03.04.20
Cine _ Dossier _ Películas

#ASLVIRALIZADO | The Last Man on Earth | Por Gabriel Piquet

Un amanecer que puede observarse entre los tan característicos complejos de edificios que se han visto en muchas películas europeas. Balcones vacíos, desolación por todos lados. Algunos cuerpos tirados en puertas de locales, estaciones de servicio y calles. La ciudad diezmada que quieren hacer pasar por Los Angeles en realidad es Roma. Esa especie de neorrealismo tardío aplicado a un film de ciencia ficción ayuda para que lo que estamos observando resulte crudamente actual.

Inmediatamente la cámara ingresa a una casa y lo que veíamos como escenarios de un documental de posguerra se transforma en la habitación de Morgan (Vincent Price), quien despierta y comienza su mañana. Como cualquier trabajador, tiene una rutina. Se prepara un desayuno, activa un  generador eléctrico y utiliza un torno para convertir pedazos de madera en estacas. Sale en su auto, levanta los cadáveres de los vampiros/muertos vivos que tiene cerca de su garaje y los lleva como si fueran compañeros de trabajo que subió por el camino. Pasa por un supermercado, agarra ajo en cantidad, ingresa en una casa que vende espejos. Luego tira por un barranco los cuerpos que recolectó y los quema. Todos estos elementos ya nos dan una idea de la rutina de Morgan y de su hastió por hacer siempre lo mismo.

El personaje está agotado, solo puede salir de día. En las noches, encerrado en su casa, es torturado por los golpes que vienen del exterior. Un grupo de vampiros/muertos vivos lo acecha. Hay uno en particular que parece ensañado con Morgan. El personaje se llama Ben Corman y lo interpreta el gran Giacomo Rossi-Stuart (quien trabajó con Mario Bava y Antonio Margheriti, entre otros); más adelante sabremos que era colega y amigo del protagonista. En toda esta primera parte solo hay un momento de relax y es cuando, en medio de una de esas noches, Morgan pone un disco de jazz y lo escucha para poder tapar ese llamado que le hacen los vampiros/muertos vivos, que parece una invitación de ultratumba para que los acompañe.

En una de esas noches, en un estado de agotamiento no solo físico sino mental, Morgan tiene un flashback, y ahí es donde conocemos su historia pre-pandemia. En toda esa parte donde se nos cuenta cómo se llegó a que el mundo fuera lo que es, están las similitudes más terribles con la realidad que vivimos hoy. Unos niños juegan en un patio, es una fiesta de cumpleaños. Morgan, su mujer Virginia  y Ben Corman charlan a un costado, Ben le acerca un recorte de diario que dice “La Plaga se cobra cientos -¿Enfermedad europea viaja en el viento?”. Morgan es un científico que descree de la amenaza. “Ben, soy un científico, no un alarmista”, dice. 

Poco después ese mismo patio ahora vacío, con apenas una hojas que lo recorren y le dan un clima más otoñal, es el preámbulo para ingresar a la casa de Morgan y ver que su hija está en cuarentena en su habitación. Su mujer también comienza a tener síntomas. Más adelante todo empeora y el laboratorio para el que trabajan no encuentra la cura al virus. En la TV se anuncia que hablará al país el gobernador, quien declara al estado área de desastre y comunica que la salud pública depende de que los cuerpos de los difuntos sean quemados. El comunicado también dice que el que tiene una víctima de la plaga en su hogar debe notificar al Ministerio de Salud, y que bajo ninguna circunstancia debe reunirse en público. De ahí en más todo se irá complicando hasta llegar al presente que ya conocemos. 

The Last Man on Earth fue la primera adaptación de Soy leyenda, la novela de Richard Matheson. Matheson participó en el guión pero pidió aparecer con pseudónimo porque no le gustó el resultado final y siempre estuvo en contra de la elección de Vincent Price para el papel principal. El tiempo ayudó a la película a obtener un estatus de culto, y visto a la distancia, lo de Price -ese personaje martirizado, de entrañable gesticulación exagerada- es genial. 

Soy leyenda se publicó en 1954 y The Last Man on Earth se estreno en 1964. Aunque haya pasado tanto tiempo, existen pocas historias más actuales que esta.

© Gabriel Piquet, 2020

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

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