20.07.13
Guionistas

Entrevista a Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri adquirió renombre cuando sus libros de cuentos, como Esperándolo a Tito, cautivaron no sólo por la calidad de la escritura sino por hacer referencia a su pasión y al deporte más popular de la Argentina: el fútbol. Su novela La Pregunta de sus Ojos fue adaptada al cine por él mismo y por el director Juan José Campanella, y dio como resultado El Secreto de sus Ojos. Ambos volvieron a colaborar en el guión de Metegol, y esto es lo que Sacheri nos contó al respecto.

Tu vínculo con Campanella arranca cuando iban a concretar una película basada en tu cuento “Esperándolo a Tito”.

Sí, arranca muy atrás, es cierto. A lo mejor Esperándolo a Tito”, a lo mejor “Lo raro empezó después”. Algunos de esos viejos cuentos futboleros que a Juan le habían gustado y con los que se había topado por accidente. Era 2002 o 2003, una época previa a Luna de Avellaneda.

Fue durante el proceso de investigación de Tito que Campanella termina filmando Luna de Avellaneda.

Claro. Juan había pensando tomar algunos de esos cuentos, pero finalmente va para la historia del club de barrio y sus problemas, que es Luna… En esa época no nos conocimos. Juan me invitó a la avant premiere de Luna… como para que nos conociéramos, nos tomáramos un café y pensáramos en hacer algo juntos, alguna vez. Juan sentía que teníamos un universo común, un deseo de decir ciertas cosas parecidas que nos importaban a los dos. Y cuando se publicó mi novela La Pregunta de sus Ojos, Juan creyó que ahí podía estar esa primera cosa para contar juntos.

Hasta ese momento habías escrito cuentos como justamente “Esperándolo a Tito” y novelas como La Pregunta de sus Ojos. Escribir cuentos y novelas es un proceso muy solitario, ya que sólo están el texto y vos. Y empezás a escribir guiones, un proceso que involucra a otra gente. ¿Cómo fue pasar a ser guionista?

Todo un esfuerzo (risas). Te lo digo en chiste en el sentido de que el gran esfuerzo está en la observación que vos mismo hacés. Vos, como escritor de ficción, estás muy ahí con tu mundo, con tus ideas, con tus decisiones que, buenas o malas, son las tuyas. El mundo del cine, ya desde la concepción del guión, es un mundo colectivo. Hay una noción de equipo que desborda la creación de uno. Entonces es todo un aprendizaje para un escritor bancarse estos diálogos múltiples, las observaciones, los pedidos, las sugerencias, los deseos no sólo los propios sino los de otros, empezando por los del director. A lo mejor, lo que favoreció mi aprendizaje fue hacerlo con Campanella, en el sentido de que es un tipo con el que se puede dialogar, con el que se puede discutir, con el que se puede no estar de acuerdo, con el que se puede argumentar en defensa de una idea, y las decisiones que se terminan tomando son las que se consideran mejores para la película. Es una gran oportunidad de aprender.

A la hora de escribir los guiones, ¿cómo se organizan? En caso concreto de El Secreto de sus Ojos, por ejemplo.

En El Secreto… lo que hacíamos era juntarnos en algunas reuniones maratónicas, donde definíamos la escaleta de situaciones de lo que iba a suceder. Discutíamos mucho e intercambiábamos mucho y dejábamos alguna cosa picando, sin resolver, pero yo me iba para mi casita más o menos con una noción de las próximas diez o quince o veinte escenas para escribir. Yo me ocupaba de darle forma inicial y después se lo mandaba a Juan, que hacía toda una labor de síntesis. El escritor tiene una mayor tendencia a extenderse, a introducir las cosas, tal vez hasta sobreexponer las cosas. No tiene el lenguaje visual que sí tiene el director, que te dice “Cortamos esta página y media y se entiende lo que vos querías hacer”. Un poco nos manejábamos así.

En Metegol no fue muy distinto. Lo que pasa es que, en este caso, Juan ya tenía la primera versión del guión. Yo traje algunos grandes cambios, pero para sumarlo a lo otro. ¿Viste cuando en una casa juntás una pared nueva con una pared vieja? Se raja. Tuvimos que ir cambiando cada vez más cosas. Creo que cambio casi todo (risas). Pero cambió en situaciones, no así en personajes. Los principales jugadores del metegol y Amadeo ya estaban en la primera versión. Yo tomé esos personajes y los mantuve porque me gustaron mucho. Y agregué al villano.

Justamente mucho de lo que agregaste fue tu bagaje futbolero, porque Campanella y los guionistas no es fanático del fútbol.

De hecho, esa fue hasta la propia solicitud. Ellos me pidieron que yo aportara ese mundo futbolero que a mí me gusta y que disfruto. A ellos es algo que les queda medio lejos. Tampoco tratamos de hacer algo para la secta de los futboleros. A mí me gusta usar el fútbol como pretexto para hablar de otras cosas. No sé si se logra, pero es la pretensión. ¿Metegol es una película de fútbol? Me parece que no: es una película con fútbol.

Claro es como tus cuentos: la mayoría tienen fútbol, pero son excusas para hablar de valores como el compañerismo y el honor.

Esa es la aspiración, y a lo mejor en la película sucede algo parecido. Ojalá funcione.

