03.07.21
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Crítica: Black Widow, por Lucas Manuel Rodriguez

AJUSTE DE CUENTAS EN UN MUSEO ROJO

No es menor destacar que –incluso al ser una evidente precuela, porque el destino de la protagonista es bien conocido- todos los tráilers, especialmente los dos primeros, han sabido maniobrar una puesta de información un tanto ambigua. Por mencionar un caso, el solo especificar el año en el que transcurren los eventos centrales del film podría ser considerado un spoiler y esto es algo que no solo se mantuvo en secreto hasta ahora, sino que se le es declarado manifiestamente a fieles amantes de estas sagas, aunque para quienes no estén al tanto de sus continuidades esto carecerá de relevancia.

Black Widow no es una película “de superhéroes”, más bien se suscribe al género –o subgénero, o transparencia- de thriller de espionaje. Claro que no es la primera del Universo Cinemático de Marvel (UCM) en hacerlo y cuenta con un presupuesto que se eleva de los doscientos millones de dólares, cifra que comúnmente se la justifica con destrozos y explosiones de proporciones descomunales.

Ante aquello, esta película sabe postular y reconocer su inserción en el mainstream pasados sus primeros veinte minutos de duración, con una escena en la que Natasha Romanoff (en la piel de Scarlett Johansson) recita de memoria los diálogos de un film que está mirando: Moonraker. 

Es importante recordar, a esta altura del UCM, el plan maligno que atraviesa a la undécima entrega de 007 en cines. Hugo Drax (interpretado por Michael Lonsdale) compone un gas neurotóxico derivado de orquídeas-amapolas de la jungla amazónica con la finalidad de equilibrar la naturaleza humana, matando a quien haya que matar y preservando una raza incorrupta de hombres y mujeres con especímenes físicos perfectos. Por supuesto, esta meta es saboteada por el James Bond de Roger Moore, pero fíjense en las simetrías que hay entre el villano bondiano, el Thanos de Avengers – Infinity War y el hecho de que Romanoff reconozca esta trama al pie de la letra en la comodidad de su dormitorio.

En los últimos años esta cualidad se le atribuyó a personajes como Star Lord (mencionando a Footloose) y Peter Parker (con El Imperio contraataca y Aliens – El regreso), pero no terminaban de ser otra cosa más que simpáticas referencias cinéfilas citadas para justificar soluciones de guion imitadoras de aquellas. En Black Widow lo bondiano está siempre latente y no necesariamente para la comodidad de los públicos del espía británico. Olvídense de la secuencia de Busan en Black Panther, en la que se exhibió una versión de James Bond afroamericano y futurista, acá las citas son constantes, no del todo evidentes para el público casual y no solo en “homenaje” al agente secreto creado por Ian Fleming.

Sí, el final de la primera secuencia cuenta con un despegue de avioneta bastante inverosímil y resulta imposible no pensar en la escena pre-créditos de GoldenEye, con todas las diferencias del caso. La persecución del tanque en Budapest es un tanto simétrica a la de Pierce Brosnan en San Petersburgo, el deslizamiento por la escalera mecánica de una estación subterránea es brevemente reminiscente a Skyfall, pero todo esto es al servicio de una trama apropiada por mujeres, en la que se reconoce el pasado del género cinematográfico, tomando impulso desde él y de manera ingeniosa.

¿En qué consiste esta trama? Bueno, no diremos muchos o, mejor, no detallaremos mucho. Sin embargo, en todos los tráilers hay una promesa de algo que se viene esperando desde una entrega anterior. En Avengers – Age of Ultron nos dejaban en claro que Natasha fue formada, junto con muchas mujeres, por una institución que perfeccionó sus habilidades de asesina y la esterilizó como al resto de sus integrantes. Esta institución es denominada en los tráilers y el film como la “Habitación Roja”, o “Red Room”. Privándose de hacer el chiste cinéfilo inevitable de referenciar al “Redrum” de El Resplandor,  la directora Cate Shortland cumple con lo prometido en la segunda Avengers y convierte a esta habitación en un museo análogo a la petrificación de la mujer y sus destrezas, como también a la trata de personas. Esto sin ser, ni alegorizar específicamente en ese tema.

