23.05.21
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Crítica: Pasajero inesperado (Stowaway) (Netflix), por Marcelo Zapata

La misión a Marte de la nave MTS-42 va tripulada por dos mujeres blancas (la comandante Toni Collette y la médica Anna Kendrick) y un hombre asiático (el biólogo Daniel Dae Kim). A poco de despegar, el cupo inclusivo del elenco se completa con la aparición de un técnico afroamericano, Shamier Anderson (el pasajero inesperado del título en español, o el “stowaway”, el polizón, del original inglés), que había quedado atrapado en un techo mientras hacía tareas de mantenimiento.

Quien lo descubre, ya bien lejos de la Tierra y sin posibilidad de regresar, es la comandante, cuando en un examen de rutina observa que desde un panel superior cae sangre. El hombre está herido, inconsciente, y cuando vuelve en sí (la doctora Kendrick lo cura con pericia) no sólo se entera de que está en el espacio exterior sino de que su presencia allí, más allá de la empatía y natural bondad de sus accidentales compañeros de viaje, no es bienvenida. Su cuerpo, apretujado en ese hueco, dañó irreparablemente el extractor de dióxido de carbono, y en esas condiciones la supervivencia de todos es imposible, porque donde respiran tres no respiran cuatro. Además, el viaje que tienen por delante no es corto: la expedición demanda dos años.

El biólogo, que lleva muchas plantitas a bordo para hacer experimentos con el oxígeno en Marte, no tiene más remedio que sacrificar esas investigaciones de tantos años para utilizarlas en la nave, pero aun así es inútil: allí sobra una nariz y un par de pulmones. O liquidan a uno, o mueren todos. Sin embargo, la corporación Hyperion, responsable del viaje, no será la que decida quién se va y quiénes se quedan: eso es tarea de ellos. No hace falta aclarar cuál es el candidato más claro al sacrificio; el problema está en quién se lo dice (si es que se atreven a decírselo), y de qué forma.

Planteado así el conflicto se advierte rápidamente que Pasajero inesperado, lejos de ser un film de ciencia ficción o un thriller espacial, es un huis clos de conducta social que podría transcurrir en un club, una oficina o una agencia de publicidad. De hecho, en 1968 ya se hizo en una agencia de publicidad: fue la famosa película de Juan José Jusid Tute cabrero, sobre libro de Tito Cossa, cuyo argumento es idéntico (la obra de teatro “El método Grönholm” que rodó años más tarde Marcelo Piñeyro como El método, también se reconoce en un conflicto ligeramente similar).

La agencia, en el film de Jusid, necesitaba reestructurar su planta (hacer “reingeniería”, como se diría años más tarde), y les confiere a los tres dibujantes del departamento creativo que decidan ellos quién se va. Juan Carlos Gené es el de mayor antigüedad, Luis Brandoni el más joven y talentoso, y Pepe Soriano el de mayor de edad y con una clara desventaja: está perdiendo la vista y hasta es incapaz de distinguir trazos y números en los diseños. El título del film provenía del clásico juego de naipes, en donde dos jugadores, según la alternativa de cada partida, pueden aliarse para derrotar a un tercero.

Sin incurrir en “spoilers” digamos sólo esto: el desenlace del film argentino era impecable mientras que el del Pasajero… tiene tanto sentimentalismo como dióxido de carbono. Y ya no se sabe cuál de ambos elementos es más nocivo para la salud. No se trata de que esta producción no funcione; al contrario, tiene buen ritmo, buenos actores, suspenso, y hasta ofrece un modesto consuelo a los recluidos espectadores de Netflix ya que los protagonistas, también encerrados por dos años, ni siquiera pueden ir al Carrefour Express del barrio o a la ferretería (pero hacen, eso sí, algunas salidas al exterior de la nave un tanto más peligrosas). El problema, uno de ellos, consiste en esa entrega a las irrelevantes confesiones sentimentales de los personajes y al resto de las lágrimas que jalonan la llegada al final. En Tute cabrero no lloraba nadie: el conflicto de desarrollaba y resolvía con inteligencia.

El otro obstáculo es la verosimilitud: el espectador suele aceptar muchos detalles fantásticos en las películas del espacio, pero que una organización sofisticada como Hyperion, que monitorea desde la Tierra no sólo cada milímetro de la nave sino hasta las pulsaciones cardíacas de los tripulantes, no advierta, repetimos: no advierta durante el despegue que quedó un tipo de ochenta kilos encerrado en un techo resulta más difícil de creer que las respuestas de las mujeres infieles a sus maridos en los chistes clásicos cuando éstos descubren al amante negro escondido en un placard: “Es el técnico, querido”.

 

 

 

© Marcelo Zapata, 2021 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Joe Penna. Guion: Joe Penna, Ryan Morrison. Elenco: Anna Kendrick, Daniel Dae Kim, Shamier Anderson, Toni Collette. Producción: Jonas Katzenstein, Maximilian Leo, Clay Pecorin, Ulrich Scwarz, Nick Spicer, Aram Tertzakian. Duración: 116 minutos.

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