07.05.21
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Crítica: La excavación (The Dig) (Netflix), por Daniel Nuñez

La excavación es un viaje. Un viaje hacia el reposo eterno, un camino de ida hacia donde todos los mortales nos dirigimos: la muerte. Omnipresente, latente, a la espera, el funesto destino de la protagonista (la gran Carey Mulligan), una viuda adinerada que perdió a su esposo en la primera guerra mundial, se manifiesta en forma de una enfermedad ya avanzada y que progresivamente deteriora su cuerpo. Edith Pretty vive sola con su pequeño y soñador hijo, más un puñado de trabajadores y criados a la espera de que ese monstruo llamado tiempo la devore paulatinamente. Con un último aliento de vida, decide realizar una posible última voluntad: excavar el suelo de sus tierras en busca de un tesoro perdido hace miles de años. Para eso contacta a Simon Brown, un experimentado excavador con el cual forjará un vínculo sentimental importante. Asistido por un grupo de personas, Brown descubre que en una de esas raras lomas yace un navío de la época anglosajona con un enorme y valioso tesoro. 

Inspirada en un hecho real, La excavación es un relato histórico que, más allá de suponer una obsesión por el descubrimiento en sí y su valor cultural e histórico, se detiene a contemplar los acontecimientos que rodean a los personajes involucrados en dicho trabajo. Simon Brown (correcto Ralph Fiennes), tipo parco, distante y crepuscular, se rinde a lo que parece ser la única cosa que sabe: excavar el suelo de Suffolk, lugar que lo vio crecer y que le regaló dicha profesión. Edith Pretty, quien vive preocupada por el futuro de su hijo, visita la tumba de su difunto esposo de manera ritual, aceptando que el camino de la vida puede tener un final cercano. Peggy Piggott, la joven que reacciona a tiempo de haber dedicado fuerzas a una relación que no va ni para atrás ni para adelante, más si tenemos en cuenta que su pareja es un homosexual reprimido que sigue casi obsesivamente a un trabajador de la excavación. En sí el descubrimiento no es más que una excusa para que los seres del relato acepten su destino, aprendan a comprenderse y carguen en sus espaldas la aventura como viaje personal.  A su vez  el navío representa para la viuda Pretty un viaje hacia otro mundo, el mundo de los muertos; esto será afirmado por una escena, ya avanzada la película, donde se recuesta en la nave y observa las estrellas en el vasto cielo nocturno mientras su hijo emula al capitán que dirige dicha fantasía simbólica. 

La excavación no peca en su construcción y deja claro lo que le interesa: mostrar a los personajes lidiando con sus miedos, dudas, pasiones, frustraciones y necesidades. En ese sentido el film es orgánico aunque por momentos su esencia lánguida y fría no emocione. La excavación en sí no es para nada emocionante porque el director Simon Stone poco se preocupa por generar climas o enfatizar la puesta en escena hacia el McGuffin de la obra, es decir, el barco. Cada descubrimiento es menos emocionante o atrapante que el anterior, lo que estanca al film en una suerte de panfleto reflexivo, deprimente en su tratamiento visual (el cromatismo neutral de su puesta en escena, esos cielos tormentosos y opacos, esas tomas de Fiennes sobre la maleza a lo Terence Malick, el aire triste que respiran sus personajes constantemente) y que no parece ajustarse a la supuesta obsesión detrás del hallazgo. La escena de la  excavación al inicio de El Exorcista es cien veces superior a las dos horas a las que nos somete la película de Stone. Que sea un drama histórico no justifica lo apagado que resulta en líneas generales. Síntomas de estos tiempos donde se narra con una seriedad abrumadora, donde el apartado técnico “naturista” termina por desmitificar la naturaleza del cine. Porque a fin de cuentas, el cine es una maqueta que necesita inevitablemente del artificio inventivo, del pulso creativo y narrativo, del poder de las imágenes y su necesaria creencia para seguir existiendo. Sin eso, ¿qué nos queda?

 

 

© Daniel Nuñez, 2021

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Reino Unido, 2021)

Dirección: Simon Stone. Guion: Moira Buffini. Elenco: Carey Mulligan, Ralph Fiennes, Danny Webb. Producción: Carolyn Marks Blackwood, Murray Ferguson, Gabrielle Tana, Ellie Wood. Duración: 112 minutos.

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