02.09.16
Dossier _ Teatro

La reciente señorita Julia, una representación exacerbada

En esta oportunidad se presenta desde el 2 de abril en Buenos Aires una versión peculiar de  La Señorita Julia de August Strindberg. La misma es una adaptación de Alberto Ure y José Tcherkaski dirigida por nada más y nada menos que Cristina Banegas. Antes de comenzar con el análisis de dicha puesta en escena, es pertinente detenerse en algunos aspectos de dicho dramaturgo, ya que su obra y su biografía están enormemente enlazadas.

Strindberg, un compendio entre su obra y su experiencia de vida

Su padre era un comerciante de clase media, que tenía un buen pasar, y su madre era la ama de llaves -y su amante- antes de casarse. Su padre era un burgués pragmático y riguroso, su madre estaba infundida en una profunda religiosidad. En consecuencia, puede observarse que hay un contraste de creencias y clases sociales entre los padres de Strindberg. La diferencia entre clases sociales es un tema recurrente en los escritos de Strindberg, por lo tanto, se considera que la empiria del dramaturgo es fundamental para la comprensión de sus obras.

Todo ello está presente en el argumento de La Señorita Julia, al igual que en toda su obra donde son recurrentes el tema conyugal, la diferencia de clase y la lucha de sexos. En el prólogo de 1888 de dicho texto dramático -que es una pieza fundamental dentro del Drama Moderno- su autor menciona que la historia está basada en un hecho real que le han comentado y es descripta por el mismo como una “tragedia naturalista” en donde hay una recapitulación de generaciones actuales y pasadas.  

La supervivencia del más apto en cuanto a clase social y al género

La  influencia de la teoría de Darwin en parte hace a sus obras científicas y metafísicas. El autor muestra una tendencia a concebir sus personajes en términos de la supervivencia del más apto, la selección natural, la herencia y el medio ambiente. Incluye así en su obra, la variación en el estilo doméstico, la lucha por la existencia, la supervivencia del más apto y la selección natural. Por último, Strindberg elaboró una concepción diferente en la composición de los personajes, se puede percibir en ellos (al igual que en las personas en la realidad) multiplicidad, fragmentación y complejidad.

El texto original de Strindberg está cargado de los valores del patriarcado, ya que posee un castigo social y simbólico para la joven Julia, quien carga con el destino de predestinación -como en toda tragedia- debido a las transgresiones sociales de su madre. Es fundamental remitirse a los datos que aporta el texto dramático en cuanto a la infancia de Julia, quien era vestida como varón por su madre y cuyos padres invertían los roles de género impuestos socialmente.  En síntesis, Julia es “mitad hombre, mitad mujer”. En palabras de su creador: “He motivado el trágico destino de la señorita Julia con un buen número de circunstancias: el carácter de la madre, la equivocada educación que le da su padre, su propia forma de ser, y la influencia del novio en un cerebro débil y degenerado. El ambiente de fiesta de la noche de San Juan, la ausencia del padre, su indisposición mensual, sus ocupaciones con los animales, la excitación del baile, el crepúsculo vespertino, la fuerte influencia afrodisíaca de las flores y la casualidad que lleva a la pareja a una habitación solitaria, amen del entretenimiento del hombre excitado”[1]. Incluso el texto posee una mirada patriarcal al atribuir el “extraño” comportamiento inicial de Julia como locura producto de que la ha dejado su novio o debido a la menstruación. En consecuencia, La Señorita Julia reflexiona sobre las relaciones de poder, las políticas sobre la sexualidad, los vínculos sociales, como así también sobre las condiciones y las posiciones de clase. Dicha lucha de clases y de sexos está muy bien trasladada en esta representación de La Señorita Julia.

Análisis de la Puesta en Escena de La Señorita Julia

En La Señorita Julia (2016) se produce una relación tríadica entre la joven Julia, hija del patrón (de clase alta) y sus sirvientes Juan y Cristina. La tesis de la obra reside en los binarismos arcaicos: hombre/mujer, amo/esclavo. Al avanzar el relato, la atracción entre Julia y Juan será tan grande que ella pasará de ser ama (por su condición de clase), a ser esclava (por su categoría de mujer). A su vez, Cristina desde el comienzo si bien socialmente pertenece a la misma clase obedece las órdenes de Juan, con quien también mantiene un vínculo sentimental sin rótulos pero existente, y también sirve a Julia porque es su “patrona”. Cristina (Susana Brussa) representa a las instituciones como la iglesia y el respeto por las castas sociales, como si estas fuesen de origen divino como en la edad media. En dicha representación todos los aspectos anteriores están llevados al extremo. Existe una exacerbación de la estructura binaria, de la lucha de clases y por sobre todo de la lucha de sexos. Aquel frenesí se da tanto a nivel formal como a nivel narrativo, y el mismo no sólo se encuentra en la adaptación, sino que es enaltecido desde la interpretación. Fundamentalmente, puede observarse dicho aspecto en la interpretación de Belén Blanco encarnando a la joven Julia.

