09.04.18
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Les Avant-Premières 2018: Nos Vemos Allá Arriba (Albert Dupontel)

(Francia, 2017)

Dirección: Albert Dupontel. Guion: Albert Dupontel, Pierre Lemaitre (Basado en la Novela de Pierre Lemaitre). Elenco: Albert Dupontel, Nahuel Pérez Biscayart, Frans Boyer, Travis Kerschen, Mélanie Thierry, Laurent Lafitte, Émilie Dequenne, Niels Arestrup. Montaje: Christophe Pinel. Duración: 117 minutos

Godard dijo una vez que “el travelling es una cuestión moral”. Vaya uno a saber qué quiso expresar el mítico realizador francés, pues poco declaró sobre dicha frase que dejó un legado de preguntas y análisis por demás. Una de las lecturas que podrían aclarar el misterio es la siguiente: la moral referida por Godard era la moral del cine, o sobre el cine. Es decir, hablaba de un buen comportamiento. Si el travelling es esa cuestión moral entonces entendemos que se trata de un buen comportamiento para con el cine, una formalidad técnica que el artesano debe saber utilizar o respetar ya que se sujeta inherentemente a lo cinematográfico y sus formas.

Muchas veces -y aquí se da una contraste con la teoría mencionada- lo que se encuadra, lo que yace en el registro de la cámara es la moral. Dependiendo del movimiento del dispositivo (o de su uso) se logra que el registro logre transmitir algún tipo de sensación. No es lo mismo filmar una muerte a la distancia y dejar el plano general, fijo, que comenzar con un plano cerrado de la muerte y abrirlo lentamente hasta que el cuerpo se pierde en la inmensidad del plano. O en sentido contrario, acercando la visión al cuerpo sin vida. Allí subyace una idea de moral, del énfasis que se produce con el uso de este mecanismo. Por un lado una teoría es meramente esteta, aún cuando su utilización acentúe las bondades más alucinantes en cuestión de puesta en escena (el travelling al rostro de Roy Scheider al ver al escualo devorar al niño en Tiburón (1975) es de los mejores que se hayan visto en la historia del cine); por el otro se enfrenta con el mero hecho de generar algo en el espectador, sea justo o sensacionalista.

Nos vemos allá arriba (Au revoir là-haut, 2017) parece no entender ninguno de estos conceptos mencionados. Está repleta de travellings elaborados de manera exagerada, superflua y caprichosa. Estos obedecen una necesidad de riesgo estético, ya que de tan minuciosos y barrocos suponen un enorme trabajo coreográfico, impregnado de pobres artificios. Observamos travellings que, con ayuda de efectos especiales, pasan del interior de un auto a trepar caserones pintorescos y meterse por ventanas abiertas. Hay uno muy particular que persigue a un perro corriendo en un paraje desolado por la guerra y se mete en las trincheras: el movimiento es larguísimo e innecesario, ya que luego el can desaparece sin más.

La experiencia del travelling se extiende como un virus voraz. Todo exhibe un cuidado tal, que de tan estético se vuelve tosco y aparatoso. Esa experiencia reiterativa nos confiere a un eterno aburrimiento, y así el director Albert Dupontel atenta contra el artesano: este, por su amor al cine, entiende bien el uso de todo dispositivo o formalidad.

Nos vemos allá arriba arranca con un interrogatorio en una remota comisaria en Marruecos. Estamos en 1920, y el soldado Albert Maillard cuenta la increíble (o poco creíble) historia que vamos a tener que soportar durante dos horas que parecen cuatro.

En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, los soldados franceses se enfrentan a los alemanes, y mediante una caricaturesca interpretación de Laurent Laffite suponemos que el teniente Pradelle es realmente un malnacido. A la carga salen Maillard y su fiel compañero (y gran artista) Edouard Péricourt, quienes no durarán mucho en batalla: Péricourt salva a Maillard de no morir asfixiado en una fosa y acto seguido una bomba le vuela parte del rostro. Al salir del inferno, ambos deben enfrentar otro tipo de problemas. Uno de ellos es cómo sobrevivir confinados a la clandestinidad pues Maillard cuida al desfigurado Péricourt en un antro venido abajo. Prefiere eso a volver con su adinerada familia, con un padre que no lo apoyaba como artista.

Péricourt, con mucho tiempo libre y una jovencita que oficia como traductora de su imposible habla, desarrolla su talento creando extrañas máscaras para ocultar su rostro. Junto a Maillard proyectan un plan para generar dinero, un chanchullo que tiene como base diseñar los monumentos conmemorativos a los fallecidos en los campos de batalla, cobrando por un servicio que luego no llevarán a cabo. Mientras tanto el teniente Pradelle, casado con la hermana de Péricourt y con un negocio turbio entre manos, planea hundir a los dos protagonistas.

Nos vemos allá arriba peca de ser una amalgama de géneros sin hacerse cargo de ninguno y abordándolos superficialmente. Comienza con la virulenta secuencia en las trincheras, dejando una estela que obliga al drama -con el conflicto de Péricourt a cuestas- para luego pasar a la comedia de enredos (e incluso al musical). Es el tipo de film/engendro que, desde Europa, no entiende la tradición del cine norteamericano: mezcolanza pura. Su imaginario visual de publicidad y sus atisbos culpógenos lo acercan a Amélie (2001); sin mencionar, por cierto, una mirada histérica de amor-odio en relación con el cine hollywoodense y su legado.

Observemos, sino, el resultado de las mascaras creadas por el personaje de Biscayart, que simbolizan el film y concentran un preciosismo teatral, hasta solemne. No hay respiro alguno, todo se ajusta como un cinturón elegante, sofisticado, pero que, glamour de cotillón mediante, aprieta demasiado. Finalmente, a Nos vemos allá arriba le sobra presupuesto pero le faltan ideas, contenido, buenas intenciones o al menos la posibilidad de narrar una historia sencilla y honesta.

calificacion_1

 

 

© Daniel Nuñez, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

El film se proyectará en los siguientes días y horarios:

JUEVES 5ABRIL

17:30 Nos vemos allá arriba

VIERNES 6 ABRIL

22:30 Nos vemos allá arriba

LUNES 9 ABRIL

20:00 Nos vemos allá arriba

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