30.08.15
Críticas _ Teatro

Partir de hoy

Dirección: Walter Rosenzwit. Producción Ejecutiva: Walter Rosenzwit y Pablo Bontá. Asistencia de dirección: Josefina Mac Loughlin. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Iluminación: Magalí Acha. Acompañamiento sonoro: Hernán Dadamo. Realización de escenografía: Alejandro Mateo. Realización de vestuario: Manuela Mateo. Fotografía y video: Carlos Restrepo. Diseño gráfico: Ingrid Hedrich. Intérprete: Pablo Bontá. Prensa: Duche & Zarate

 ¿Cómo se curan los miedos?

No esperen de Partir de hoy un nudo o desenlace, o la típica conformación del teatro clásico. Como unipersonal Partir de hoy se mueve sigiloso por los bordes, del teatro y de la historia, y nos deja junto al hombre: el actor, quien, en vistas de que no puede consigo mismo (o con su máscara) decide secuestrar la obra para contar sus propias condiciones de producción.

Son los años 70’ y el pequeño Pablo Bontá intenta discernir las palabras que lo marcaran de por vida. Que conformaran su máscara. Las palabras que quizás, reprimidas en algún lugar del inconsciente lo llevaron a ser actor, a convertirse en Bont. Se hace presente en la obra un conflicto sí, entre el actor y su identidad. La pelea entre la máscara y el hombre.

Volvamos a los 70’. Allí está el pequeño Pablo Bontá con su familia y gendarmes alrededor, en Bariloche. Luego un pequeño desaparece. Sabemos una historia acerca de galerías Santa Fé. Un auto se abre, se lleva un hombre. Pablo calla. Y su rostro, todo rojo, marcara para siempre su impronta: la de la vergüenza por no poder gritar.

El tiempo de la escena se suspende, esto es logrado gracias a la música que transporta al propio Bontá hacia los confines de su historia personal.  La escenografía de Alejandro Mateo es notable por su increíble simbolismo: conformada por fragmentos de lo que será el traje de Bont. Como si la obra lo deshilachara por completo, hasta que el maquillaje, agitado por las lágrimas y los movimientos corporales nos entregara al hombre y ya no al actor.  Y entonces, como dijimos: la actuación se suspende. Aparecen las proyecciones como elemento multimedial que permite crear un proceso de sensibilización para con el público.

¡Hay alguien ahí! Grita Bont desesperado. Esta con el público, pero está solo. Llama a las voces del ayer, para entender el hoy, pero lo único que sabe es que es actor, pero es más que un actor: es un payaso. Un payaso que nos mira  con desnudada inocencia y nos dice: no esperen más que esto.

De esta manera Walter Rosenzwit nos sorprende con una obra que se confunde con la vida misma. Que traspasa los límites del teatro. Que secuestra la voz detrás de la máscara, que se funde con la vida personal del actor.

Y es así como nos permite hacernos preguntas: ¿Qué es una obra? ¿Qué es un actor? Que pasa cuando la actuación se suspende y nos retuercen las preguntas. Partir de hoy habla del quehacer teatral y de todos los miedos que se esconden tras bambalinas en esos segundos donde la máscara debe ser escogida, para que el actor pueda ser expuesto libre de las narraciones de sí mismo, para poder encarar otra persona. Pero esto no sucede. Hay un golpe, se escuchan palomas revoloteando sobre la cabeza del pequeño Pablo. “Isabelita y veni que te presento otro nene”. Bonta ya no es Bont, ya no puede serlo.  Ya no podrá serlo durante los minutos que lo estamos viendo. Ya no habrá más circo que la realidad. ¿Pero no es acaso el teatro la vida? Esa vida, que no le debe nada a la ficción. Porque la ficción misma se narrativiza. Se vuelve histórica. En medio de un mundo de deshistorización, de historias mínimas la vida salta a la escena de la mano de los miedos, de la duda y una historia que traspasa, que se apropia de la ficción.

Teatro: Teatro del Pueblo – Av. Roque Sáenz Peña 943

Funciones : Jueves 20 hs

Entradas: $ 130,00 / $ 80,00

calificacion_3

 

Por Sofía Lara Gómez Pisa

 

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