15.03.18
Festivales _ Teatro

Festivales: FAE LIMA 2018 II, por Natasha Ivannova

L A S   I N T E R N A C I O N A L E S

KASSANDRA (Colombia.)

Kassandra es uno de los aciertos más insospechados en materia de actualización rabiosa de clásicos y de una tragedia griega. Se trata de un personaje muy maltratado por la mitología griega, Casandra. Hija de los reyes de Troya y sacerdotisa de Apolo, quien le ofrece el don de la profecía a cambio de un encuentro carnal. Ya dueña del don Casandra se niega al encuentro y es maldecida con que nadie creerá sus vaticinios aunque sean ciertos. Situación cruel, capaz de provocar una profunda frustración y soledad. Esto es por lo que más se recuerda al personaje. Pero en la guerra de Troya Casandra es violada por Ayax, luego entregada como concubina a Agamenón, cuya esposa Clitemnestra los asesina y también a sus dos hijos.

 

Este personaje es el que toma el dramaturgo uruguayo Sergio Blanco, teniendo en cuenta la totalidad de las circunstancias que envuelven su historia a través de más de una tragedia, en una investigación meticulosa. Actualiza al personaje a nuestros días ubicándolo en alguna Capital americana, como inmigrante, hablando un inglés rudimentario, prostituyéndose y vendiendo productos de contrabando. Más de un especialista podría haber pensado que era mucho. Que el personaje podía desdibujarse y perderse su identidad. Pero la pluma de Blanco, honda y precisa, sorprende por el nivel de conocimiento de las tragedias griegas y por el tratamiento del personaje.

Casandra está sola, nadie la escucha ni entiende. Es por eso que la totalidad del monólogo es en inglés, sin subtitulado, presentándose en Perú. Un inglés muy básico que apela a lo que el común de la gente podría entender sin dificultad. Nos habla a nosotros, su público -ese de siempre, que no la entiende del todo pero la oye perfectamente-. Intenta vendernos algún paquete de cigarrillos y es interrumpida ocasionalmente por la llamada por teléfono de un cliente.

La sagaz idea descolla entramándose con la composición actoral de lo que parece una mujer americana cualquiera, con sus medias de red, su escote pronunciado y su cartera fucsia platinada. Pero no es una mujer americana cualquiera, ni siquiera sabemos si es mujer, a partir de un texto en el que lo pone en duda refiriéndose a su cuerpo. Sin embargo nada se excede ni se aleja del personaje, Casandra trata de desmitificar su propio mito.

Como dispositivo principal escénico se utiliza un entarimado grande negro, vacío, con sólo un farol alto y una piedra mediana – síntesis simbólica de los cimientos de una civilización- en la que a veces se sienta. Sólo la luz blanquecina y lejana del farol permite que la veamos. Un tono frío, aunque la sangre que le corre por las venas no lo es. Y de ahí que no se requiera ningún trabajo de luces.

La poderosa actuación de Ella Becerra, deja boquiabiertos a los espectadores entre los que no vuela una mosca, nadie tiene tos ni parece respirar, inclusive. Sobretodo el público masculino, que admira sus piernas torneadas y su escote, mientras no entiende lo que dice. Un señor mayor grita ‘’por qué no habla en Castellano’’. Ella le pregunta si no la entiende. Y en ese instante la tragedia de Casandra se hace carne de una manera formidable, por parte de La Maldita vanidad.

Casandra es la voz no escuchada que a través de las guerras pide paz, que nos relata la manera en la que desoímos siempre.

 

EX-QUE REVIENTEN LOS ACTORES (Uruguay.)

Se trata de un texto de Gabriel Calderon que dirige Gonzalo marull. Al comenzar la obra parecemos asistir a una historia familiar más, de esas que ocurren la noche de navidad. Incluso una historia más sobre algún gobierno de facto en latinoamérica. Conociendo la importancia de no olvidar atendemos con seriedad y casi solemnidad el desarrollo del evento. Hay un narrador que intenta introducirnos en tema con un tono osco y desesperanzado: ‘’paroles, paroles paroles’’ aludiendo a toda esa densidad humana que las palabras no alcanzan a nombrar. Esa densidad común a la familia y también a la política. Especialmente en sociedades como la argentina y la uruguaya atravesadas por la muerte, el dolor y la búsqueda de justicia.

