25.02.21
Cine _ Estrenos

Crítica: There is No I in Threesome (HBO Max), por Eduardo Elechiguerra

There is No I in Threesome (2021) entrelaza la realización documental con varias maneras afectivas de relacionarse hoy en día. En este cruce, Jan Oliver Lucks sugiere con su segunda película que el cine también puede vincular a otras personas y lugares desde la soledad. Y si esto implica que la obra ubicable en HBO Max se convierte por momentos en un acto de mirarse el ombligo, aquí la figura del sujeto se construye como si fuera un paisaje a solas aunque en la práctica esta haya sido una obra comunitaria con casi treinta personas en el equipo técnico.

En los primeros minutos la película propone quiebres de las condiciones dentro de la relación entre Jan Oliver Lucks y ‘su pareja’. Ellos conversan en escena sobre sus criterios para salir con otras personas durante el año previo a su matrimonio. Por ejemplo prometen ser sinceros con sus encuentros y que saldrán solo con gente del mismo sexo. En unas tomas posteriores proceden a reconocer que ya rompieron esta segunda regla. También hablan de las condiciones técnicas para el registro de estas salidas. Grabarán con dos cámaras, una para las subjetivas a un brazo de distancia de sus cuerpos y otra para el establishing shot. A lo largo de la obra habrá varias tomas aéreas donde es evidente el uso de un drone para ubicar a los personajes en una perspectiva que los minimiza cada vez más.

Así la trama va divagando por los encuentros de la pareja pero no pierde su objetivo. Hay una escena donde Ollie / Jan, alemán con descendencia iraní e hindú, hace montañismo para aliviar su soledad mientras Zoe (Natalie Medlock, también coguionista), su prometida, está a miles de kilómetros de distancia incentivándolo por chat a que conozca y se relacione afectivamente con otras personas. Estos mensajes de su futura esposa aparecen sobre la imagen subjetiva del paisaje y la vigorosa composición musical de Jack Northover acentúa la sensación de esta escena como un autodescubrimiento de Ollie y nosotros ante las posibilidades del cine.

Por su parte, el costado afectivo de la obra toma mucho de la vida de Jan y se sitúa en una época donde las relaciones abiertas se jactan de respetuosas y flexibles “con las distintas versiones de cada individuo”. Y mientras el título recuerda la canción de “No I in Threesome” de Interpol, invita a pensar en un sujeto desdibujado y ambiguo frente al amor ya desde la confusión gráfica entre la i mayúscula y la ele. Veremos cómo en este pretendido ‘poliamor’, la intimidad se va desplazando para dar lugar al registro de constantes rupturas a las reglas establecidas.

Y durante el proceso de convertirse en un ‘falso documental’*, la obra también pierde el equilibrio mantenido hasta entonces con el retrato de una relación que busca subsanar traiciones a través de un vínculo maleable y honesto. No es esta la primera obra ni la primera pareja retratando acuerdos de relaciones abiertas pero es llamativa su sinceridad al incluir los malestares de ambos cuando salen con otros.

En otra escena hay una confusión por la pronunciación de ‘viril’ y ‘viral’ debido a las distintas procedencias de los protagonistas. Esto daría pie para reflexionar sobre cómo se define la virilidad hoy en día. ¿Somos viriles por cómo nos difundimos o por flexibilizar las dinámicas  afectivas? Pero Lucks nos hace sentir qué importa dónde esté la virilidad teniendo en mente la escena previa al borde del exhibicionismo donde él se hace un enema y ella lo graba entre risas mientras le ofrece la otra mano de apoyo y ladridos de su mascota.

Al final, la película sabotea en exceso la fidelidad del registro en pos de romper las normas y por la fascinación técnica para captar el paisaje neozelandés. El sorpresivo giro final distrae porque ya se nos sugirió varias veces que no habrá ecuanimidad en este retrato. Vemos más la perspectiva de Jan / Ollie que la de ella. Además desde el inicio hay elisiones que nos hacen dudar de que su experimento afectivo llegue a buen término. Y aunque hubiera llegado a un final feliz de ellos casados después de aceptar sus múltiples versiones de sí mismos, tanto autoengaño y concesiones aceptadas por parte de ambos asoma un sinsabor. Toda relación social está influida por expectativas mayores a las que inicialmente puedan hallar dos amantes con su química.

Así, Lucks retrata con gracia cómo cada realidad afectiva se construye a partir de un acuerdo mutuo que debe lidiar con la traición. Reconoce además que una relación abierta es sinónimo, no de promiscuidad sexual, sino de cuidada franqueza. Sin embargo, aceptar esto tampoco lleva a un entendimiento sano de los vínculos y así lo deja en claro la película.

 

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2021 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

* Es fácil caer en los tecnicismos teóricos, por lo que sería más provechoso tener en mente a Jan Oliver Lucks parafraseando al documentalista Errol Morris: “la verdad no está en la manera como documentas algo – tienes que pelear por ella y encontrarla” (“you know, truth is not in the way you document something — you have to really fight for and find it”). Aquí pueden conseguir la entrevista.

(Nueva Zelanda, 2021)

Dirección: Jan Oliver Lucks. Guion: Jan Oliver Lucks, Natalie Medlock, Alex Reed. Elenco: Jan Oliver Lucks, Natalie Medlock, Simon London, William McDougall. Producción: Alexander Behse, Alex Reed. Duración: 88 minutos.

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