Hablando de museificaciones rojas y el secuestro de adolescentes, este film se relaciona al UCM de manera similar a lo que hace el episodio titulado Museo Rojo con la serie Los expedientes secretos X. Bien saben los seguidores de la serie de los ovnis que hay episodios que se vinculan con el argumento principal de conspiraciones gubernamentales y otros que son autónomos, etiquetados como “Monstruo de la semana”. De manera extremadamente lábil a los primeros se los catalogan como “character driven” (conducidos por los personajes) y a los segundos como “story driven” (conducidos por la historia), cuando en general cada relato tiende a ser un híbrido de ambos, mientras que Museo Rojo fue el primero en ser las dos cosas deliberadamente.

Esta película llega –y hubiera llegado también, de haberse estrenado en su fecha original pre-pandémica- en un momento en el que los eventos de su universo compartido están agotados y como nunca. Hay muchas historias y personajes por explotar, perfecto, pero todo lo que tenía por auto cumplirse ya fue elaborado en Avengers – Endgame. De ahí la firmeza de Black Widow por sostenerse y explorarse en un género tan específico.

Con todos los elementos que en esta obra se supieron poner en práctica con sutileza, le cuestionaremos un detalle técnico que atenta contra su puesta en escena: su modo de aplicar el flashback. Este es un recurso al que la saga Bond casi siempre le huye como la peste porque es un cocodrilo difícil de domar, sobre todo para argumentos enredados con espías. Alguien que se atrevió a emplearlo y lo hizo a la perfección fue Brian De Palma en Misión: Imposible. Basta con recordar el genio del autor en la escena que Ethan Hunt se reencuentra con Jim Phelps. Phelps le relata unos acontecimientos a Hunt, pero este se imagina todas las acciones opuestas porque sabe que su mentor es un traidor y a lo largo del film hemos descubierto indicios junto al personaje para poner en duda la fidelidad de su colega. A este estreno dirigido por Shortland no le cuestionaremos menudencias superficiales como el uso del CGI en las secuencias explosivas, pero sí que su manera funcional de aplicar el flashback en el tercer acto atenta contra su pacto tácito para y con la confianza de sus públicos.

¿Será Black Widow una de las entregas más amadas por fans del UCM? Si no se saben apreciar esos gestos como los que hemos mencionado, lo dudamos mucho. Es posible que se la tome por una película comprometida en el mal sentido, como la cuota necesaria de una corporación por nunca haberle dado una superproducción propia a su gran emblema femenino y encima después de haber matado al personaje. Y hasta podría ser entendida como un mero menjunje de referencias cinéfilas para entendidos inverosimilistas. Por nuestra parte diremos que estamos ante un relato que, si está comprometido con algo, es con lo histórico del género que aborda. Todo lo demás, sobre todo su justificación de pertenecer a un conjunto de sagas compartidas, es secundario.

 

 

 

© Lucas Manuel Rodriguez, 2021 | @LucasManuel94

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Cate Shortland. Guion: Eric Pearson. Elenco: Scarlett Johansson, Florence Pugh, David Harbour, Rachel Weisz. Producción: Kevin Feige. Duración: 134 minutos.

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2 respuestas a “Crítica: Black Widow, por Lucas Manuel Rodriguez”

  1. Cefe dice:

    Ahi ta, brillante sobre el mic, Soy un gil que camino la vida por la vereda de enfrente. Dislculpame Jose Luis que yo sea un payaso bocon. No se cómo salir de esta. Besis

  2. Hola Cefe. Esta vez diste en el clavo con tus afirmaciones. Te disculpamos. Choque de puños.

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