El Secreto de sus Ojos era una adaptación de tu novela La Pregunta de sus Ojos. En Metegol, el punto de partida fue el cuento de Roberto Fontanarrosa “Memorias de un wing derecho”. ¿Cómo fue el proceso de adaptar la obra de otra persona?

En este caso, por protegerlo al Negro, más que una adaptación, está inspirado en el cuento, porque es muy cortito. Tiene un concepto fenómeno que es que adentro del metegol, ese jugadorcito del extremo derecho está vivo, piensa y siente como un futbolero curtido por los años. El mundo es eso que él ve desde ahí. Tomamos esa idea, pero claro, había que sacarlo sí o sí del metegol. Y la película trata de eso: cómo hacer para vivir cuando te cambian el mundo que tenés alrededor y todo lo que tenés que aprender sobre lo que tenés alrededor; cómo tenés que revisar tus prejuicios y abandonar ciertas certidumbres.

Volviendo al bagaje futbolero, ¿qué usaste de inspiración no sólo para los personajes sino en lo referente a la mitología del fútbol?

En lo que tiene que ver con los jugadorcitos, hay algo que tiene que ver con qué es un rival en el fútbol. Esa necesario distinción entre un rival y un enemigo, que los jugadorcitos no lo tienen claro de entrada. Uno de los aprendizajes que recorre la historia es ese. Y también hay toda una épica del fracaso y de la fragilidad, que para mí es muy futbolera. La película tiene mucho de “construyamos esto que es imposible de construir”. Y el fútbol también tiene otro elemento de hazaña inminente.

También dijiste que uno de tus aportes fue Grosso, el villano, que viene a ser una versión maquiavélica de Tito, el personaje de tu cuento.

(Risas) Sí, de Tito y de todos los personajes que quiero en mis cuentos. Me parece que en la película hay dos modos de ver el fútbol enfrentados: el fútbol por amor, el fútbol porque te gusta, el fútbol porque lo sentís… y en la otra vereda, el fútbol porque es un negocio. El villano encarna ese fútbol, que a mí no m gusta, donde el goleado lo primero que hace es poner el perfil para la cámara (risas). Me parece que la película también habla de eso.

Cuando se hizo el casting de voces, ¿estuviste involucrado? ¿Hiciste alguna sugerencia?

No, porque me pasa lo mismo en cada proyecto cinematográfico en el que estoy involucrado: yo siento que lo bueno que tiene el cine es que cada uno aporta lo que sí sabe. Yo sé escribir, si sé algo (risas). Y Walter Rippel, quien hizo el casting de El Secreto… y de Metegol, sabe hacer castings. Ahí soy como un cuatro de copas: no me siento autorizado a opinar. Juan me dice “Mirá, para la voz de tal tenemos a…” y digo “Qué bien, no se me hubiera ocurrido”. Y como no se me hubiera ocurrido, me callo (risas).

¿Y no te ofrecieron ponerle la voz a algún personaje muy secundario?

No, y mirá que Campanella se mandó como seis voces. De haber sabido, me hubiera encantado (risas). La próxima meto una voz.

En Argentina había una tradición de películas con fútbol, como Pelota de Trapo y El Crack. Muy raro, ya que este es un país muy futbolero y hay miles de historias, como la de Martín Palermo, que a para una saga. ¿Por qué pensás que ya no se hacen películas así?

Es cierto algo que dijo Juan: el fútbol es difícil de filmar. La ficción del fútbol, digo. Un partido se puede filmar, pero filmar actores fingiendo que juegan al fútbol no es tan sencillo. No fue fácil que en la película sonara natural y se viera natural. Creo que es un poco eso. Y tal vez tener al fútbol como un elemento demasiado cotidiano como para merecer estar en ese lugar narrativo… Ojo, lo estoy pensando mientras hablo con vos, no tengo una respuesta sabida.

¿Qué historias de nuestro fútbol pensás que merecerían una película?

(Piensa) Depende. Si es algo de tipo biográfico, Palermo merecería la suya, y ni hablar del Diego, que ya alguna tuvo.

¿Y de Independiente (club del que sos hincha)? ¿Una película sobre alguna hazaña o futbolista?

Independiente tiene varias hazañas. Un poco mohosas las tenemos últimamente, pero tiene unas hazañas de partidos imposibles, que darían como para llevarlas al cine. Pero yo creo que todo los equipos (y en eso el fútbol sí se parece a la vida) de vez en cuando todos los equipos tienen ese partido imposible y ese partido soñado. Y eso es materia cinematográfica, seguro.

¿Es posible hablar de próximos proyectos, tanto literarios como cinematográficos?

Mi última novela se llama Papeles en el Viento, y con el director Juan Taratuto la estamos guionando con la idea de filmarla pronto. Así que seguimos cinematográficos. Y seguro el año próximo habrá alguna novela, como para despertar el vicio.

¿”Esperándolo a Tito verá la luz como película alguna vez?

Mirá, hay algún proyecto ahí, pero empantanado. Por la experiencia que voy juntando, un libro es más fácil de hacer que una película. Las pelis tienen mil escollos en los cuales trabarse. Un libro (aunque parezca mentira, porque hay mucha gente que quiere publicar y no puede), comparativamente un libro es mucho más fácil de publicar que una película de filmarse. Veremos si en algún momento se destraba. Hablé con Miguel Ángel Rodríguez y tiene ganas de hacerlo, así que vamos a charlar con él (risas).

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