03.07.20
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Crítica: The Wild Goose Lake (MUBI), por Horacio Bernades

Cuarto largometraje del realizador chino Diao Yinan, The Wild Goose Lake combina, como la previa Black Coal, Thin Ice -ganadora del Oso de Oro en Berlín 2014- la intriga policial con el drama romántico y el realismo social. Seleccionado para la Competencia Oficial del Festival de Cannes, de modo semejante a su film anterior el opus cuatro de Diao fusiona una historia policial con la relación de un hombre con dos mujeres, todo dibujado contra el fondo de la sociedad china como fondo. Allí se trataba de un yacimiento carbonífero y de espacios y edificios derruidos. Aquí hay una escena en una fábrica, y la última parte tiene lugar en un populoso barrio de clase baja, así como en restoranes de medio pelo. No faltan los toques gore, que en Black Coal, Thin Ice daban lugar a un cuerpo cortado en partes y desperdigado por distintos rincones de China, y en The Wild Goose Lake a una sorpresiva decapitación, que ocurre sin indicio previo.

Diao echa mano de elementos característicos del noir: el héroe fatalista, cierta forma de fumar, flashbacks, luces de neón, un entramado de lealtades, traiciones y falsas lealtades y traiciones. Pero interpola disrupciones: una escuela de ladrones, un “jarrón parlante” en una feria de atracciones, una escena en un zoológico nocturno, con los animales iluminados por luces de linternas. El héroe, Zhou Zenong, parece condenado ya en la primera escena, con sangre seca en la frente, una actitud furtiva y la cabeza gacha. Llueve a baldes, y Zenong se protege debajo de un techo. Aparece una mujer que no es la que él esperaba, que fuma tanto como él, y que comparte con él la pose de dura. Por cierto que Zenong posa de duro y es duro: cuando recurre al karate lo hace con tanta contundencia como Bruce Lee. Por un flashback nos enteramos de que a Zenong lo persigue la policía; por otro, que la chica que vino a su encuentro conoce a su esposa, la persona a la que él esperaba.

Zenong se sabe condenado por haber matado sin querer a un policía. En las últimas escenas se va desangrando mientras escapa, como Fred McMurray en Double Indemnity o Belmondo en Sin aliento. Previamente hubo un desafío insólito entre dos clanes enfrentados: el que roba más motos en una noche se queda con un territorio. Consecuencia de haber matado a un hombre de la fuerza, a Zenong lo persigue la entera policía de Wu Han (sí, The Wild Goose Lake transcurre en el Wu Han prepandemia), y no sólo la policía sino también el ejército. Y no sólo la policía y el ejército, sino también los miembros del clan rival, que quieren hacerse con la cuantiosa recompensa que se ofrece por su cabeza. Como parte de una construcción arquitectónica de la trama, Diao recurre a simetrías: a un reparto de territorios entre los ladrones de motos se le hace corresponder otro en el cuartel policial. Un flashback sucede a otro, dos fuerzas persiguen al héroe.

Como los del cine negro, Zenong es un héroe dual, a quien mueve el deseo de reparar una falta. Cineasta moderno, Diao altera el modelo clásico mediante disrupciones de la línea principal de la trama. Sombras marcadas sobre una pared, una mujer que en plena huida se suma a una coreografía callejera, una escena entre espejos, una lluvia de aserrín en un mercado de pulgas, un hombre atravesado por un paraguas que se abre, otro luciendo la celeste y blanca de Batistuta. El espíritu de la película es tan engañoso como sus personajes: se hace la dura pero tiene un corazón romántico.

 

 

© Horacio Bernades, 2020 | @horaciobernades

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(China, Francia, 2019)

Guion y dirección: Diao Yinan. Año: 2019.  Elenco: Ge Hu, Lun-mei Kwei, Regina Wan. Producción: Li Li, Yang Shen. Duración: 113 minutos.

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