13.07.21
Cine _ Estrenos

Crítica: Gualeguaychú: El país del carnaval, por Carla Leonardi

De la fiesta como momento de libertad:

La filmografía del prolífico realizador argentino Marco Berger presenta rasgos de autor claramente reconocibles. El eje temático en torno al cual giran sus películas es la problemática del deseo homosexual, ya sea en sus dificultades para asumirlo, para realizarlo en un marco de libertad e incluso en las consecuencias de aceptarlo en contextos adversos. Desde lo estético, la mirada destaca el hedonismo de los cuerpos varoniles, llegando a consagrarse como icónico lo que se ha dado en llamar el “plano Berger”, recortando la inflamación fálica.

No obstante, ha sabido reinventarse cada vez al alejarse de terrenos trillados y al realizar un abordaje desde el género, como la comedia romántica en Plan B (2009) o el thriller psicológico en El cazador (2020), y también rompiendo con el estereotipo del homosexual histriónico en sus formas. Y esta vez, Gualeguaychú: El país del carnaval (2021) no es la excepción. Los créditos nos dicen que se trata de un documental de Marco Berger, pero a poco de adentrarnos, por suerte consigue alejarnos del tedio de los lugares comunes del género con entrevistas en plano fijo o voces en off que apuntan al didactismo. Berger arriesga al romper las formas y consigue que como espectadores nos preguntemos qué estamos viendo. ¿Se trata de una ficción documental? ¿De una película experimental?

Gualeguaychú nunca aborda el clásico carnaval entrerriano de manera directa, sino indirecta. Berger sostiene una mirada de soslayo, bordeando sus alrededores, su contexto, su antes y después, e hibrida la mirada que documenta pedazos de lo real con fragmentarias escenas de ficción que no cuajan en una trama plenamente consistente. Al mismo tiempo, las fronteras entre ficción y documental se desdibujan una y otra vez, descolocando al espectador.

Vilmar (Vilmar Paiva) anhela y hace lo posible por acceder a un lugar en una comparsa. Le han negado su participación, supuestamente por beber reiteradamente mucho alcohol. Su amigo El Toro (Franco Heiler), en cambio, disfruta del lugar indiscutido que se ha ganado en la comparsa. Allí es una estrella consagrada, capaz de encender el deseo de hombres y mujeres que buscan la ansiada foto junto a él. Una chica junto a su novio llegan a la quinta desde Buenos Aires para participar del carnaval. Por momentos son personajes de ficción, por momentos son alumnos del taller de teatro de Marco que conversan con los actores protagonistas. El propio director irrumpe en escena dando indicaciones a los actores y hablando de las ideas que tiene para el montaje. ¿Estamos ante una ficción documental del detrás de escena del carnaval o del making of de la propia película?

Esta ruptura de las formas del género es plenamente consistente con el contenido que aborda Berger en Gualeguaychú. He allí su inteligencia. El carnaval es un ritual que se cumple una vez al año. En ese pueblo entrerriano que se dedica a actividades principalmente agrarias durante el año y cuyas practicas sociales se enmarcan en las clásicas estructuras familiares, cada verano el carnaval es la fiesta, es la posibilidad de la suspensión momentánea de todas las convenciones sociales. El director sigue el detrás de escena de un grupo de jóvenes varones heterosexuales que se permiten lucir con orgullo sus cuerpos torneados, sus trajes, sus brillos y ofertarse a la mirada como causa de deseo, rompiendo con el estereotipo y el binarismo de género. En el carnaval, un varón heterosexual puede adoptar una practica femenina y feminizante, que es aceptada por la sociedad. De ahí que así como en el corto La reina (Manuel Abramovich, 2013) el plano fijo y la voz en fuera de campo marcaban las demandas y presiones externas a que quedaba sujeta esa niña, aquí la imagen fluye en movimiento y rebasa de testosterona y alegría descomprimida de sujetos que consienten su elección.

Al mismo tiempo, a través de los chistes homoeróticos en el vestuario o de los roces candentes  entre los cuerpos masculinos en los bailes o en las duchas, la mirada de Berger desnuda el homoerotismo como base constitutiva de los lazos de amistad y compañerismo entre varones heterosexuales. Aún más, la entrada en escena de El rubio (Gastón Re) y su novia, crea un triangulo de tensiones eróticas cuyo otro vértice es El Toro, dando cuenta claramente de que sólo se desea a una mujer sobre la base de amar a un varón. Es decir que un varón puede desear a una mujer a condición de soportar la posición pasiva respecto de la ternura amorosa por otro hombre, sea este el padre o alguno de sus representantes (hermano, novio, esposo, amigo, etc.), de la mujer en cuestión.

En suma, Gualeguaychú es una nueva vuelta de tuerca sobre las clásicas inquietudes del director, pero desde nuevas y arriesgadas formas mediante las cuales no deja de acuciarnos con preguntas sobre el lugar del patriarcado en la sociedad, sobre el estallido del binarismo de los géneros y sobre los modos singulares de arreglárselas con el deseo y el goce.

 

 

© Carla Leonardi, 2021

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Argentina, 2021)

Dirección: Marco Berger. Guion: Marco Berger, Martín Farina. Elenco: Franco Heiler, Vilmar Paiva, Gastón Re. Producción: Marco Berger, Murray Dibbs, Tomás Fernandez Juan. Duración: 78 minutos.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.