14.09.16
Cine _ Estrenos

Blair Witch

(Estados Unidos, 2016)

Dirección: Adam Wingard. Guión: Simon Barrett. Elenco: James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Reid, Wes Robinson, Valorie Curry, Brandon Scott. Producción: Roy Lee, Steven Schneider, Keith Calder, Jess Calder. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 89 minutos.

El infierno contraataca

Pasaron veinte años y aquella película catalogada como found footage, casi la única que sentó precedentes en este subgénero, sigue intacta; no ha envejecido nada. O al menos esa es la impresión. Copiada millones de veces, odiada y amada, El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999) es todo un ícono del terror de fines de los años 90.

Fue novedoso acompañar en la pantalla grande a aquellos tres estudiantes curiosos por investigar una gran leyenda que poco a poco se fue haciendo cada vez más potente en su relato. La anécdota de la bruja del pueblo iba creciendo a medida que la tensión aumentaba en el film, sin necesidad de mostrar más nada que tan sólo los pasos de los jóvenes exploradores avanzando por el bosque, las hojas verdes y el sonido de su respiración agitada. Todo era sugestión.

Han pasado veinte años también desde que Heather, la hermana de James, y sus dos compañeros desaparecieron dentro del bosque de Black Hills, dejando un sólo rastro: la cámara que retrató los espantosos momentos en que, supuestamente, algo o alguien los perseguía. Ahora James y sus amigos se aventuran en los mismos bosques con un dron, un GPS y varias cámaras más.

Como era de esperarse, a esta tercera parte dirigida por Adam Wingard (a cargo de segmentos de V/H/S/ y V/H/S/2, y responsable de Cacería Macabra) se le adosan elementos que intentan ser novedosos: más y mejor tecnología, nuevas -y muy exageradas-  manifestaciones de la bruja para incrementar aun más el miedo, y alguna que otra vuelta de tuerca. Todos estos recursos atraen en un primer momento, pero luego se convierten en pura inverisimilitud. Cabe destacar que en este género existe una línea muy delgada entre lo que está bien hecho y lo ridículo. El film de Wingard coquetea todo el tiempo con este aspecto.

Luego de la segunda película de esta trilogía (El Libro de las Sombras: El Proyecto Blair Witch 2, un sinsentido dirigido por Joe Berlinger), ya resultaba impensado superar a la primera entrega, llena de intriga, tensión, y que jugaba con la mente del espectador. En una época en la que el terror aun es bastardeado tanto por cineastas como por el público, El Proyecto Blair Witch sigue siendo inalcanzable y toda una joya para atesorar en la videoteca.

Vale la pena quedarse con el feliz recuerdo de una película provocadora y efectiva para su tiempo, que causó estupor y dudas en el público, que mirar de nuevo la misma historia -ahora más “lavada”-, que sólo consigue que la primera se reivindique una vez más no sólo como la mejor de las tres, sino como una de las mejores de su tipo.

calificacion_2

 

 

Ximena Brennan

brennan@asalallena.com.ar | @AnXieBre

 

Un eco sin fuerza

Como ya mencionamos en otros textos de este sitio, no es la primera Blair Witch (1999) la pionera del falso found footage -aunque en muchos escritos así se la presente-; podemos nombrar a Holocausto Caníbal (1980) y a UFO Abduction (1989) -y su evolución como Alien Abduction (1998)- como dos de los antecedentes directos de este tipo de decisión estética a la hora de narrar. Y decimos decisión y no subgénero porque el falso found no implica un tema y un corpus de reglas sino simplemente un estilo, una elección por los planos subjetivos constantes de uno o varios protagonistas donde el artificio es parte de la acción -y a su vez, parte de una segunda capa de ficcionalización-, y donde no forma parte de la narración el punto de vista omnisciente del clasicismo. También hemos escrito en otros textos de A Sala Llena sobre uno de los motivos aparentes del boom del falso found, y en ello sí jugó un papel central la primera Blair Witch, y en ese sentido sí podemos decir que fue pionera: el aspecto económico, filmar con cámaras caseras y bajo presupuesto, y lograr un producto altamente redituable. De todo modos, más allá del poco gasto inicial, la versión que terminamos viendo en cines de la primera Blair Witch había pasado por un proceso de postproducción (sobre todo de sonido) de cientos de miles de dólares, financiado por la compañía que compró la película. Otro punto a destacar de la original fue el ingenioso dispositivo publicitario (no podemos no mencionar la web que reportaba el caso y las desapariciones de los jóvenes, creada por el propio Eduardo Sánchez, uno de los dos directores) que logró generar confusión en algunos espectadores y algo de revuelo en los medios; recordemos que la película fue noticia antes de su estreno y que hubo espectadores que creían que lo que se mostraba era real (la madre de uno de los protagonistas llegó a recibir flores con condolencias).

Esta nueva versión llega con dos aspectos que le restan fuerza. Por un lado, surge sin ese contexto que la hizo famosa a fines de los ‘90, y sin el peso del quiebre, porque aunque afirmemos que no fue pionera, sí es cierto que marcó tendencia y que el apócrifo found footage se volvió una decisión estética harto utilizada en la década siguiente a su estreno. Y, por el otro, a pesar de ser -en teoría- una secuela, en la praxis está más cerca de una remake desabrida para las nuevas generaciones. Esto queda claro en la importancia que le otorga el guión a la actualización tecnológica pero no a una reformulación de la trama, el suspense o el sentido. De hecho, el camino de los protagonistas (en la película en general y en el bosque en el que se encuentran en particular) y los conflictos que se desatan, son prácticamente iguales a los de la original. A su vez, en esta tercera entrega está ausente otro elemento primordial de la primera y de las películas de horror que intentan ser algo más que un tren fantasma audiovisual: la generación de climas de terror sin una utilización abusiva de los jump scares. Blair Witch versión 2016 es una película que no supera la media de este momento del horror en el que Estados Unidos atraviesa un gran momento cuantitativo pero con escasas producciones que apuntan a algo más que llenar las salas o conseguir una venta internacional. Eduardo Sánchez alguna vez contó que la compañía que adquirió la película quería otro final, más trillado, más explícito y espectacular, pero que finalmente logró no ceder; claro que no podemos esperar eso en la era del triunfo de los productores, donde ya casi no hay lugar para las decisiones cojonudas.

calificacion_2

 

 

Ernesto Gerez

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