01.09.15
Cine _ Estrenos

Magic Mike XXL

(Estados Unidos, 2015)

Dirección: Gregory Jacobs. Guión: Reid Carolin. Elenco: Channing Tatum, Joe Manganiello, Kevin Nash, Gabriel Iglesias, Matt Bomer, Adam Rodríguez, Jada Pinkett Smith, Amber Heard, Andie MacDowell, Elizabeth Banks. Producción: Gregory Jacobs, Reid Carolin, Channing Tatum y Nick Wechsler. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 115 minutos.

Superficies de placer.

Así como vivimos en una sociedad ridícula en la que por un lado está legitimada la venta del tiempo/ esfuerzo particular, a ojos de la mayoría, y por el otro el comercio del cuerpo es visto bajo un signo negativo, por supuesto por esa misma mayoría que consume a pura hipocresía los productos del capitalismo sexual, películas como Magic Mike (2012) son en extremo necesarias porque analizan -desde la distancia que habilita el arte- esta confluencia social entre “trabajo” y “prostitución”. De hecho, aquella pequeña gran maravilla de Steven Soderbergh empardaba ambas comarcas y ponía de manifiesto las latencias positiva y negativa en torno a dos planos que en la vida diaria equivalen a la explotación de siempre.

La desaparición de los límites que establece el prejuicio berreta, y su unión en el esquema de la “carrera profesional”, constituían el marco conceptual de una estructura sencilla que giraba alrededor de la premisa del docente superado por su alumno, ahora en el ecosistema de los strippers de Tampa, Florida. En Magic Mike XXL (2015), Soderbergh le pasó la posta a Gregory Jacobs, uno de sus asistentes históricos, y si bien la obra no llega al nivel de su antecesora, aún conserva el encanto y hasta reproduce sin mayores problemas ese ideario sexploitation que evita la banalidad del Hollywood contemporáneo, resaltando la dimensión humana y las correlaciones entre las quimeras laborales y “el trabajo que paga las cuentas”.

Podríamos decir que esta secuela se adueña del engranaje prototípico de las franquicias que se contentan con escribir un comentario o “nota al pie” con respecto a la original, léase el sacar del centro de la escena a figuras otrora fundamentales para concentrarse en el protagonista y construirle un relato acorde, el cual paradigmáticamente esquiva el cliché de la continuación clásica y toma la forma de un devenir colateral. Así las cosas, hoy vuelan los personajes de Matthew McConaughey, Alex Pettyfer y Cody Horn mediante excusas varias, y la trama nos presenta el viaje/ reunión de Mike (Channing Tatum) con sus colegas strippers para una “actuación de despedida” en una convención del rubro en Myrtle Beach.

A pesar de los faltazos delante y detrás de cámara, la propuesta se sostiene bastante bien por una sabia combinación entre elementos conocidos (el acento naturalista y una fotografía despojada, de tonos sepias) y algunos novedosos (la convivencia grupal adquiere un rol decisivo, junto al reemplazo de la obsesión estética de antaño por el arte del lap dance). Precisamente, la historia adopta el armazón de las road movies para ofrecernos una serie de viñetas que unifican el desarrollo dramático y esa “danza estrella” -de índole onanista/ vinculada a la cópula- que hace del contacto entre el pene y la vagina un show bizarro, por suerte obviando la nostalgia del crepúsculo individual y exaltando el placer de la vocación.

Nuevamente dos de los puntos a favor del convite pasan por la inversión de la dialéctica tradicional de los géneros masculino y femenino, y el retrato de la estupidez de las mujeres en materia de consumo de productos aparatosos, de una genitalidad rimbombante, como los aquí analizados, demostrando que las señoritas y las señoras no tienen nada que envidiar a los hombres más babosos y sexistas. Los regresos de Tatum, cuyo mejor film sigue siendo Foxcatcher (2014), y de Reid Carolin, guionista de la primera, suman consistencia a un opus ameno que conoce sus limitaciones y no pretende ser más de lo que es, circunstancia que puede leerse como una jugada sincera y eficaz en pos de aquella satisfacción laboral…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

Road movie en zunga y con esteroides.

Magic Mike XXL (2015) caerá en la creciente lista de “secuelas innecesarias a la caza de un mango extra a costa del éxito inesperado de la producción original”. No hay nada que podamos hacer al respecto, digámoslo desde el arranque y saquemos a ese enorme elefante de la habitación. Saquemos al elefante metafórico y hagamos espacio literal para los bailarines cuyos músculos también necesitan cierto lugar para hacer su gracia. Magic Mike (2012) había sido un éxito inesperado que -sin dejar de ser un mero entretenimiento- combinaba el espectáculo del erotismo masculino con una historia de “maestro y aprendiz” que intentaba brindarnos más de una capa de lectura, y se apoyaba 100% en el tándem Matthew McConaughey- Channing Tatum. En esta ocasión McConaughey se bajó del proyecto y Tatum es el encargado de llevar todo el peso en sus aceitados hombros.

