01.06.21
Cine _ Estrenos

Crítica: Boss Level, por Javier Porta Fouz

A estas alturas está bastante claro: dos películas de los noventa han sido las más influyentes en el cine que vino después, en “el cine después de ellas”. Esto es verdad, aunque quizás -seguro- sea incompleto. Pero no nos vamos a poner exhaustivos ahora, que no tenemos la eternidad en el bolsillo. Esas dos películas fueron -son- Heat y Groundhog Day. Una de ellas, Heat (Fuego contra fuego, así le pusieron y así multiplicaron por cuatro y medio la extensión de su título) fue nada menos que una remake hecha por el mismo director, Michael Mann. La película magistral como re escritura de otra, en realidad de un telefilm. Y Groundhog Day, o Hechizo del tiempo o Día de la marmota o Atrapado en el tiempo (ok, I’ve got you babe), dirigida por Harold Ramis es la de Bill Murray que se despierta siempre el mismo día. El resto del mundo lo vive por primera vez, él ya lo vivió. Por eso aprende, aprende o “aprende”. Ese dispositivo, esa máquina narrativa energizada a relato iterativo dio lugar a una película magistral, la propia Groundhog Day, y luego influyó en una cantidad siempre creciente -duh- de otras películas. 50 First Dates, Happy Death Day, Edge of Tomorrow, Source Code, Palm Springs… y podríamos agregar unas cinco más sin pensar demasiado, pero -otra vez- la eternidad no nos ha sido otorgada. Y ahora llega otra, llamada Boss Level, dirigida por Joe Carnahan, el mismo simpático tarambana -dicho esto construyendo la figura del director/enunciador a través de sus películas, porque no conozco a Mr. Joe- de Narc, Smokin’ Aces y Brigada A.

En Boss Level tenemos a un señor -Roy Pulver, el contundente Frank Grillo, bastante más grandote que Pepe- al que lo matan todos los días, que es el mismo día, bueno, en realidad para él es otro cada vez que recomienza. Y va aprendiendo, a los golpes -y no solo golpes- cómo permanecer vivo más segundos, más minutos, más horas. No, más días no… por esto del dispositivo. Hay una intriga tecnológico-militar con tintes egipcios detrás. Y, mejor aún, con Mel Gibson detrás. Mel Gibson es un recurso actoral no renovable, por lo que se ve, por lo que se respira en los aires viciados de los tiempos. Gibson es alguien que puede hacer equilibrio en la sutileza de la exageración, en el understatement del énfasis, en la contención de la explosión y -milagro- a la vez lograr que las explosiones sean cabales, consecuentes con las arrugas conseguidas, ganadas, aprendidad. También está Naomi Watts, que puede actuar lo que quiere y que puede convencernos no solamente de que es la rubia de King Kong sino que también podría hacernos creer que es King Kong, o Kong King. Lástima que se haya hecho famosa tan tarde, y que ya no pueda revivir y reescribir su carrera antes de Mulholland Drive. No hay repetición de esos días para ella, ni para nosotros.

Pero para vivir y revivir, y morir y remorir y resucitar en Boss Level está Roy Pulver, que se carga al hombro una película de súper acción, y de acción filmada en diversas escalas de perfecta inteligibilidad, de asombrosa fluidez para poner y repetir el movimiento, bajo el domo de un cine que endiosa al montaje con criterios claros y que encumbra la lógica del videojuego con claros criterios, y que sabe obtener humor de los pequeños cambios de orden y de otros órdenes en las resoluciones parciales y también de diálogos salvajes y crudos como los del cine de acción de antes de las debacles (incluso hay malos acá, vamos todavía). Boss Level es tosca por convicción en su disposición informativa y hasta reitera lo que ya quedó claro -por iterado, por conocido el procedimiento, por obviedad sentimental- en las explicaciones en off de los entuertos del personaje, y tosca y alegre en sus tiempos saltimbanquis. Con toda esa actitud y todo ese desparpajo para imitar procedimientos, con citas muy directas a un montón de películas -y a Groundhog Day más allá del procedimiento ya apuntado antes, o ayer- y con toda su crucial habilidad para mostrar tiros, líos y cosha golda, es una lástima que Boss Level se arruine en el último aliento al teñirse de cinismo y haraganería con un final tan indeterminado, tan poco respetuoso de las tradiciones que se venían usando como fuente, tan cagón.

 

 

© Javier Porta Fouz, 2021 | @JavierPortaFouz

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Joe Carnahan. Guion: Chris Borey, Eddie Borey, Joe Carnahan. Elenco: Frank Grillo, Mel Gibson, Naomi Watts, Michelle Yeoh, Ken Jeoung. Producción: Randall Emmett, George Furla, Frank Grillo. Duración: 94 minutos.

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