La sinopsis presenta a Ana, a quien sus padres le ocultaron su historia toda su vida y fallecieron. Habían militado, se habían traicionado, habían cometido errores como cualquier familia progresista en el medio de dos bandos enfrentados a matar o morir. Ana necesita conocer su pasado y para eso la dramaturgia recurre a una vuelta de tuerca inaudita. Su novio, con el fin de demostrarle su amor, le construye una máquina del tiempo para traer a sus padres y que le respondan todas sus preguntas.

La dramaturgia y la dirección juegan con una estructura arriesgada, la del guión cinematográfico a través del ‘flashback’’. El espectador, a través de un narrador que frena las escenas y retrocede en el tiempo, va reconstruyendo la totalidad de la historia, las razones, los miedos, los sueños. Así, cada engranaje humano cobra sentido gracias a esa máquina que en el fondo es el arte. Y de ahí la intertextualidad con lo posdramático.

La escenografía transmite abandono y casi desasosiego mediante un living beige con muebles viejos y demodée. Toda belleza y gracia fue olvidada, todo está derruido, gastado, cansado y amarillento, como un rostro enfermo.

Las formidables actuaciones irrumpen brillando en ese escenario, desde el desconsuelo más profundo, y sin aburrir un segundo, a través de un tono cómico imbatible. Porque las composiciones deben dirimirse entre la naturalidad de los personajes cuando recién llegan de la muerte y cuando ya deben irse porque, por ejemplo, las piernas ya nos les responden. Movimientos espásticos verosímiles, repentinas torcidas de cabeza, especies de pataletas en el suelo, todo completamente orgánico. Los actores literalmente dejan todo hasta reventar.

Será cierto que el tiempo cura las heridas? Podemos ser felices mirando sólo para adelante, sin mirar nunca para atrás? Existimos realmente sin un contexto? Y podemos desentendernos de ese contexto cuando se trata de asesinatos, tortura y muerte? Habrán tenido los mismos dilemas quienes lucharon en esos escenarios? Los escenarios en cada noche de navidad son parecidos. Son parecidas las familias y son parecidas todas las guerras. Todos vivimos hasta reventar.

Pero somos más que actores en una función, en un auditorio de Lima. Ellos están recortados en el tiempo. Van y vienen a través de él. Pero ‘’lo que empezó en nosotros, tampoco va a terminar en nosotros’’.

LA FIERA (Argentina.)

A lo largo de la historia de la humanidad, el arte se ha encargado de recrear el mito de la mujer salvaje, ‘’la loba’’. La mujer pantera fue una famosa película de 1941. Básicamente se trata de un personaje humano con rasgos animales que se despliegan en el instinto, la fuerza, y la concentración para la cacería, ya que por lo general se convierte en un depredador.

Mariano Tenconi Blanco, con gran acierto, le pone a la historia mucho condimento localista y ubica al personaje en alguna región habitada de la selva tucumana. Lo que carga a la obra de una identidad profunda, colorida, con temperatura y llena de sonidos. ‘’Quien baila sobre el cuero del yaguareté se convierte en el animal por las noches’’ – reza un mito de la región. El Yaguareté es un tigre. Y La fiera es una mujer tigre. Generalmente el don en estos personajes surge por linaje o accidente pero en La fiera es por elección. Ella quería venganza sobre el sexo masculino que abusa de las mujeres y las niñas. Allí, en el medio de la noche, acecha a los hombres para ir asesinandolos, ya sea uno a uno o en bandada de amigos.

El gran trabajo dramatúrgico de Tenconi Blanco es lo que sostiene con tanta solidez el resto de los elementos que componen una obra teatral. El texto casi proporciona los sonidos de la selva, más allá del acompañamiento profesional de dos músicos en vivo (Ian Shifres y Sonia Álvarez.) Vemos las imágenes como en una película, a través de lo que no es más que un monólogo en primera persona, compuesto por un relato, un trabajo actoral y dos músicos en escena que lo acompañan.