Transcurrieron tres años desde lo ocurrido en la primera entrega, y ahora Mike (Tatum) se encuentra alejado del mundo de los strippers y los clubes nocturnos. Vive una vida tranquila junto a su prometida y se dedica tiempo completo a su negocio de muebles artesanales (porque claramente el cliché de los hombres viriles siempre los obliga a hacer cosas con sus propias manos). Pero cuando su prometida abandona el barco, Mike vuelve a reconectarse con sus viejos amigos de la noche y se suma a un viaje hacia una convención de strippers. La película se encarga en cinco minutos de destruir todo aquello que el personaje de Tatum construyó durante el film anterior, simplemente para restaurar la fórmula “tipos musculosos sin ataduras y bien predispuestos para divertirse”.

Es así como nos encontramos ante una road movie que inserta como puede secuencias en las cuales los muchachos hacen su necesaria gracia y exponen sin restricciones pectorales, glúteos y abdominales en las situaciones menos esperadas, como puede ser comprar comida en una estación de servicio. Ya sin el club nocturno como espacio de acción, el formato road movie obliga a los guionistas a sacar conejos -sin doble intención- de la galera para justificar que los muchachos hagan lo que hacen. Y por tratarse de una película de bailarines eróticos, los números musicales son escasos y sin mucho trabajo coreográfico, incluso en la secuencia final.

La ausencia de McConaughey obliga a que los amigos de Mike tengan más peso en el relato, y es así cómo cada uno tendrá “su momento” dentro del film. Los guionistas intentan meter en medio de esto una historia de amor entre Mike y Zoe (Amber Heard) para levantar un poco los ánimos, pero con apenas tres escenas entre ellos es un poco difícil construir algo atractivo, o creíble. Heard no es una actriz descollante, pero así y todo se la percibe desperdiciada. Lo mismo ocurre con las apariciones especiales de Andie MacDowell y Jada Pinkett Smith. Finalmente cuando llegamos a la resolución del film -no decimos conflicto porque difícilmente haya uno- la historia se ha ido por la tangente de tal forma durante sus eternos 115 minutos, que poco nos interesa lo que vaya a pasar, sin importar cuánto aceite y purpurina intenten echarle encima.

calificacion_2

Por Alejandro Turdó

 

Juegos para mirar.

Hay algo distinto en la secuela de la sórdida Magic Mike (2012) de Steven Soderbergh, quien delegó la responsabilidad de la continuación en su habitual asistente de dirección Gregory Jacobs para la ejecución de Magic Mike XXL (2015), y esta reside en una mirada propia, independiente y distinta por parte de Jacobs, una visión mucho más amable y grácil del cine, lejos de la gélida y calculada forma narrativa a la que nos tiene acostumbrado Soderbergh.

Esta frialdad de Soderbergh, un condimento absolutamente intrínseco de su cine, no necesariamente conlleva una connotación negativa, en algunas de sus producciones ese témpano se convierte en el corazón narrativo, por ejemplo en Contagio (2011). Pero en Magic Mike XXL Jacobs rompe el hielo cinematográfico que predica su maestro para construir una película desprejuiciada, lúdica, alejada de cualquier tipo de conflictividad y problemática. El director toma la cámara como un juguete y durante dos horas se dedica al más placentero de los juegos: mirar.

El viejo equipo de strippers pierde a una pieza fundamental como Dallas (el gran Matthew McConaughey) y ante la ruptura del dúo de líderes que formaba con Mike (Channing Tatum), el cual fundó una pequeña empresa de decoración hogareña, los participantes residuales del grupo deciden hacer una última presentación en una convención de strippers en Myrtle Beach. Ahí, cuando Mike decide acompañarlos, es donde Jacobs se libera y empieza el juego con una secuencia de baile individual donde Tatum simula todo tipo de penes (una barra de metal contra una amoladora, un taladro contra una mesa, etc.), una verdadera escena de liberación, de decisión y de inicio de aventura.

La película tiene una estructura clásica de reagrupación/ viaje/ representación. Magic Mike XXL es una road movie plana, sincera, sin estridencias. Hay una especie de felicidad en adivinar que los personajes no necesitan crecer ni modificarse, solo tienen que entregarse al viaje, un viaje definitivo, de fin de ciclo, pero que no se vive como tal y en el que solo se disfruta el momento. Jacobs amaga con complejizar la narración con la aparición de Zoe (Amber Heard) y una supuesta subtrama amorosa con Tatum. Esto nunca sucede, no se cristaliza. De haberlo hecho el director estaría quebrando la convención narrativa, la lógica interna y la película naufragaría. No pasa porque no es necesario, no se puede derrocar esta pulsión de testosterona y mujeres hermosas gritando todo el tiempo con las dificultades que plantea el amor en el cine. En Kiss Kiss Bang Bang la maravillosa Pauline Kael decía que en el cine la mayoría de las cosas se reducían a dos elementos: tiros y sexo. En Magic Mike XXL no es así, el sexo es el MacGuffin y la película se trata de una sola cosa, de que los muchachos disfruten el viaje.

calificacion_3

Por Carlos Rey

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