30.06.20
Cine _ Estrenos

Crítica: Los fuertes, por Carla Leonardi

El amor vence al odio:

De una manera concisa puede decirse que Los fuertes (2019), película del realizador chileno Omar Zuñiga, es la historia de un amor que tiene como protagonista a una pareja homosexual. Sin embargo, lo que a primera vista aparenta ser una ficción romántica sencilla y hasta clásica en su estructura y propuesta estética, se enriquece a partir de los detalles que dan cuenta del contexto en el cual se desarrolla, proponiendo una re-lectura de las ideas naturalizadas que se tienen acerca de la virilidad. 

El comienzo de la película nos presenta a los personajes protagonistas y establece un contrapunto respecto de la realidad familiar y económica de cada uno de ellos. Lucas (Samuel González) es un joven arquitecto que llega desde Santiago a Valdivia para pasar unos días de visita en la casa su hermana mayor. La hermosa y amplia construcción de la vivienda, así como las primeras conversaciones que mantiene con su hermana Catalina (Marcela Salinas), dan cuenta de su pertenencia a una familia acomodada y tradicional. La estadía de Lucas en Valdivia tiene fecha de vencimiento, ya que luego del carnaval partirá hacia Montreal para realizar un posgrado de arquitectura. Se plantea también que Lucas tiene una relación tensa con su padre, que el avance de la trama revela como producto de la dificultad para aceptar la homosexualidad del hijo.

Por otro lado, Antonio (Antonio Altamirano) es un joven de extracción social humilde que, siguiendo la tradición de su padre, trabaja como contramaestre en un barco pesquero y también realiza recreaciones para turistas de la histórica batalla de 1820 en la lucha por la independencia de la corona española que tuvo lugar en El fuerte situado en Niebla. Antonio es un joven arraigado a su tierra, que está orgulloso de sus raíces identitarias, a diferencia del cosmopolitismo desarraigado del capitalino Lucas. Su abuela es empleada doméstica en la casa de Catalina y es nexo a través del cual los protagonistas se conocen. 

El director dedica un tiempo minucioso e importante del relato a la construcción del vínculo entre los protagonistas, que traduce con verosimilitud la química interpretativa de los actores. De esta manera, transitamos la historia de este amor en sus diversos momentos: el flechazo signado por la mirada deseante de Antonio hacia Lucas desde el espejo retrovisor de su camioneta la primera vez que se ven, el acercamiento a un primer diálogo que los encuentra casualmente en un puesto de comidas en El fuerte, el primer beso incontenible; los besos furtivos y robados a escondidas del entorno, el sexo apasionado pero tierno, los momentos compartidos al irse conociendo y también el desencuentro que anticipaban las diferencias establecidas entre ambos. 

La fotografía de la película es un elemento destacable, no solo por su belleza, sino porque opera como un elemento simbólico. A la vez que da cuenta de la majestuosidad y la calidez del sentimiento amoroso que viven los protagonistas, también funciona expresando la frialdad y la hostilidad del entorno en el cual viven su amor, signado por el conservadurismo y la hipocresía de la sociedad chilena. Estos aspectos están vinculados a la concepción tradicional y normativizada de la virilidad y se juegan en la relación de Lucas con su padre y en el acoso que sufre Antonio por parte de Roca (Nicolás Corales), un marinero de la tripulación a la que pertenece.   

La concepción de la virilidad como sinónimo estereotipado de superioridad, dominio y heterosexualidad no sólo deja muy limitada la experiencia de la masculinidad, sino que influye en el rechazo y la violencia que se ejerce hacia aquellos hombres que no responden a este modelo ideal. Zuñiga da cuenta entonces del efecto del patriarcado en los propios hombres,  sea porque no pueden aceptar diversidades dentro de la virilidad (como el padre de Lucas), porque consideran al otro como objeto de su pertenencia y no toleran el límite que pueda venir de este o porque por presión social no pueden blanquear su homosexualidad, sosteniendo relaciones paralelas al ideal de familia tradicional (como es el caso del personaje de Roca).

Desde esta perspectiva patriarcal, lo que no se ajusta al modelo de masculinidad es concebido como femenino de manera peyorativa. De ahí que Zuñiga no cae en la clásica representación del homosexual en términos de un amaneramiento grotesco y artificial, ya harto superada en el cine,  como por ejemplo se puede ver en estas latitudes en la filmografía del realizador argentino Marco Berger.  

Otro punto interesante es el subtexto alegórico que aportan las luchas por la independencia como acontecimiento histórico. Desde este punto de vista, la película puede leerse como un coming of age. Ambos protagonistas obtienen un crecimiento al final del recorrido. Es la separación que efectúa cada uno respecto de los mandatos del patriarcado que los invade a su alrededor, lo que les permite vivir libremente la historia de ese amor.

En última instancia, la película de Zuñiga encuentra toda su potencia en las resonancias simbólicas del titulo que apunta a cuestionar la idea más común y natural sobre la virilidad. Fuerte no es el que hace ostentación de su virilidad a través de la violencia o el que se presenta como patrón inconmovible y bajo control. Por el contrario, Los fuertes son aquellos que como Lucas y Antonio son capaces de jugarse la virilidad en la honestidad del deseo y el amor, más allá del qué dirán y de las imposturas sociales, asumiendo el riesgo de perder.  

 

 

© Carla Leonardi, 2020

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Chile, 2019)

Guion, dirección: Omar Zúñiga Hidalgo. Elenco: Samuel González, Antonio Altamirano, Marcela Salinas, Rafael Contreras. Producción: José Luis Rivas, Omar Zúñiga Hidalgo. Duración:

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.