29.03.21
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Crítica: Hermosa venganza (Promising Young Woman), por Horacio Bernades

¡Qué título le fueron a poner a Promising Young Woman en Latinoamérica! ¿Por qué no le dejaron Una joven prometedora, como en España? ¿Será que con la promesa de que la protagonista es hermosa se aseguran público masculino baboseante? De ser así, ¿no sería un poquito contradictorio que una película que apunta sus dardos contra toda forma de abuso -aun las que pueden considerarse más “leves”- intente seducir espectadores masculinos con el arma de la belleza femenina? Ahora que lo pienso, no sería contradictorio sino todo lo contrario: una forma de llevar la idea de la película a la relación con el espectador, a quien la película seduciría para ajusticiarlo. En cualquier caso, no creo que los tituladores sean tan sofisticados en la elección de títulos.

Como se sabe, Promising Young Woman (voy a mantener el título original, por respeto hacia sus creadores) es una variante hasta ahora no tratada de la fórmula rape & revenge (“violación y venganza”, si se prefiere). No se trata en este caso de la búsqueda de venganza por parte de la víctima de una violación, sino de su mejor amiga. El hecho de que Cassie (Carey Mulligan) tenga como fondo de pantalla una foto de ella con Nina podría dar a pensar que eran más que amigas. Pero esa es toda la referencia que hay a esa posible presunción, de lo cual se deduce que la realizadora y guionista británica Emerald Fennell no quiere dar a pensar eso. Amigas, entonces. En tal caso, amigas del alma, ya que de otra forma sería inexplicable que Cassie se convierta en “cazadora de hombres”, para vengar lo que pasó con Nina. Una cazadora tenaz e hiperproductiva: la libreta en la que va anotando y tachando los objetos de su venganza permite estimarlos en centenares. 

Pero acá viene otro desvío con respecto al molde original: Cassie no los mata, sólo los aterroriza. Los desempodera: es ella la que, mostrándose primero en un estado de alcoholismo tal que la convierte en “presa fácil”, termina asumiendo el control de la situación, asustándolos y por lo tanto emasculándolos simbólicamente. Esto puede provocar decepción, en la medida en que uno espera que los haga mierda, cuestión de consumar una venganza a la medida del daño provocado. Esta ausencia de hemoglobina podría tener su lógica, teniendo en cuenta que los tipos a los que Cassie “se levanta” no son monstruos. Salvo los de la segunda parte. Pero eso es otra cosa, como veremos en seguida. Los que se levanta al comienzo son más bien aprovechados. Se aprovechan de su estado aparente, para cogérsela sin que ella esté en condiciones de consentir, disentir o reaccionar. La política de Cassie cambia cuando, por razones azarosas, da con la pista de los que violaron a Nina en manada, en tiempos en que ambas eran estudiantes de medicina. Allí sí, la joven prometedora aprovecha un encuentro masivo para llevar un set quirúrgico en su botiquín de enfermera erótica. 

Es entonces que sobreviene una nueva transgresión al género y, en mi caso, una nueva decepción: Emerald Fennell priva a la heroína de su venganza final, optando por un final distinto (detengámonos ahí, por razones de spoiler) al de la consumación. Promising Young Woman empieza siendo una rape & revenge digamos tímida, modosa (en términos de las intenciones de la protagonista, no de tono), y termina siendo una rape sin revenge. ¿Qué efecto produce esto en las espectadoras, a cuya recompensa simbólica el género apunta? La sensación que me produjo a mí fue la de un coitus interruptus: todo parece conducir al clímax, pero ese clímax no se consuma. ¿Apunta Fennell a demostrar que la venganza nunca es solución? Parecería haber algo de eso. Esa es al menos la posición de la madre de la víctima, encarnada por Molly Shannon. La señora Fisher está de duelo, asume que las cosas fueron como fueron y que life is a bitch, digamos: buscar venganza sólo traerá más muerte y dolor. ¿Pero no cabe acaso la posibilidad de buscar justicia? A diferencia de otras fábulas de rape & revenge, en Promising Young Woman no aparece la instancia legal, que revictimiza a la mujer violada, y la única intervención de la policía es para cumplir con el deber que la constitución le dicta. 