La puesta en escena casi sin elementos es atinada para la cantidad de espacios que describe la historia. Alguna línea en el suelo alude a una ruta en la oscuridad de la noche. Y un par de bancos sin respaldo serán el único apoyo escenográfico para la totalidad de las acciones que se representen.

La estética del naturalismo, en este caso, brilla a través de esa realidad pelada en la que siempre busca indagar. Esa realidad desnuda, que le corre el velo a todo para dejar ver el lado salvaje de todo, robándole a la belleza todas las miradas gracias al morbo. El vestuario entre desinteresado y chabacano, jugando con el ‘’animal print’’ de una campera con capucha y algún color fucsia, sugiere que La fiera puede ser cualquier mujer, de cualquier condición social y cualquier barrio que se haya cansado de los abusos patriarcales.

La obra requiere un muy importante trabajo actoral. La actriz Mane Perez sostiene un interesante nivel orgánico y de manejo de energía pero que para el personaje podría haber sido mayor. Si bien es cierto que el acento norteño argentino requiere un esfuerzo extra y que se trata de un papel decididamente difícil pero la interpretación de la actriz Iride Mockert era impecable.

Nos peleamos con el sentimiento de aprobación de una carnicería. Aplaudimos de pie, pero nos quedamos con una sensación oscura en la piel, con la que nos parece que no habíamos entrado a la sala.

Eso que hace el buen teatro, transformarnos.

 

NASSIM (Iran.)

Se trata de la última obra de Nassim Soleimanpur, dramaturgo iraní que según varios críticos va camino a convertirse en uno de los teatristas contemporáneos más influyentes del mundo. Autor de la famosa Conejo blanco – conejo rojo, traducida a 25 idiomas y representada por todo el mundo.

Su obra está inmediatamente relacionada con la historia del autor, a quien se le había prohibido salir de su país por haberse negado a cumplir el servicio militar. Entonces creó una especie de dispositivo dramatúrgico que le permitiera dirigir sus obras a distancia. No se conoce el texto y cada actor o actriz convocado/a debe leer su parte en vivo directamente en función, siguiendo instrucciones. Pero actualmente Nassim ya reside en Alemania, ya puede acudir a sus obras y entonces se presenta en ella con su nombre: Nassim. Como diciendo ‘’acá ya estoy yo’’. Director, dramaturgo e intérprete de sí mismo.

Estas razones y modus operandi otorgan a la obra una cantidad importante de presente y realidad pero Nassim se propone que esa realidad esté inscripta y presente también en el contenido, e incluso, en la poesía de ese contenido. Haciendo hablar al teatro del teatro, destrozando la cuarta pared y dejando en franca agonía al concepto de ‘’verosimilitud’’ el autor se presenta en el escenario como lo que es: un dramaturgo que no habla español y que con su realidad intentará comunicarse con nosotros a través del/la intérprete elegido/a para esa noche, al que le intentará enseñar un poco de su lengua.

El/la intérprete sigue indicaciones que Nassim tiene escritas en español en papeles que va pasando con sus manos en una mesa, y que proyecta en una pantalla a través de un dispositivo sencillo con su celular. Se trata de un contenido muy simple: cómo aprender a decir su nombre o cómo decir ‘’mamá’’. Y poco a poco, gracias a un gran talento poético que se reconcentra en una profunda síntesis, Nassim logra tocar fibras sensibles en los espectadores, al utilizar una temática -una palabra- universal y emotiva para todos los seres del mundo: ‘’mamá‘’(‘’mumum’’)

Desde ese no teatro pero siempre con poesía, Nassim ataca el nervio de cada ser humano, focalizándo en los sentimientos básicos universales, a través de los cuales consigue tocar temáticas complejas como el desasosiego, la soledad, las raíces…

…Y esto de sentirse algún experimento de la existencia.

 

©Natasha Ivannova, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.