09.10.21
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Crítica: Kate (Netflix), por Joaquín Chazarreta

Tras ser envenenada con un químico radioactivo, una joven asesina a sueldo cuenta con sólo 24 horas para encontrar al responsable y matarlo. A la manera de Crank, pero sin su encantadora desmesura, o de John Wick, pero sin su magistral ejecución del género, Kate hace de la vendetta de su antihéroe —una protagonista arquetípica, debilitada pero prácticamente invencible— el eje narrativo de lo que pretende ser una espectacular película de acción.

Sin embargo, a los pocos minutos de empezada (luego de un prólogo que probablemente ya hayan visto en otras diez películas, y tras una persecución de autos digitales que parece salida de un nuevo Need For Speed), se vuelve evidente que el espectáculo visual brillará por su ausencia y que lo único que evitará que apretemos el botón de pausa, volvamos al menú inicial y le demos play a la anteúltima temporada de Brooklyn Nine-Nine es nuestra empatía por la protagonista y su carrera contra el tiempo. En este sentido, es una verdadera lástima que el primer acto falle estrepitosamente en construir a un personaje digno de nuestro interés, el cual nos invite a acompañarlo voluntariamente y no por mera inercia, durante ciento seis minutos que se perciben incluso más largos que la noche entera que transcurre en el relato.

Competente en su labor, Mary Elizabeth Winstead está lejos de ser la culpable, pero es cierto que la actriz no cuenta con muchas herramientas para esculpir a Kate, un personaje con una caracterización rayana en la unidimensionalidad y con un conflicto central pobremente desarrollado: en el citado prólogo, la asesina mata a un hombre delante de su hija y, más tarde, dice estar arrepentida pero, por fuera de esa línea de diálogo, la película no nos da ningún indicio de que sea efectivamente así… hasta el momento en que, claro, Kate se cruza con la niña en cuestión. Para colmo, con su culpa, llegan los flashbacks. Por suerte, la aparición de dicho personaje durante el segundo acto logra infundirle algo de vida al guión (un poco, no mucho): en efecto, a partir de que “Ani” (Miku Patricia Martineau) se suma a las peripecias de Kate personaje, Kate película se disfraza de buddy movie y, aunque sea por un rato, la trillada trama de venganza da un paso al costado para hacerle lugar a los simpáticos roces de una pareja dispareja.

Más de uno se acordará de Atomic Blonde al hablar de Kate y, dejando de lado que el director de la primera oficia como productor ejecutivo de la segunda, es cierto que los puntos de contacto son varios y que la comparación resulta tentadora. Sí, ambas películas están protagonizadas por una mujer de armas tomar que a nada le teme y que le otorga el título al film que estelariza, pero mientras que Charlize Theron y David Leitch lograron que el destino incierto de la rubia atómica nos importase y que cada uno de sus golpes nos doliese, Winstead y Cedric Nicolas-Troyan no logran infundirnos preocupación alguna por el inminente destino trágico de Kate. Por otro lado, y en relación a las escenas de acción, recuerdo que en mi crítica de Hobbs & Shaw cité a Atomic Blonde justamente como antecedente inmediato de que Leitch sí sabía filmar el género (algo que nadie creería viendo el spin-off de Rápidos y furiosos). Una vez más, las escenas de acción de aquella película —que tampoco eran la gran cosa, digamos todo— vuelven a ser enaltecidas, pero esta vez por Kate, cuyas peleas se encuentran intervenidas por un montaje frenético y nada efectivo, ideadas con escasa creatividad y coreografiadas tan alevosamente que parecen salidas de un programa de lucha libre (el diseño sonoro tampoco ayuda mucho).

Sin ánimos de tirarle más flores a la película de Leitch (que apenas me gustó, debo admitir), quisiera agregar que Atomic Blonde por lo menos intentaba camuflaba sus falencias, entre otras cosas, con una memorable tracklist, algo que sorprendentemente —teniendo en cuenta lo canchera que se cree— Kate jamás intenta hacer. Por el contrario, sus hilachas son más que visibles y su superficial abordaje explicita su falta de voluntad para eludir los lugares comunes del género y traer algo nuevo a la mesa (o, en su defecto, para abrazar la fórmula y llevarla a cabo con orgullo). No sólo eso, sino que también ostenta una desagradable pedantería, manifiesta en su actitud de superada, en su constante estado de pose y, sobre todo, en su clímax pretencioso, filmado en cámara lenta y sin un ápice de adrenalina.

Bueno, ahora sí: ¿dónde estábamos, Brooklyn Nine-Nine?

 

 

 

© Joaquín Chazarreta, 2021 | @JMChazarreta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Cedric Nicolas-Troyan. Guion: Umair Aleem. Elenco: Mary Elizabeth Winstead, Woody Harrelson, Miku Patricia Martineau. Duración: 106 minutos.

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Una respuesta a “Crítica: Kate (Netflix), por Joaquín Chazarreta”

  1. Vivi dice:

    Muy buen análisis.

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