07.05.20
Cine _ Estrenos

Crítica: Perdí mi cuerpo (I Lost my Body) (Netflix), por Eduardo Elechiguerra

[El siguiente texto incluye detalles importantes de la historia. Avance bajo su riesgo o vea la película antes. Se consigue en Netflix]

A Isadora

Hay una incertidumbre atravesando J’ai perdu mon corps (2019). Esta va más allá de saber cómo Naoufel perdió su mano o incluso de si fue él a quien le pasó. Y por lo menos tres elementos orquestan esa inquietud profunda como conductores simbólicos de este cuerpo cercenado: el retrato de la infancia, la idea de destino y la banda sonora.

Jérémy Clapin y Guillaume Laurant escribieron el guion a partir de la novela Happy Hand  (2006) de este último. A través del equipo de animación dirigido por David Nasser y con el montaje alterno de Benjamin Massoubre, ambos guionistas relatan la vida de Naoufel (Nakim Faris) a la par que la mano busca su cuerpo incompleto. Su desempeño torpe como repartidor le permite conocer a Gabrielle (Victoire Du Bois), una de las clientas. En esa noche lluviosa se complica la entrega del pedido y hablan a través del intercomunicador.

Ya esa escena levemente graciosa y situada casi a la mitad nos brinda una pista clave: atendamos más aún los sonidos de la obra multipremiada hace unos meses. En ese sentido, el trabajo de las voces del elenco y en particular la música compuesta por Dan Levy nos advierten desde antes sobre movimientos interiores en la infancia del personaje.

Si afianzamos las certezas de que tanto cine como animación se basan en el movimiento, entonces el recuerdo de infancia donde Naoufel graba el sonido exterior del carro rodando nos habla en varios niveles. En esa escena él pierde no solo a sus padres. Y ahí tampoco el sonido representa únicamente la dualidad simbólica que invita a la aventura y asoma el peligro. Ambas también son motivaciones para que él al final quiebre el destino y la película afiance sus artificios en múltiples niveles.

De hecho hay escenas en los que ese destino del que hablan Gabrielle y Naoufel no es un obstáculo. La conversación nocturna entre ambos amantes es clave para captar esto. Los tintes de la posible pareja nos recuerdan a Joel y Clementine en Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). Ambas relaciones buscan amarse en medio de tanto frío no solo invernal, también en medio de tanta indiferencia y rutina sugeridas en los personajes circunstanciales. Gabrielle trabaja entre libros como Clementine y en ambas historias esos lugares son el contexto de complicidades claves. Y en particular ambas obras recurren a la idea melosa y más sugerente de que el amor entra por los oídos más que “por la boca”, como reza el dicho.

La riqueza central en la película reside finalmente en el artificio de la mano. Esta no solo traza la biografía accidentada del protagonista. Más allá de las dudas de si esa parte del cuerpo pertenece a él y si es así, cómo la perdió; el propio título nos sugiere una pérdida como sujeto y no solo cuerpo íntegro. Tanto el nombre original en francés como las traducciones al inglés (I lost my body) y al español (¿Dónde está mi cuerpo?) proponen que la mano enuncia la pérdida. Pero esta no verbaliza sus búsquedas narrativas o familiares como sí ocurre en muchas películas animadas donde lo ‘inanimado cobra vida antropomórfica’. Aquí la mano simboliza un tercer costado. Mientras ella busca su cuerpo perdido, nos permite como espectadores observar el entorno desolador de la ciudad. Y con el montaje además se entraman sentidos de la infancia (mas no infantiloides) y la posibilidad amorosa de Naoufel.

De esa manera, al final la película no recurre a un fracaso amoroso ni victimiza al personaje con un suicidio. Hurgando en los recuerdos claves, la mano funciona como recurso del guionista y los ilustradores para reflexionar sobre lo manual en el ser humano. Hagamos memoria con lo simbólico: la mano no solo deja huellas en la arena, imagen de la película además muy significativa por lo efímero de toda impresión en una playa. Todo lo manual también revisita experiencias pasadas gracias a su posibilidad de escritura, animación, música y oficios donde el cuerpo propio se reconoce ante sí mismo, los otros, y los tiempos pasados y venideros.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2020 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Francia, 2019)

Dirección: Jérémy Clapin. Guion: Jérémy Clapin, Guillaume Laurant. Voces: Hakim Faris, Victoire Du Bois, Alfonso Arfi, Deborah Grall. Producción: Marc Du Pontavice. Duración: 81 minutos.

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