17.07.21
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Crítica: La calle del terror – Parte 3: 1666 (Fear Street – Part 3: 1666), por Daniel Nuñez

La calle del terror – Parte 3 es la última (hasta la fecha, esperemos) de la anímica saga terrorífica made in Netflix sobre escritos de R.L. Stine. En ella se describen los temibles acontecimientos que condicionan a un pueblo, Shadyside, a una maldición de muertes horrendas y sanguinarias. Los protagonistas son dos hermanos y un par de amigos, los cuales irán estirando la pata progresivamente avance la trama. Como hablamos en anteriores textos sobre las anteriores entregas, los acontecimientos están sumamente ligados a toda forma de hacer corrección política y encarar temas (entiéndase política) que a estas alturas provocan todo tipo de bostezos: hablar de emancipar a la mujer utilizando los tópicos más trillados (hasta cuándo van a saturarnos con la imagen de la bruja, la cacerías de brujas, etc) en un tema que parece ya querer decir basta. Y no por estar en desacuerdo con la emancipación del género femenino, claro que no. Todo lo contrario. Más bien porque el cine a estas alturas debería pasar a otro estadio con el tema: en vez de hablarnos sobre cómo la mujer se “libera” o “se debe liberar” podríamos hablar de la mujer ya liberada. 

Tipos como James Cameron lo entendieron en la década de los 80 con películas como Terminator (1984) o Aliens (1986), las cuales, más que sermonear sobre el tema, simple y llanamente posicionan a la mujer en un lugar de poder y liderazgo. Se hablaba de ello porque se creía en su funcionalidad sin acudir a la mera pose. El camino de la mujer, en la vida real y el cine, ya está trazado, por lo que hablar de “abrir los ojos” ya está quedando en un panfleto momificado y para nada feliz, a pesar de las buenas intenciones. Hace poco, Oxygen de Alexander Aja hablaba de algo similar, pero se la perdonamos porque la obra estaba cargada de símbolos, lecturas interesantes y como se debe, contada de forma acorde. Esto claramente no sucede en esta aburridísima saga que a pesar de buscar y rebuscar desesperadamente desde un mal posicionamiento la aprobación del espectador mediante la nostalgia, cinefilia y autoconciencia, queda a merced de clichés que solo a un público muy naive o desprevenido puede llegarle a interesar.  

La tercera entrega, situada como su título nos advierte en 1666, nos cuenta cómo se originó la maldición de Shadyside en una colonia durante las nefastas y salvajes cacerías de brujas. La joven Sarah Fier es acusada injustamente de confabular con el maléfico solo por estar enamorada de otra mujer, por lo que la comunidad, en medio de histerias varias, irá tras ella y su objeto de deseo. Esto nos adentra en el terreno de la victimización sistemática en loop: son los estragos causados a esta joven lo que dejó una marca en el pueblo, sazonado con brujerías varias pero ajenas a la pobre protagonista. Todo ello es una mera excusa que se ajusta a los tiempos que corren: las mujeres que hacen el mal no existen (?), son así porque la sociedad las llevó a un camino de corrupción. Digamos que soslayar el mal en nuestra naturaleza; negarlo, por así decirlo, es una cuestión polémica y digna de unicornios rosas, arco iris de colores brillantes y canciones de los Parchís. Hablar del mal no es profano, ni inmoral, ni anti ético. Por el contrario, ese mismo mal se contrapone siempre con un personaje (la mayoría de las veces la/el protagonista) que es representación del bien. De ahí la lucha del bien contra el mal, sin que esto cargue con moralinas ni mensajes explícitos sobre el buen comportamiento. Eso se lo dejamos a He-Man y sus enseñanzas ochentosas. 

Lo más extraño es que esta entrega es quizás la más acertada de las tres. Ofrece algunos momentos inspirados, ideas para nada desdeñables e instantes de buen suspenso y tensión. Eso sí, esta cuestión temporal solo dura la mitad de película: el resto nos devuelve a 1994, con los protagonistas de la primera parte intentando resolver el caos que los envuelve. Ya en ese pasado no tan lejano el film se torna menos climático, menos oscuro y más reiterativo y predecible. Tanto, que era de esperarse una canción de The Offspring metida en alguna escena. 

Para que nos entendamos vuelvo a expresar el buen visto sobre películas que no evangelizan temas sobre la sexualidad de la mujer y su lugar en el mundo. Obras que aceptan franca y directamente la posición del género hablando de temas universales: el camino heroico, la búsqueda personal, la redención u otra forma de confrontación con los problemas del mundo. Esos films son The Retreat (2021), What Keeps You Alive (2018) y Séance (2021).

 

 

 

© Daniel Nuñez, 2021 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Leigh Janiak. Guion: Phil Graziadei, Leigh Janiak, Kate Trefy. Elenco: Kiana Madeira, Ashley Zukerman, Gilliam Jacobs. Producción: Kori Adelson, Peter Chernin, David Ready, Jenno Topping. Duración: 114 minutos.

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