27.04.21
Cine _ Estrenos

Crítica: Antebellum, por Daniel Nuñez

Antebellum habla sobre racismo sistémico utilizando la figura del esclavo para narrar una historia de horror, pero sin recurrir al género. Verdad engañosa, propia de un cine que se viste siempre de apariencias y que saborea la victoria de quien se gana al público con buenas armas gracias a vueltas de tuercas para nada desdeñables, aunque ambiciosas y un tanto peligrosas.

Arranca con un hermoso y prodigioso (hay que admitirlo) plano secuencia que recorre una finca llena de esclavos negros, lugar maldito custodiado por soldados confederados de la guerra civil. La toma es larga e informativa ya que nos adentra en el espacio físico donde se desarrollará el peor de los horrores imaginados. El virtuosismo que expone el proceder estético mediante esta función es ingenioso, sí, pero carece de la inteligencia que caracterizan a los grandes planos secuencia en los que el espectador veía, más que virtuosismo, las bondades y esquemas de un autor. Es decir, está lejos de absorber la atención del espectador activo que busca más allá de la superficie, del artificio como función meramente estética. Esta toma es entonces importantísima para entender gran parte del desarrollo del film: visualmente impecable, ingeniosa, pero que a la larga seduce más por lo que cuenta que por cómo lo hace.

La protagonista es Eden, una esclava sometida sexualmente y que al parecer se niega a decir su “nuevo” nombre cuando es obligada a tomar una nueva identidad. Por razones que no conviene adelantar se muestra casi como una líder dentro de quienes planean escapar de allí. Luego de casi 40 minutos de relato Eden, en un abrir y cerrar de ojos, se revela como la pesadilla de una respetada socióloga, activista por los derechos de los negros y feminista, en los 2020, época virtual y saturada de tecnologías. Hablar más sobre el desarrollo es quitarle parte del mérito ya que los giros al que somos sometidos resultan, digamos, inesperados. En ese sentido nos recuerda a La aldea (2004), obra maestra de M. Night Shyamalan, aunque sin la complejidad intertextual ni la belleza críptica y escénica de aquella. Antebellum, por el contrario, cuenta de manera directa, casi rayando la alegoría, la situación actual en los Estados Unidos con el resurgimiento del nacionalismo blanco. Su fuerza radica en la voz que se alza gracias al impacto de algunas escenas e ideas y la cruda seguridad con que trabaja sus imágenes. Juega un poco con el cine de género aunque parece no decidir hacia dónde ir.

Fuera de eso se encuentra lejos de tres grandes películas que abordan el mismo tema: La gente detrás de las paredes (1991) de Wes Craven, Candyman (1992) de Bernard Rose y Get Out! (2017) de Jordan Peele. Tres films que abarcan inteligentemente esta temática pero sin caer en subrayados o algunas escenas un tanto forzadas y demasiadas estilizadas, casi rayando la abyección. Otro ejemplo es la mítica White Zombie (1932) de Víctor Halperin, y se podría decir que Antebellum no trata el tema de los zombies pero el sometimiento al que se enfrentan los protagonistas casi los convierte en meros muertos vivientes, obligados a perder su identidad en pos de la supremacía blanca. No mucho más que eso, que no es poco, aunque carece de profundidad simbólica y por momentos pierde el eje. El film, finalmente, deviene un ejercicio interesante y cuestionador, a la vez que entretenido y solvente.

 

 

 

© Daniel Nuñez, 2021

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2020)

Guion, dirección: Gerard Bush, Christopher Renz. Elenco: Janelle Monáe, Eric Lange, Jena Malone. Producción: Gerard Bush, Zev Foreman, Raymond Mansfield, Sean McKittrick, Christopher Renz, Lezlie Wills. Duración: 105 minutos.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.