12.04.20
Cine _ Dossier _ Películas

#ASLVIRALIZADO | Exit (Eksiteu) | Por Eduardo Elechiguerra

Tientan los paralelismos entre Eksiteu (2019) y ciertos factores de la pandemia actual. En estas décadas donde las teorías conspiratorias se han acentuado y exacerbamos la creencia “la realidad se alimenta de la ficción”, la película surcoreana trata sobre una neblina creada y esparcida por el exempleado de una empresa privada mientras en otra parte de Seúl se celebra el septuagésimo cumpleaños de la madre de Yong-Nam (Jung-suk Jo), el protagonista. Tal creación ya no tiene un carácter sobrenatural como ocurría en la novela de Stephen King y sus adaptaciones. Esta sinopsis nos tendría que advertir entonces de toxicidades anímicas excesivamente aludidas en esta época. Pero restrinjámonos a los límites de la obra para efectos de este texto así como el director y guionista Sang Geung Lee saca, casi por completo, a las autoridades gubernamentales de su historia. 

En principio, la compasión ciudadana y el ingenio movilizan la trama de manera vertiginosa. Los movimientos de cámara constantes, ciertos recursos visuales tomados de las historietas (como hizo Ang Lee en Hulk aunque acá más restringidos) y la fiereza de Yong-Nam y Eui-Joo hacen que esta película multipremiada se mantenga fresca en sus planteamientos.

En este sentido, los códigos cómicos están aquí al servicio de no idealizar los valores protagónicos. Yong-Nam y Eui-Joo actúan pensando en los demás pero la película también muestra con humor sus preocupaciones por sobrevivir ellos mismos. La conciencia de que los desastres están en la vida propia, no solo en la ajena ni en el medioambiente, integra y cohesiona la obra desde el contraste. De hecho, que sea el agua la solución del caos nos enfoca en los conflictos humanos y ecológicos como lo hizo en su momento Shyamalan en Señales (2002). Aquí además la agilidad audiovisual está muy en sintonía con la locura de Yong-Nam aludida por su sobrino. El simple efecto sonoro del metal luego de su despliegue físico en la primera escena se repetirá en otras ocasiones. Tal marca sutil sugiere que las destrezas corporales son útiles si se ponen al servicio de otros y no nada más de uno mismo.

Por otro lado, el descaro en la comicidad de la obra tiene matices para darnos cuenta de que no estamos viendo un mero entretenimiento. Hyun-Ok (Du-shim Ko), la madre homenajeada, también es una mujer tacaña que se queda hasta con las sobras de la celebración. El mal gusto de la fiesta de los colores pasteles en el vestuario o el karaoke ruidoso no tiende a la burla sino a poner la lupa en rituales cómplices entre los familiares. Lo curioso de Yong-Nam como la oveja negra entre varios hermanos no es tanto que él resuelva sus propias frustraciones sino los mecanismos que toma la película para hacerlo. Es significativo, por ejemplo, que use trofeos con los cuales rompe un ventanal para encontrar una salida. Si interpretamos los varios rascacielos donde se ambienta la obra como producto de la tecnocracia y de la anulación de tradiciones milenarias, entenderemos entonces que los reconocimientos sociales importan para quebrar limitaciones heredadas.

Como le dice su mejor amigo en la segunda escena de la película, los desastres no son nada más naturales. Ambos han fracasado recientemente en sus vidas: desempleados, desolados y con familias bastante dispares. El guion marca la comicidad en este último indicio con la rutina familiar del protagonista. Consumida por pequeñeces tales como un padre obsesionado por la hora de la telenovela o una hermana sobreprotectora, la única heroicidad posible para Yong-Nam en ese momento es fregar los platos de una bacha atestada a pesar de sus grandes habilidades físicas. Y aunque en el último tramo sus progenitores no sean mucho más que motivos de risa o de preocupación por los paraderos de su hijo, el guionista mantiene una atención hacia ellos.

El elemento tecnológico es recurrente en la obra. Bastante se ha hablado de los mecanismos de control a través de los teléfonos móviles en varios países de Asia más que en otros continentes. Para la película, la claridad en que estos dispositivos se quedan cortos frente a las crisis es doble. No solo es irrelevante que Eui-Joo (Yoon-ah Im), interés amoroso y heroína de la historia, pierda su celular para efectos de la supervivencia. También los drones cumplen su utilidad de informar la ubicación de ambos, pero con todo e ingenio, son limitados para su salvación. 

Finalmente se apresura una resolución al respecto en pos del cierre esperanzador. Aun así no hay beso ni abrazo entre los posibles amantes. Apenas nos basta la invitación a que se vean de nuevo y una lluvia leve aplacando la niebla tóxica.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2020 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Corea del Sur, 2019)

Guion, dirección: Sang Geun Lee. Elenco: Jung-suk Jo, Yoon-ah Im, Du-shim ko. Producción: Hyun-ik Baek, Seung-wan Ryoo. Duración: 103 minutos.

 

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