27.07.15
Críticas _ Teatro

Nadie quiere ser nadie ( Historias de la clase media)

Dirección: Mariela Asensio. Iluminación: Ricardo Sica. Vestuario: Vessna Bebek. Producción ejecutiva: Pamela Santángelo. Asistencia: Paola Luttini. Elenco: Florencia Ansaldo, José Joaquín Araujo, Salomé Boustani, Anahí Gadda, Teresita Galimany, Guillermo Jáuregui, Carlos Juárez, Natalia Olabe. Prensa: Mercedes Sauco

Canclini dijo una vez hablando del consumo e intentando descifrar las redes en las que el mismo se envolvía que “el consumo es hacer más inteligible un mundo en el que lo sólido se evapora”. Presos del consumo y de sus condiciones materiales de vida:  una aspirante a actriz proveniente de las clases populares, un extranjero que vino a hacerse la américa, la hija de clase alta con graves problemas de identidad, su psicóloga, el padre de la hija que solo habla de consumo y economía, su mujer, la madre preocupada constantemente porque esa imagen no caiga y no caigan con ello sus aspiraciones de grandeza social , el cuidador del country donde viven y “Maricruz” su sirvienta se entrecruzan y la disposición misma de la sala nos invita a ello. Tres posibles miradas a esta obra: tres clases sociales. Tres tipos de vida, porque no, enfrentados al  temor existencial que devora nuestros sueños y cual tortura china se perpetúa en nuestras cabezas, en los de la directora, en las de los espectadores y en las de los protagonistas: “Nadie quiere ser nadie”. Un juego de palabras que nos sumerge en una obra acertada, como son, todas las obras de Mariela Asensio. Pero un juego de palabras que viene acompañado de otra cuota de información: historias de la clase media. ¿Quién es la clase media? ¿Nos hallamos ante un desaparecer de la clase alta?  O será simplemente esa forma de materializar a una clase que jamás está conforme con lo que tiene. Y con desdeñosa crueldad elije las posiciones de acuerdo a su cuadro. Moviéndose para arriba, intentando ser algo que no es. Mariela lanza interrogantes con pulcridad en la selección de los actores, en el vestuario de Vessna Bebek  y a través de una decoración austera. La autora logra sumergirnos en distintos mundos, sin movernos de la silla. La música aquí la tejen los personajes. Suena “un mundo ideal” de la mano del policía y Maricruz,  y un rock pendenciero es tocado con odio de la mano de la aspirante actriz. Y una frase que simula no estar repica sin embargo en toda la sala: “es fácil ser artista cuando tenes la vaca atada”.

Mariela conoce los tiempos actuales, y las exigencias de un mundo que no perdona: ni al extranjero, ni a la niña mimada, ni a la que limpia la casa. El mundo se evapora, las palabras se deslizan. Las clases de pierden. Mariela es hija del posmodernismo y traslada sus vivencias en su teatro. Nos permite abandonar por momentos la fluidez de un mundo que se nos derrite a través de una obra impecable. Que nos comprende. La obra nos psicoanaliza por una hora y trasluce nuestros miedos en fantasías e ilusiones. Porque su teatro sucede. La dirección de Mariela es magia. Nos recuerda la verdad más íntima que nace cuando alguien nos pregunta de niños ¿Que querés ser cuando seas grande? Y nos perforan,  con esa pregunta, toda la existencia. Porque al fin y al cabo…Nadie quiere ser nadie. Pero por 60 minutos estos actores y Asensio fueron todo.

Teatro : Celcit- Moreno 431

Funciones : Sábados 21: 30 hs

Entradas: $ 120

calificacion_5

Por Sofía Lara Gómez Pisa

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