18.12.19
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STAR WARS | Episodio VIII | Rebelión en la saga, por María Fernanda Mugica

STAR WARS – Episodio VIII

REBELIÓN EN LA SAGA

 

Cuando se estaba por estrenar la penúltima película de la saga de Star Wars se generó una discusión en torno al título. The Last Jedi contenía una incógnita que desvelaba a los fans: ¿será El último Jedi o Los últimos Jedi? (en inglés podría ser cualquiera de los dos). Hasta que su traducción en castellano confirmó que era en plural. 

La anécdota sirve para pensar en qué contexto llegamos a este tramo final de la serie de películas creadas por George Lucas. Por un lado, la maquinaria del marketing y, por el otro, los fanáticos a los que alimenta con información y pistas que les permiten hacer conjeturas sobre el film, mucho antes de sentarse en la sala de cine a verlo. Algunos de esos seguidores incondicionales de la saga se consideran guardianes del legado de Star Wars, los únicos que saben qué es digno de ser parte de ese universo y que no.

Rian Johnson, guionista y director del Episodio 8, pudo comprobar en carne propia el fervor de estos caballeros templarios de las redes sociales que se indignaron ante sus elecciones para el nuevo capítulo de la historia. Es difícil recordar los detalles de las quejas y poco importantes como para buscarlos en Google. El cuestionamiento básico tenía que ver con que se apartaba del canon y de lo que J.J. Abrams había planteado en la película anterior, una suerte de “reimaginación” de la Star Wars original (que ahora se conoce como Episodio IV: Una nueva esperanza).

¿Qué pasa si uno ve Episodio VIII como si se tratara de una película individual? Bueno, eso es casi imposible porque Star Wars es un verdadero relato seriado, que podría dividirse en tres partes (las originales, las precuelas y estas últimas). Es imposible negar la conexión entre las películas e ignorar la información conocida, aún para el espectador despreocupado por la miríada de detalles que se plantan en un film y luego vuelven a aparecer, se transforman o completan su sentido.

Desde la perspectiva de alguien que conoce la saga pero no es fanático, Episodio VIII es divertida y visualmente mucho más cautivante que sus antecesoras. La construcción de la estética de la Primera Orden es exquisita, con una paleta de rojo y negro, toques de blanco y superficies brillantes. Está en perfecto contraste con los tonos más terrenales de la isla en la que Luke está autoexiliado y a donde Rey va a intentar convencerlo de que vuelva a pelear con la Resistencia. No sólo cada parte de la galaxia tiene su aspecto propio, como sucedía en las películas anteriores, sino que la fotografía y la puesta en escena los diferencia. La narrativa en el cine es visual y Johnson conjuga bien sus funciones de guionista y director. Cada plano tiene una composición pensada al mínimo detalle para ser un cuadro armónico y, a la vez, efectivo para lo que está contando, un equilibrio que no siempre se respeta. Johnson parece preferir los planos grandes en los que se desarrolla la acción completa y los primeros planos para establecer una conexión directa entre el espectador y el personaje.

Tal vez algo que molestó a los fanáticos es cierta desmistificación de Luke, presentándolo en el comienzo como un viejo gruñón más que como un héroe. Luke está cubierto por un manto de sarcasmo y amargura que lo hacen muy distinto al que era en las primeras tres películas. Es la lógica narrativa: pasó el tiempo y sucedieron muchas cosas, incluidas una particularmente trágica y definitoria para él. Su evolución lo hace más interesante, más lejos de la figurita inmaculada del héroe de ciencia ficción y más cercano al héroe reticente de un western. 

La conexión con este género, que no es nueva en la saga, queda sellada en el enfrentamiento de Luke con la Primera Orden, en especial en los planos que Johnson elige para mostrar esta batalla imposible de un Jedi contra todo un batallón de armas. El gesto de sacarse el polvo del hombro luego de quedar intacto frente a los disparos (luego se explica cómo es esto posible), mientras Kylo Ren lo mira incrédulo, muestra lo distinto que es este Luke, aun heroico. Tiene algo de confianza y arrogancia que Hamill interpreta casi al punto del regodeo y hace a Luke más atractivo como personaje.

Otro motivo de controversia es la esperada revelación de quienes son los padres de Rey. ¿Sería hija de Leia, hermana de Kylo, hija de Luke? Lo que nadie esperaba es que sus padres no fueran ningún personaje clave, que apenas fueran un dato poco importante en la biografía de Rey. Es un gesto rebelde de parte del guionista y con un espíritu anti-monárquico, porque implica que el poder Jedi no viene del linaje sino que es una característica propia de la joven. Va en contra de la mitología pero, ¿no es mejor tener una heroína con poder propio y un heroísmo que ella misma fue construyendo?

Los últimos Jedi tiene cierta oscuridad y rebeldía frente a la mitología de la saga pero respeta el espíritu de aventura de Star Wars. Los 152 minutos de duración son algo excesivos pero están bien distribuidos entre las más emocionantes aventuras de Poe, Finn y Rose; el desarrollo de la relación mentor y aprendiz de Luke y Rey; y la más dramática batalla moral de Rey y Kylo. 

También respeta su magia y fe en los finales felices. La última secuencia tiene mucho de Disney, con el pequeño miembro de la Resistencia mirando a las estrellas, tal vez hasta pidiéndoles un deseo (como indica el himno de Disney “Whish Upon a Star”). Hay una expresión de esperanza más auténtica en una frase de Rose, cuyo espíritu idealista resume parte de la clave del encanto de Star Wars:

“Así es como vamos a ganar, no destruyendo lo que odiamos sino salvando lo que amamos”.

Toda una inspiración para los fans.

 

© María Fernanda Mugica, 2019 | @mfmugica

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