08.04.18
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Les Avant-Premières 2018: La Melodía (Rachid Hami)

(Francia, 2017)

Dirección: Rachid Hami. Guion: Rachid Hami, Guy Laurent. Elenco: Kad Merad, Samir Guesmi, Renely Alfred. Musica: Bruno Coulais. Duración: 102 minutos.

La melodía arranca con un plano a la espalda del protagonista cargando un estuche, en el cual advertimos que lleva un violín. La cámara lo sigue por las escaleras mecánicas ascendentes de un subte, desde allí emerge hacia un nuevo mundo: la escuela pública. Simon Daoud (Kad Merad, muy parecido a nuestro Gabriel Goity) es un talentoso violinista profesional, casi cincuentón, contratado para enseñar a un grupo de chicos provenientes de familias inmigrantes que sueñan con tocar en una Filarmónica. El grupo de jóvenes, de entre doce y trece años, se muestra reacio a la presencia del profesor, que no tarda en sentirse apabullado. Entre los alumnos se encuentra Arnold (Renely Alfred). Tímido, regordete y de ascendencia africana, Arnold posee un gran talento, y pronto entabla una relación cercana con Simon. El hombre, por su parte, se debate entre sus conflictos personales: la relación con su hija de quince, la posibilidad de salir de gira con un cuarteto y abandonar la clase, etc.

La melodía es un film fallido, fundamentalmente por su involuntario discurso reaccionario, los modos que elige para encarar el aprendizaje y las espantosas formas afrancesadas que intervienen inevitablemente en este tipo de films. A diferencia de Escuela de rock (2003), la obra maestra de Richard Linklater, La melodía apela a un alegato monstruoso que impone educar mediante métodos antiguos, viejos. Sin ir más lejos, el alumno más conflictivo de Simon cambia porque tiene un duro enfrentamiento donde el profesor lo empuja violentamente y lo arrincona contra la pared. Si bien Simon se redime ante la familia del joven, es recién después de ese acto brutal cuando el niño puede integrarse al grupo y calmarse. ¡Mano dura ante los hijos del rigor! Después del conflicto observamos, como resultado del exitoso método, gestos de camaradería entre estudiante y docente.

En Escuela de rock Linklater trasladó la cultura popular a los aburridos métodos de aprendizaje de las escuelas no solo porque la celebra con creces, sino porque esta actúa como vínculo y puente en la conexión alumno-profesor (además de implicar una postura subversiva frente a lo establecido). Aquel maestro impostor protagonizado por un desbocado pero entrañable Jack Black acercaba a los chicos a Led Zeppelin, AC/DC, Blondie, Pink Floyd, T-Rex, The Who, sin caer en la solemne imposición, totalmente exenta de cultura popular, que observamos en La melodía.

Arnold, por otro lado, responde a toda característica del ser humano individualista, que nace generalmente de la alienación o de alguna forma de distancia con la sociedad, sea voluntaria (creerse superior) o involuntaria (aislamiento por parte de los otros). El niño se ve forzado a practicar con su violín solo, en la terraza del edificio donde vive, ya que “molesta a sus vecinos con el ruido”. El individualismo cree fervientemente que el desarrollo personal o la autorrealización son las formas de alcanzar un estatus en la sociedad (Arnold empieza a hacer amigos cuando alcanza esta fase). El ser individualista potencia todo lo que lo diferencia del resto, hasta el punto de que las demás personas son vistas como meros instrumentos para su despliegue. Una escena lo subraya: Arnold termina dirigiendo a sus compañeros en una clase en la terraza del edificio.

Fuera de todo intertexto, La melodía tampoco goza de buenas intenciones en sus formalidades narrativas y su puesta en escena. No percibimos el progreso de los jóvenes con el instrumento: pasan de ser desastrosos a ser realmente muy buenos. Cada vez que hay música diegética, esta es interrumpida, vaya uno a saber por qué (tal vez sea ese parece ser el conflicto de toda la película: la interrupción). Asimismo, siguiendo con la idea del discurso reaccionario, resultan ser los padres quienes ayudan a construir un lugar para que sus hijos continúen las prácticas. Nunca vemos a los niños ayudando: lo actual -los jóvenes, las nuevas generaciones- nunca recibe oportunidad.

La música en el film siempre conlleva una sensación de fracaso, salvo en el final. Hasta el momento en que dos alumnos asisten a un concierto en el que participa Simon, el fracaso o la insatisfacción (o cualquier sensación negativa) están presentes. Los niños no muestran signos de fascinación, ni de pasión, ni de placer. Tampoco el propio Simon.

Amén de sus actuaciones correctas, La melodía es un film fallido porque intenta llegar al espectador con sentimiento, con sensibilidad, pero carece de todo ello.

 

 

© Daniel Nuñez, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

El film se proyectará en los siguientes días y horarios:

SABADO 7 ABRIL

22.30 La melodía

LUNES 9 ABRIL

15:30 La melodía

MARTES 10 ABRIL

20:00 La melodía

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