauguró una de las obras más destacadas de la cultura ecuatoriana: el Teatro Benjamin Carrion Mora, con 900 butacas; escenario principal y post-escénico; camerinos, sala de ensayos, antesala, área de exposiciones, cafetería-resto, telón antifuego y tecnología de última generación. Por lo que fue catalogado como el escenario cultural más grande y mejor equipado del país.

Introduciéndonos en la cultura de Ecuador: un paneo por las obras nacionales.   

 LÍNEA Y CONTORNO DE UN ABISMO: Una co-producción hispano-ecuatoriana por la Compañía Nacional de Danza, dirigida por la catalana Laura Aris. Basada en el imaginario del escritor lojano Pablo Palacio, sus personajes cobran vida propia martirizando a su autor, pero el despliegue que consigue la puesta en escena supera esta idea de base y genera una narrativa y una poética propias de gran belleza, por la que no pareciera una composición coreográfica sino un complejo montaje teatral lleno potentes imágenes y sofisticados vericuetos de sentido. Enorme dirección de Laura Aris y excelencia interpretativa del elenco.

MINA: Se trata de una compañía conformada por dos mujeres, que en esta ocasión interpretarán sus roles desnudas de la parte superior del torso. Unidas por algo más allá de lo visible, sus cabellos trenzados, sus palabras cruzadas y sus alas como mariposas de un mismo capullo, acercan y alejan su vuelo, entreverando sus cuerpos, reconociéndose y sintiéndose ajenas. Una particularidad de su presentación en Loja fue que se les entregara el premio sin que hubiesen cubierto su desnudez. Ni ellas ni el representante del Ministro mostraron prurito alguno, lo que transmitía una especial libertad, una plenitud sensible que pareció continuar la obra más allá de los límites de la realidad.

MEDEA LLAMA POR COBRAR: Pieza ecuatoriana de renombre que viajó por todo el mundo. Del dramaturgo Peky Andino, adapta el personaje de la tragedia griega de Eurípides a la realidad ecuatoriana, especialmente en los tiempos del éxodo de 2002. Medea es una santa a la que veneran y llevan en procesión, de este modo viaja en barco dejando atrás su hogar en busca de una mejor situación económica -el bellocino de oro-  pero es traicionada por la realidad, usada para transportar drogas y abandonada cuando finalmente llega a New York en absoluta soledad. Un texto brillante: inteligente y de una riqueza cultural exquisita, interpretado con intensidad y sensibilidad por María Beatriz Vergara. En el público hubo tal reacción que la actriz tuvo que acercarse a consolar a una mujer cuya emoción la había desbordado.

VENCIENDO LA CORDURA: Una obra para títeres y marionetas con música en vivo por el grupo Rama de Plata dirigido por la reconocida titiritera Ana Escobar. Con una de las temáticas más encantadoras, la de que es necesario soñar, la obra despliega un trabajo con los tres pilares tradicionales del teatro de objetos: hay una pareja de títeres de madera de manipulación directa; una compleja marioneta de muchos hilos con articulaciones en todas las extremidades y teatro de sombras. Su temática insiste en que es importante no perder la capacidad lúdica que nos permitirá sobrevivir en un mundo álgido.

SANGURIMAS: Sobre la obra del escritor guayaquileño Jose de la Cuadra, escrita en 1934. Una producción especial para el Festival compuesta por los tres colectivos más importantes de artistas del país y sus respectivos directores: Teatro Malayerba (Quito), Muégano Teatro (Guayaquil) y La Trinchera (Manta), con una dirección general a cargo del dramaturgo y director Aristides Vargas. Cada grupo trabajaría en su ciudad y amalgamarían todo en los últimos diez días en Loja. Por esta razón utilizaron las nuevas tecnologías: para ensayar con grabaciones y reuniones vía skipe, y para la puesta en escena, que se valió de grandes lienzos con proyecciones de imágenes que unían los textos y los cuerpos de los actores. El ambicioso proyecto busca generar un elenco estable a nivel nacional.

BITÁCORA PARA VOLAR: Dirigido por Santiago Carcelén Vela, con la actuación de Ramiro Aulestia, se trata de un inocente e hilarante unipersonal que en código de clown narra la historia de Fome David, un joven soñador delgado, casi esmirriado que quiere ser un gran actor. Lleno de disciplina, incontables relojes, ansias infinitas, inacabables ensayos y determinación, luchará con todos los fracasos que se le pongan adelante con tal de lograr el éxito, aún si en el camino pierde el rumbo de la realidad. Porque es un soñador. Y porque si el éxito es estar en la cima, entre las nubes, era un don que Fome David ya tenía.

CELESTE: Una gran apuesta hacia lo que parecería parte de una identidad propia ecuatoriana. La sátira política se desparrama a través de la historia de la colonización española, tomando como eje el poder y la corrupción en América Latina desde sus inicios. Cabezas gigantes de papel maché en unos cuerpos que bailan canciones y cuerpos sin cabezas que le son entregados al público para que sienta poéticamente el peso de todo eso que a todos nos afecta. ¿Quiénes somos? ¿Quiénes eran los de sangre azul? ¿La nuestra mezclada sería celeste? Una historia real de ruleta rusa vivida por uno de los integrantes del elenco dió origen al texto. Grupo de teatro con dirección de Juan Coba.

APUNTES DE ARENA: La reconocida bailarina Anna Jacome, fundadora de Artemisadanza realiza un unipersonal intenso y sentido que mezcla las sensaciones de libertad y deseo intrínsecas a ser mujer junto al miedo y el sueño de ser madre, con el terrible suceso acontecido en Guatemala, por el que 42 niñas de un orfanato murieron quemadas. Su trabajo corporal en relación a los elementos de utilería que manipula generan imágenes potentes, a veces desgarradoras, otras llenas de belleza y por momentos ambas cosas juntas.

LAS SOLEDADES DE SUSANA SAN JUAN: Otra obra de danza sostenida en este caso en uno de los personajes de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Jugando con el uso de las nuevas tecnologías, a través de proyecciones y luces, cuatro bailarinas en escena como interpretando solos se intercalan para decir sus discursos, entrelazando textos, música e imágenes del imaginario de la novela. Los temas son la soledad y la búsqueda de un mundo menos crudo. En la sensación de no pertenecer a nada ni a nadie, la poesía, la palabra, la música y la luz del amanecer nos llevan por algún camino. Y eso basta.

Porque basta cualquier aventura, cualquier riesgo, cualquier intensidad que nos devuelva sensibles, frágiles y humanos: y para eso el arte sabe qué hacer. Y el FIAVL sabe atraerlo a una ciudad diminuta en la montaña, lejos de todo, como si todo fuera posible. Porque la pregunta que lo vió nacer en Avignon cual mayo francés, es la pregunta con mayor sentido en arte: ‘’¿Por qué no”?

©Natasha Ivannova, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.