16.09.15
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Inmortal (Self/less)

(Estados Unidos, 2015)

Dirección: Tarsem Singh. Guión: David Pastor y Àlex Pastor. Elenco: Ben Kingsley, Ryan Reynolds, Matthew Goode, Natalie Martínez, Victor Garber, Derek Luke, Jaynee-Lynne Kinchen, Melora Hardin, Michelle Dockery, Sam Page. Producción: Ram Bergman, Peter Schlessel y James D. Stern. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 117 minutos.

Sobrevida y capitalismo.

Hasta la fecha la carrera de Tarsem Singh formaba una suerte de cuadrado cuyos vértices a su vez podían dividirse en dos dípticos con características específicas, el primero de una enorme calidad y el segundo unos cuantos escalones debajo. Aun con sus desniveles producto de aquella ebullición creativa, La Celda (The Cell, 2000) y The Fall (2006) fueron obras magníficas que lograron ir mucho más allá del promedio mainstream en las comarcas del terror y las aventuras respectivamente, en especial gracias a la certera inclusión de una imaginería muy rica relacionada con el arte hindú y de Medio Oriente. Lamentablemente ni Inmortales (Immortals, 2011) ni Espejito Espejito (Mirror Mirror, 2012) estuvieron luego a la altura de las circunstancias, dos films bellos pero un tanto vacuos a nivel del contenido.

La película destinada a “desempatar” era Inmortal (Self/less, 2015), el opus número cinco del señor y un convite de lo más curioso si lo pensamos en términos de su pasado reciente: hablamos de un ejemplo de la ciencia ficción existencialista a la Philip K. Dick que juega con dos de los ejes conceptuales predilectos del norteamericano, la memoria y la identidad. Como si se tratase de un trabajo por encargo vinculado a los representantes más minimalistas del rubro de la década del 90, aquí definitivamente Hollywood mantuvo la correa corta porque consiguió que Singh eliminase la fastuosidad técnica y el surrealismo visual, aunque también se percibe que la “contraprestación” por parte de la industria fue el no exigirle escenas burdas de acción que lo desviasen del interesante desarrollo dramático.

Así las cosas, la trama en cuestión comienza con el magnate multimillonario Damian Hale (Ben Kingsley) padeciendo un cáncer terminal y dispuesto a someterse al tratamiento que le ofrece el misterioso Profesor Albright (Matthew Goode), el cual consiste en la transferencia del acervo cognitivo desde su persona hacia un nuevo cuerpo, presunta gloria de la ingeniería genética. Luego del procedimiento de turno y una muerte inducida, Damian se despierta en otro “envase” (Ryan Reynolds toma la posta) con la promesa de muchos años de sobrevida, siempre y cuando no deje de ingerir unas pastillitas rojas que lo ayudan a evitar el rechazo. Por supuesto que las alucinaciones -esas que nunca faltan- eventualmente lo llevan a descubrir que su cuerpo ya tenía dueño y que el susodicho era cabeza de familia.

El guión de los hermanos españoles David y Àlex Pastor combina sin prejuicios elementos de las poco recordadas Coma (1978), El Hombre del Jardín (The Lawnmower Man, 1992) y Contracara (Face/Off, 1997), para en esencia recuperar aquellas diatribas contra los peligros y la ausencia de un marco ético del capitalismo científico, en su vertiente médica/ psicológica. De hecho, una vez más nos topamos con una organización inmunda que lucra con la desesperación ajena y hasta se maneja con un pequeño ejército de mercenarios encargados de “limpiar” cualquier accidente que pudiesen provocar sus acaudalados clientes. Sin dudas estamos ante la propuesta más impersonal de Singh, no obstante el director se las arregla para salir bien parado en función de su humanismo y su solvencia procedimental…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

Ciencia, familia, redención, muerte, vida… vida eterna. Son los temas principales que, debajo de la cáscara de thriller, yacen en Inmortal. Damian Hale (Ben Kingsley) supo convertirse en multimillonario pero no es feliz: es un hombre mayor, su hija no le tiene cariño y está por morir de cáncer. Entonces parece encontrar una solución cuando da con la organización secreta Phoenix, que nuclea a científicos encabezados por Albright (Matthew Goode). Al borde del ocaso, y mediante una sofisticada máquina, la conciencia de Damian es transferida a un cuerpo más joven y fuerte (Ryan Reynolds). Ahora con otro nombre, otro pasado y otra vivienda en Nueva Orleans, puede empezar de cero. Pero nada será tan fácil.

Mientras se divierte haciendo deporte, saliendo de noche y acostándose con las chicas que se le crucen, tiene visiones que apenas puede combatir con medicamentos provistos por Albright. Visiones que igual se irán intensificando, y en las que aparecen personas y lugares que Damian desconocía. La curiosidad es más fuerte, y pronto descubrirá que su avatar era un marine con esposa (Natalie Martínez) y una hija. A partir de ese momento, los tres deberán huir de los agentes de Albright, quien no parece muy feliz de que pongan en peligro sus oscuros manejos.

Más allá de la presencia del siempre impecable Kingsley y de un Reynolds medido, la película llama la atención por su director: Tarsem Singh. Sus largometrajes La Celda, The Fall, Inmortales y Espejito, Espejito son muestras de un poderío visual único e impactante. Inmortal se acerca a La Celda por ser un producto por encargo, pero así como en el film con Jennifer Lopez liberaba su imaginería, ahora permanece más controlado en ese aspecto y se brinda al servicio del guión de los hermanos Àlex y David Pastor. Es posible rastrear al cineasta en los hallazgos de la película, como una secuencia musical en Nueva Orleans, las visiones del protagonista y algunas referencias a las artes plásticas. Tampoco es casual que un personaje clave esté caracterizado como el director David Cronenberg, ya que también hay un protagonista que experimenta transformaciones -la de su cuerpo, la del mundo que lo rodea- y es acosado por un grupo con oscuras intenciones.

Sin embargo, cuando arranca la persecución a Damian y la familia de su “envase”, el opus se convierte en una película rutinaria (al tener pasado militar, el muchacho reacciona enseguida contra los villanos, como cualquier héroe de acción), aunque al menos el director nunca recurre a efectos por computadora. Pese a su fascinante concepto, Inmortal se estanca en la corrección formal y narrativa. Tarsem, los hermanos Pastor y el elenco pueden dar mucho más, pero ya tendrán revancha, en esta vida o en alguna otra.

calificacion_3

Por Matías Orta

orta@asalallena.com.ar

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