03.07.20
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Crítica: 5 sangres (Da 5 Bloods) (Netflix), por Quintín

Confesiones de un lobista

Es difícil encontrarle méritos a la última de Spike Lee. Es una película desmañada, torpe, larga, gritona, con un desarrollo arbitrario, lleno de trampas y de escenas inverosímiles, en la que las sobreactuaciones se mezclan con las no actuaciones. Cuesta entender, en principio, si tanta chapucería es resultado de la pereza del realizador y su equipo o bien estos defectos tan ostensibles son, por así decirlo, deliberados. O, por lo menos, necesarios.

Para no aburrirme con mi propia reseña, apostaré a una variante de esto último. Es decir, a la posibilidad que detrás de una superficie más bien calamitosa se esconda una película, o al menos una intención de película. Siempre pensé que a Spike Lee le interesaba el cine más allá del mensaje. Es decir, que a pesar de que sus películas estaban cargadas de ideología, tenían la particularidad de desarrollarse dentro la tradición hollywoodense más estricta. De hecho, Da 5 Bloods podría pensarse como una remake de Rambo, solo que con héroes negros y con un tono de parodia, algo así como Rambo pasado por el spaguetti western. El tema de la película se parece mucho al de la de Stallone: un grupo de veteranos vuelve a Vietnam a buscar a un camarada de armas. Aunque no es exactamente así por dos razones. La primera es que el camarada Norman, líder y guía espiritual del pelotón que integraban los demás, está muerto y de lo que se trata es de repatriar sus restos para enterrarlos como se merece un soldado americano. Pero hay una razón secreta para el viaje: recuperar un baúl lleno de oro que quedó en un avión de la CIA caído en la selva en el lugar donde finalmente murió Norman. 

De modo que los cuatro veteranos viajan a Ciudad Ho Chi Minh, un lugar que se supo llamar Saigón antes de que los americanos perdieran la guerra y la llegada recuerda un poco al clima de Apocalypse Now cuando a Willard le encargan la misión de buscar a Kurtz. Mientras planean la internación en la selva hacen su aparición otros personajes. Una es Tien, ex amante de Otis con la que este descubre que tuvo un hijo. Otro es David, el hijo de Paul con el que el padre tiene un antiguo conflicto a partir de la muerte de la madre en el parto. También aparece un francés, Desroche (Jean Reno), que los ayudará a sacar el oro del país, pero no parece muy confiable. Si ese es el francés malo, también hay una francesa buena, Hedy, integrante de una ONG que tiene onda con David. 

El viaje por la selva hacia el oro y los restos de Norman tiene menos peripecias de acción que escenas de teatro independiente de hace medio siglo. Cada uno de los personajes hace uso de un monólogo o un diálogo en el que se revelan sus miserias. Especialmente Paul, representado por Delroy Lindo, en una de las actuaciones más molestas y exageradas que yo recuerde. Si el primer acto de la película tiene un tono más bien ligero, de comedia, el segundo (el del teatro dramático) es interminable y parece estar allí para que Lee deje bien claro que sus personajes no son precisamente ejemplos de conducta sino más bien unos pobres tipos a los que la guerra no les hizo bien y la vida civil tampoco. Es como si quisiera subrayar que él no idealiza a sus personajes, sino todo lo contrario: más bien los llena de defectos: son egoístas, tontos o mentalmente desquiciados. Pero claro, una vez logrado el objetivo de destruir la simpatía del espectador por los héroes (además de su paciencia), cuando el camino lógico del guión es el de su fracaso y su muerte, la película entra en su tercer acto. 

Este es una película de guerra, o de acción en la selva. El comandante Lee decide reducir los daños y reconstruye a sus personajes: hace que se enfrenten con la selva, las minas sembradas en el terreno, con el francés y una patrulla de vietnamitas malos que quieren arrebatarles el oro. Allí, estos personajes desquiciados y divididos entre sí se muestran unidos, astutos, combativos, generosos, abnegados y, aunque un par muere, derrotan al enemigo, además de volverse con el oro y con los huesos de Norman. Es muy curioso este giro y este desenlace. Pero algo había que inventarle a una trama que había tocado fondo y no podía profundizar más en la misantropía. 

Esta vuelta de tuerca de Lee tiene que ver justamente con su adscripción a los esquemas más tradicionales de Hollywood. Spike Lee termina filmando efectivamente una Rambo negra, una película casi patriótica en la que los héroes afroamericanos se llevan el oro y la gloria, un poco como el equipo de aquella película Doce del patíbulo, con un líder que los guía moralmente (en este caso, desde el más allá) y los lleva a redimirse. Lee insiste en declarar, a través de los personajes, que la de Vietnam no fue la guerra de los negros, pero también quiere demostrar que ellos la pelearon como el mejor soldado (y merecen una recompensa). Pero mientras que Hollywood siempre hacía alguna concesión multirracial, en la época del Black Lives Matter, eso pasó a ser anticuado. Los negros son perfectos norteamericanos aunque peleen su propia guerra. Para demostrar lo americanos que son, al final se dan el lujo de donar parte del dinero para caridades y saludando al BLM como hacen los millonarios blancos y las corporaciones. 

Cuando Spike Lee hizo Malcolm X, había dos épicas en juego. La de Martin Luther King, su pacifismo y su idea de igualdad en la unidad humana y la de Malcolm, quien sostenía que había que responder a la violencia del sistema con la violencia de los oprimidos. En The 5 Bloods no se trata de Luther King ni de Malcolm X, no se trata de una épica ni de una idea sino solo de un lobby, la más sistémica y americana de las instituciones políticas. Se trata de defender a los integrantes de la raza independientemente de su moral, independientemente de sus méritos. Pero Lee elige una forma cinematográfica que exige héroes que los tengan. Desde esa contradicción está filmada Da 5 Bloods: como lobista de la negritud, Lee reniega por definición de cualquier universalidad y subraya que no necesita embellecer a sus personajes sino más bien tratarlos como unos miserables. Pero como lobista de la realización cinematográfica, su propia búsqueda del oro necesita que esos héroes sean parte de la tradición en la que filma. Después de todo, un lobista trabaja para el éxito. Se podría decir que es una actitud deshonesta, al menos contradictoria, pero al lobista solo se le puede exigir resultados. Finalmente, Lee y sus héroes alcanzan su verdadera entidad cuando se convierten en americanos heroicos, exitosos y ricos que gritan que las vidas negras importan, como se ve sobre el final. Es difícil imaginar una película más conservadora. 

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© Quintin, 2020 | @quintinLLP

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Dirección: Spike Lee. Guion: Spike Lee, Danny Bilson, Paul De Meo, Kevin Willmott. Elenco: Delroy Lindo, Jonathan Majors, Clarke Peters, Norm Lewis, Isiah Whitlock Jr., Mélanie Thierry, Paul Walter Hauser, Jean Reno. Producción: Jon Kilik, Spike Lee, Beatriz Levin, Lloyd Levin. Duración: 154 minutos.

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