25.08.16
Críticas _ Teatro

La señorita Julia

La señorita Julia es una co-produccón argentino-uruguaya. Se trata de una adaptación a cargo de Alberto Ure y José Tcherkaski de la clásica obra de August Strindberg escrita en 1888.

Julia es hija de un conde de alta alcurnia. Una noche de San Juan, vulnerable a causa de una relación fallida, seduce a Juan, el mayordomo de su estancia y se arrastrará a un abismo del que se desprenderá sin clemencia.

Cristina Banegas dirige a Belén Blanco, Diego Echegoyen y Susana Brussa en este drama “strinbergiano” en el cual se ponen de manifiesto las relaciones de poder que emergen del género y la clase social. Por momentos Julia domina a su mayordomo a raíz de su posición, le ordena que se siente con ella, que bailen  y le bese sus pies, pero por otros Juan toma el mando y es ella quien se subordina ante su género y desconsolada le pide que la golpeé y que la mate.

Todos los personajes tienen su posición delineada y se conducirán en consecuencia. Actuaciones bestiales las del trío en escena: Belén Blanco capta la mirada del espectador desde que se ilumina el escenario. Con un manejo impecable de su cuerpo empuja al espectador hacia un desenlace inesperado. Un trabajo físico impecable, cargado de intensidad, que seduce y perturba.

Juan, el criado, servicial y obediente, es encarnado por Diego Echegoyen. Este personaje desprecia a su entorno y odia a sus amos pero a su vez sueña con convertirse en uno de ellos y usará a Julia para alcanzar su objetivo. Su trabajo es muy prolijo y logra transmitir la sumisión y también la vileza que no tardará en revelar.

Finalmente, encontramos a Cristina interpretada por Susana Brussa. Ella es cocinera de la estancia y pareja de Juan. Será quien, a tono con la lucha de poder, se afirmará sobre el resto, a cuenta de una supuesta superioridad moral y religiosa.

Por su parte otro personaje,  aunque no presente en la escena, será el más respetado y temido por todos: el padre de Julia y el jefe de Juan. Simbolizado por un par de botas negras exhibidas en todo momento. Es la figura de autoridad máxima que condiciona gran parte de las acciones de nuestros protagonistas.

Luces y sombras juegan un papel primordial en la trama. Acompañan y acentúan las palabras, dirigen la atención del espectador y otorgan intensidad y solemnidad a determinados momentos. La música a cargo de Carmen Baliero es otro componente esencial de la obra, impone el erotismo a la escena y es necesaria para los juegos coreográficos de nuestros personajes. Julia baila, cautiva y se deja hechizar, la música la envuelve y la pierde.

La escenografía nos traslada a la cocina de la casa. Territorio de criados al que Julia desciende y en el cual Juan finalmente logrará dominarla. Todo girará en torno a la mesa, donde nuestros personajes coquetean, discuten, lloran. Es en ella misma  donde se consumará el deseo y luego la muerte.

La señorita Julia se plantea así como una obra avasalladora desde el primer momento. Cristina Banegas logra una puesta en escena donde se ven muy claras las diferencias entre los personajes y la lucha de poder que sus relaciones desencadenan y que sus condiciones, ya sean de clase o sexuales, imponen.

La obra obtiene su salida honorable, a costa de su propia existencia. Comprender su desborde emocional para llegar a su última decisión, aunque cabe aclarar, alentada por Juan quien jamás tendría la valentía de hacerlo, implica seguirla a lo largo de esa noche de San Juan. Hay que escuchar su historia y las contradicciones en las que ha sido criada para desentrañar su alma.

calificacion_4

 

Ines Chaker | @Inechaker

Dramaturgia: Ricardo Halac. Dirección: Cristina Banegas. Escenografía y vestuario: Magda Banach. Diseño y Composición Musical: Carmen Baliero. Asesoramiento Coreográfico: Virginia Leanza. Iluminación: Sebastián Marrero. Asistente de dirección: Betty Couceiro. Producción Ejecutiva: Ivana Nebuloni. Asistente de Producción: Agustina Márquez Merlin. Realización de Vestuario: Camila Orsi. Diseño Gráfico: Ivana Locmanidis. Elenco: Belén Blanco, Diego Echegoyen, Susana Brussa. Prensa: Carolina Alfonso

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