La acción inicia con un baile provocativo y sensual de la señorita Julia en la noche de San Juan[2] caracterizada como impura mediante un vestido color beige (no blanco, el cual sí remite a la pureza), y posee una cabellera abundante y pelirroja (según la simbología del color los tonos rojos son asociados a la pasión y la muerte). En consecuencia, desde la caracterización plástica de Julia, ya hay una construcción de la psicología de personaje. Belén Blanco- quien desempeña durante toda la obra una destreza corporal admirable- posee un exceso de locura y desenfreno que está presente en el texto dramático pero no de tal forma, sino más bien como germen. En el texto de Strindberg todo es más sutil, mientras que aquí todo se vuelve explícito. El coqueteo sutil y elegante entre Julia y Juan en el texto, se vuelve aquí burdo y evidente, dando como resultado -en ocasiones debido a la exagerada actuación de Blanco- la pérdida de verosimilitud por momentos.

El único elemento que permanece simple y despojado dentro del sistema de signos total es la escenografía, que alude a la cocina. El decorado si bien formalmente no es minimalista, lo es en cuanto a su economía visual. Sólo se encuentran en escena aquellos elementos de utilería que son imprescindibles, no funcionan como adorno o ambientación, sino desde su funcionalidad. El único elemento de la utilería que coincide con el paroxismo de dicha representación son las enormes botas negras, las cuales pertenecen al conde, el padre de Julia. En consecuencia, las botas realzan el carácter de esclavo de Juan (Gustavo Suárez), aunque el conde esté ausente en escena su presencia simbólica lo reubicaran en su condición de clase, pues el conde es hombre y aristócrata, las botas están allí de pie, como elemento fálico. Pues Juan tiene sed de ascenso social, bebe el vino de su patrón y se cree refinado, y sus sueños expresan su inconsciente lo visualizan trepando un árbol, como metáfora de su deseo por escalar socialmente. Dicho aspecto del inconsciente de los protagonistas ya está presente en el texto dramático de Strindberg, y en el caso de Julia su sueño anticipará su desenlace trágico. En la obra en dicha secuencia, Blanco se envuelve desde el cuello a la cabeza con un micro-tul. Estos elementos oníricos hacen que el texto posea elementos proto-expresionistas[3], ya que se explora en la subjetividad y complejidad fragmentada de los personajes.

Contrastes entre el texto de Strindberg y la Puesta en Escena

La Julia aquí presente es más fuerte aparentemente en términos de género que la del texto original, ya que se explicita con deseos propios, es abiertamente provocadora y al comienzo totalmente dominante. Sin embargo, en un parlamento de Juan se transgrede un poco este concepto, ya que mientras que en el texto de Strindberg se narra que Julia golpeaba con una fusta a su ex novio, en dicha representación según Juan “a ella le gustaba que su novio la golpee”. Dejando entrever así cierto sadomasoquismo en Julia, como si esta disfrutase del dominio masculino y de una posición sumisa. Por ende puede concluirse que a pesar de los contrastes con el texto de base, la esencia de complejidad y multiplicidad de motivos en los personajes aquí también está presente. Julia pasará constantemente del dominio a la opresión, tal como lo expresa el parlamento de Juan al besarle su zapato; hasta llamarla “puta”. Otra diferencia con el texto original y aún más significativa es lo pertinente a lo sexual y al coito en sí mismo. Mientras que en el texto de Strindberg el acto sexual entre Julia y Juan se daba a entender pero no ocurría en escena, en La Señorita Julia el espectador es observador del mismo. En vez de suceder en el cuarto de Juan aquí sucede en la mesa de la cocina donde acentúan el erotismo , llevando una vez más la poética al clímax. Una última desigualdad con respecto al texto original es el trágico desenlace de Julia en escena, al igual que la secuencia descrita anteriormente, mientras que en el texto dramático salía de cuadro y finalizaba. En La Señorita Julia el espectador es un voyeur constante, que es atrapado por la intriga pero por momentos exhausto debido a la intensidad ciclotímica de los personajes.

[1] Strindberg, August: Prólogo a La señorita Julia-Tragedia naturalista, 1888.

[2] La Noche de San Juan, no es un elemento casual elegido por el autor, ya que es una noche “mágica” según las creencias populares donde los deseos se cumplen y el clima es de jolgorio.

[3] Noción tomada de Dubatti, Jorge: “August Strindberg y el Drama Moderno” en Concepciones de Teatro, Ed. Colihue, Buenos Aires, 2009.

 Denise Pieniazek  l @DenisePieniazek                                                              

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