09.07.20
Cine _ Estrenos

Crítica: Nadie sabe que estoy aquí (Netflix), por Eduardo Elechiguerra

(El siguiente texto detalla planos de los primeros minutos de la obra. Proceda a su propio riesgo)

Nadie sabe que estoy aquí (2020) narra la vida retirada de Memo  (Lukas Vergara / Jorge García) en una isla. En su infancia, su padre cedió sus talentos vocales a Angelo (Vicente Álvarez / Gastón Pauls), otro niño más agraciado físicamente. 

La paradoja reside en que este problema de apariencias no dialogue con la propuesta estética de la obra. La agudeza audiovisual evoca la desolación del protagonista a través del montaje de Soledad Salfate y Christian López, pero la actuación de García brinda pocos matices más allá del gancho comercial de su casting.

En los primeros segundos de película ya escuchamos ramas agitándose. Luego con la imagen todavía en negro, una voz grave y masculina da indicaciones: “Respira, no con la garganta”. Suena otra voz aniñada diciendo “ah, ah, ah”. La primera le reprocha de forma autoritaria que no está bien sostenida. 

A medida que cada “ah” es pronunciado, aparecen en negro los créditos, entre ellos el nombre de los actores. Esta simple decisión de montaje nos está dando pistas, junto con la relación de poder entre ambas voces, que tal instrumento humano fundamenta la historia que veremos. La propuesta no se queda ahí.

El tutor le reprocha y ejemplifica él mismo, de forma tosca, cómo debe ser la pronunciación. Sus “ah” suenan fuertes, acelerados y es a este ritmo que aparecen más nombres del elenco, alrededor del protagónico. El ingenio en la manera de mostrar estos créditos se exacerba cuando el niño obedece a la orden de inhalar. En ese momento, aparece a través de un plano general el bosque sugerido en aquellos sonidos iniciales y veremos, ahora no solo de forma auditiva, lo que Memo no ha podido ser hasta ahora.

Frente a tal ambientación sonora, hay a la vez un estremecimiento vinculado con la obra y una pérdida doble. Por un lado, el efecto sonoro de la exhalación se enriquece cuando caemos en cuenta de que respirar es un acto orgánico para la música, cierta filosofía y la biología. Esta simplísima decisión de montaje nos alude en perspectiva a la respiración como metáfora de un mundo que Memo creó para aislarse. De hecho él mismo aparece en esa escena boscosa camuflado con una remera verde y empequeñecido bajo árboles de más de cinco metros de altura.

La primera pérdida ocurre en los minutos siguientes cuando se nos propone con un montaje alterno un abismo temporal entre la infancia en formato VHS y la adultez en una textura menos granulosa. Al mismo tiempo escuchamos una sintonía sonora en el montaje. Ahí coinciden las indicaciones a las que él obedece de niño para que le tomen fotos durante un casteo de talentos y los movimientos en su adultez mientras está en una casa que no es la suya. Entendemos entonces que él sigue repitiendo los patrones reprimidos en su infancia, aunque el guion no lo volverá un criminal en su adultez.

A los segundos, se nos sugiere de nuevo que el aislamiento creado por Memo es solo geográfico. Lo ilustran la canción con la que demuestra su talento y da título a la obra, y el plano americano donde vemos tres reflejos translúcidos a través del ventanal: el interior de esta casa, el paisaje que se proyecta en el vidrio y el lago al fondo. El protagonista se deslizará “como una gacela” en estas tres superficies audiovisuales durante toda la película, y a pesar de una clave ya presente en esa escena: la televisión farandulera.

La segunda pérdida aparece cayendo en cuenta de una incertidumbre no directamente relacionada con la película pero sí con nuestro aislamiento actual. ¿Podremos vivir semejante ambiente audiovisual en una sala de cine?

Con tal multiplicidad de sentidos e inquietudes audiovisuales al comienzo de Nadie sabe que estoy aquí, quedan desplazadas las razones de cualquier aislamiento. Y es precisamente aquí hacia donde se dirige esta producción chilena de los hermanos Larraín. Tal vez era inevitable ir por ese camino luego de seis minutos tan lúcidos en su retrato de los conflictos entre el adentro, el afuera y los límites autoimpuestos entre ambos.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2020 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Chile, 2020)

Dirección: Gaspar Antillo. Guion: Gaspar Antillo, Josefina Fernández, Enrique Videla. Elenco: Lucas Vergara, Vicente Álvarez, Nelson Brodt, Juan Falcón, Julio Fuentes, Jorge García. Producción: Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín. Duración: 91 minutos.

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