¿En qué situación queda el espectador al final de Promising Young Woman? En la de la mayor impotencia y deprivación. Si Fennell diera a su película un tono de tragedia, ese final podría sugerir que es necesario seguir bregando en la consecución de justicia, por los medios que sean, si no se quiere seguir perdiendo y perdiendo. Porque eso es lo que muestra Promising Young Woman: un crimen del pasado que se continúa en un crimen posterior. Un círculo perfecto en su redondez ¿Que en la medida en que los agresores (algunos de ellos) son atrapados por la policía, puede suponerse que habrá un juicio posterior, y que podría tratarse de un juicio justo? Ponele. Pero eso no exime del doble luto, que más que como tal se presenta casi como celebración, en la decisión de tono más desconcertante de la película. En líneas generales, el tono que adopta Fennell no podría estar más lejos de la tragedia oscura. Lo de Promising Young Woman es un pop-punk-camp lleno de humor (negro) y color. Incluye, justo en la mitad, un recreo romántico en el que Cassie vuelve a creer (o cree por primera vez, no lo sabemos) en el amor heterosexual. 

Ese recreo, que parte la película en dos (tres, más precisamente), es como un corto aparte, que incluye una típica secuencia de comedia romántica, con la pareja bailando graciosa y payasescamente en una farmacia, al ritmo de un tema de Paris Hilton. En esa secuencia madre se insertan momentos felices de ellos en la intimidad. Pueden pensarse dos cosas ante este interludio: que Fennell juega explícitamente a desorientar al espectador o que falla en su intención, ya que dado el tono escéptico que tiñe la película no es difícil sospechar que la campana que indica el fin del recreo va a sonar pronto. Más allá de las objeciones y desconciertos, la ópera prima de Fennell (showrunner y guionista en jefe de Killing Eve, una serie a mi gusto mucho más lograda en su condición de comedia nihilista, melodrama sangriento e historia de amor imposible) tiene lo suyo.

Señalar como victimarios no sólo a los predadores sino a los testigos consentidores de la predación es uno de los grandes aciertos de Fennell. Mejor todavía, esos cómplices no tienen por qué ser sólo hombres: si la violación es un ejercicio de poder masculino, el silencio ante ella no necesariamente tiene género. En esa línea la película es muy consecuente con su planteo: Cassie “caza” también a una mujer, haciéndole vivir lo mismo que vivió su amiga. Y aterroriza a otra, la decana de la facultad, que es lo que podría llamarse “traidora a su género”. Si en términos de tono y registro Promising Young Woman está “peinada en sentido contrario” (incluyendo una partitura trágica-romántica que parece salida de Vértigo), algo se mantiene constante y es el espíritu de Cassie. Ella se viste y sobre todo se peina para matar (o no). Pero la mirada tristísima de Carey Mulligan, su máscara rígida y la distancia helada que Cassie impone al mundo no dejan lugar a dudas sobre lo que le pasa por dentro. Esos tres rasgos son los mismos que luce Villanelle, la temible asesina de Killing Eve.

El mayor problema de Promising Young Woman son, para mí, algunas resoluciones. Básicamente la de la escena culminante, que está mal armada, es visualmente torpe, no se entiende (en términos físicos, digo) y se resuelve de un modo estúpido que, quiero creer, será deliberado, pero no sé a qué apunta en términos dramáticos. ¿Las nominaciones? La única que me parece plenamente justificada es la de Carey Mulligan, corazón de la película. Las demás -Dirección, Guion, Edición, Película- bué, en fin.

 

 

© Horacio Bernades, 2021 | @horaciobernades

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Reino Unido, Estados Unidos, 2020)

Guion, dirección: Emeral Fennell. Elenco: Carey Mulligan, Adam Brody, Ray Nicholson, Sam Richardson, Clancy Brown, Jennifer Coolidge, Alfred Molina. Producción: Tom Ackerley, Ben Browning, Emerald Fennell, Ashley Fox, Josey McNamara, Margot Robbie. Duración: 113 minutos.

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