03.12.20
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Alejandro Cohen Arazi, director de El cadáver insepulto

Luego de hacer documentales, Alejandro Cohen Arazi debutó en el largometraje de ficción con El cadáver insepulto., un thriller psicológico muy cercano al terror. Esto es lo que Alejandro nos contó al respecto.

El cadáver insepulto es tu primera película de ficción luego de hacer documentales. ¿Cómo se dio este cambio?

Fue un cambio que estaba esperando hacía tiempo y que sabía que se iba a terminar dando de alguna manera. Afortunadamente fue así. Si bien yo me formé como documentalista y arranqué mi carrera haciendo documentales, la ficción la tengo siempre presente, estoy muy familiarizado con el relato argumental, en primer lugar como espectador y como cinéfilo, pero también como amante de la historieta y como ocasional escritor. Los modos de producción del documental y la ficción son muy distintos, y encarar por primera vez la producción de un largo de ficción implica un gran desafío y un aprendizaje enorme. Por suerte pude rodearme de gente con mucha experiencia y calidad humana que supo acompañarme en este nuevo camino.

La acción transcurre en una ciudad del interior. ¿Dónde rodaron la película?

Por cuestiones de producción, las tomas de interiores fueron grabadas en la ciudad de  Buenos Aires. Pero el trabajo de locaciones de Hernán Virués fue impecable, y sumado al gran trabajo de Fátima Gutiérrez, la directora de arte, se pudo reconstruir una atmósfera del interior en el barrio de La Paternal. Los exteriores si se hicieron en un campo, son en un predio en Marcos Paz con una enorme variedad de paisajes y estructuras edilicias que nos brindó todo lo que necesitábamos con muy pocos traslados.

Una de las escenas más llamativas del film es la del matadero. ¿Cómo lograron rodar ahí?

Desde el momento en que escribí esa secuencia, yo sabía que la quería en un registro documental inserto en una ficción. Era un riesgo experimental que estuve dispuesto a correr y que salió tan bien como lo imaginaba. Pude volver a ser un documentalista de equipo mínimo por un rato, en el medio del rodaje de ficción. Fue una experiencia muy fuerte, al día siguiente estaba descompuesto y tuve que llevar el rodaje así. El equipo de producción tuvo dificultades para encontrar una faenadora dispuesta a abrir sus puertas a las cámaras, y finalmente pudimos dar con esta empresa recuperada por sus trabajadores, que aceptaron nuestra propuesta y entendieron el tamaño modesto de la producción que teníamos entre manos.

La película pertenece al subgénero de las sectas, que en Argentina tiene varios exponentes. ¿Por qué pensás que este tema genera especial atención en los cineastas de acá?

Creo que es un tema fascinante que despierta interés en todo el mundo, en EE.UU. hubo un boom de documentales sobre estos grupos. Los cultos coercitivos como práctica de dominación penetran en elementos muy esenciales de la experiencia humana y eso los hace universales, puede ser que de ahí venga el interés y la atención. Creo que El cadáver insepulto no explora estos vínculos en la manera en el que suelen tratar las sectas, en mi película el grupo cerrado, la sociedad secreta y el pacto de sangre, están puesto con una utilidad narrativa, se usan como marco para explorar otras cosas: los valores familiares, la tradición, la herencia, el uso del poder patriarcal. En líneas generales cuando se habla de sectas se apela al morbo de la dominación, de la vejación, del abuso sexual, y en El Cadáver Insepulto el foco no está puesto ahí.

El elenco incluye caras no tan conocidas para el cine y figuras con más nombre, como Mirta Busnelli y Sergio Dioguardi. ¿Cómo hiciste el casting?

Una parte del elenco estuvo pensada mientras escribía el guión, y otra parte fue formándose de manera azarosa ya más cerca del rodaje. Algunos personajes los escribí pensando en actores en particular, o teniendo en cuenta a actores para que sean parte de alguna manera. Pensaba en gente amiga, o con la que haya trabajado y tenido una buena experiencia, gente con la que comparto un sentido de compañerismo para construir un buen clima de trabajo. Además de sus talentos y capacidades, por supuesto. Allí estaba de antemano Pasta Dioguardi, por ejemplo, o Héctor Alba. El resto del elenco no fue elegido en un casting tradicional porque no comparto ese criterio de selección. Se dio a través de recomendaciones del equipo de producción, ver reels para ver su espectro interpretativo, y luego reuniones y charlas hablando del proyecto y pasando algunas escenas, para ver qué lugar era mejor para cada uno. A Mirta Busnelli llegué por mi admiración hacia ella, y el trato fue igual que con el resto, llegamos al mismo espíritu de colaboración y compañerismo.

¿Es posible hablar de próximos proyectos? Me refiero tanto de cine como de historietas, donde también plasmás tus creaciones.

Este año de encierro por la pandemia por suerte me encontré muy activo en términos creativos. Por un lado, estoy terminando la postproducción de un cortometraje de ficción en el que soy coproductor y montajista. También escribí un largometraje documental que espero pueda producirse en 2021, y estoy llevando adelante un proyecto de humor negro de más largo aliento. Además tengo pendiente terminar un guión para un libro de historietas que todavía ni tiene dibujante, es el más endeble de mis proyectos en este momento.

© Matías Orta, 2020 | @matiasorta

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