11.09.20
Cine _ Estrenos

Crítica: Guapis (Cuties) (Netflix), por Horacio Bernades

Unas semanas antes de su estreno, la imagen de promoción elegida por Netflix para el lanzamiento del film francés Mignonnes (Cuties en inglés y Guapis para Hispanoamérica) generó un escándalo tal que motivó su supresión y cambio por un nuevo fotograma, de tono neutro. La imagen original, tomada obviamente de la película, mostraba a las cuatro protagonistas -todas ellas de once años- con poca ropa y en poses sexies, lo cual gatilló acusaciones de instigación a la pedofilia por parte no sólo de la plataforma sino también de su directora, la debutante Maïmouna Doucouré, así como intentos de censura previa. El dedo acusador, que se levantó antes de que la película tuviera ocasión de mostrarse, llevó incluso a la recolección de 300 mil firmas para su levantamiento en la página change.org, que suele defender causas justas. Un pedido de disculpas por parte de Netflix y la difusión del nuevo fotograma tranquilizaron a los hijos de Torquemada y permitieron su estreno. Entre tanto, Doucouré llegó a recibir amenazas de muerte, por su presunta explotación de la sexualidad infantil.

Una vez más la mera constatación de los hechos desnuda el tamaño de la intolerancia. Hija de senegaleses, Aminala, que adopta para sí el apócope de Amy, se halla plenamente integrada a su país de acogida. No tanto al entorno familiar y cultural, con una abuela que le quiere enseñar a cocinar “para que se haga mujer”, una religión que predica la idea de que en el infierno las mujeres son más numerosas que los hombres, y una madre que acepta entre sollozos que el padre se haya casado con otra mujer en el país de origen y venga a celebrar el casamiento con su propia presencia. Cuando Amy tiene su menarca, la respuesta de la madre es reírse, en lugar de enseñarle el uso del tampón, la toalla higiénica o la copa menstrual. Carente de respuestas por parte del mundo adulto -o de ejemplos que no le generen rechazo-, Amy queda extasiada por un grupo de chicas de su edad que lucen empoderadas. Usan tops y calzas ajustadas, bailan como émulas de Madonna, encaran a chicos mayores y se agarran a cachetazos con otras chicas. Parece un mundo más atractivo que el de los rezos y la parentela tradicionalista y Amy se integra a él, superando el rechazo inicial de la cerrada hermandad.

Doucouré, ella misma negra y de familia senegalesa, mira el mundo a través de los ojos de la protagonista (lo cual no es difícil, dados los ojazos de Fatiha Youssouf Abdillahi). En su búsqueda de aceptación Amy va más lejos que sus modelos, toma demasiado literalmente la compulsión por llamar la atención vía redes sociales y comienza a cometer transgresiones que generan un rasguido en la identificación del espectador. Si la progresiva ruptura de Amy con el mundo de sus mayores llama a la empatía, no sucede lo mismo cuando roba, miente o intenta reproducir al pie de la letra una sexualidad adulta, en la que incluso cabe el intento de trueque de objetos por favores sexuales. En esas instancias comienza a quedar claro que Doucouré no está dispuesta a seguir a su heroína a toda costa, y que sin abandonarla del todo tampoco piensaresfignar la posibilidad de abrir una segunda mirada. 

Lo que puede provocar desconcierto en espectadores prejuiciosos es que esa segunda mirada no tiene un afán moralista y acusador, sino que mantiene el respeto por la subjetividad de la protagonista. Es Amy la que se halla en una encrucijada que sólo ella puede resolver. El relato la acompaña. En tiempos intolerantes (por derecha y por izquierda) más de un espectador esperará que el relato asuma una u otra opción, “que tome una posición clara”. Cuando lo que quizás sugiera Guapis, a la larga, sea la posibilidad de una “tercera vía” que le sume a la resuelta toma de posición de Amy una asunción de límites que ante la deserción de los adultos debe imponerse a sí misma. Es la negación de asumir una única posición para siempre por parte de la realizadora, infrecuente en tiempos de oposiciones maniqueas, lo que provocará desconcierto en los más habituados a relatos de sentido único.

calificacion_4

 

 

© Horacio Bernades, 2020 | @horaciobernades

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Francia, 2020)

Guion, dirección: Maïmouna Doucouré. Elenco: Fathia Youssouf Abdillahi, Medina El Aidi-Azouni, Esther Gohourou, Ilanah Cami-Goursolas, Myriam Hamma. Duración: 96 minutos.

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