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23.11.15
16º BARS _ Festivales

16º BARS: Críticas

A continuación, críticas de films proyectados en el festival del martes 17 al domingo 22 de noviembre.

 

Ludo, de Qaushiq Mukherjee y Nikon (India, 2015 – Competencia Internacional), por Ernesto Gerez

Los directores indios Q (Qaushiq Mukherjee) y Nikon nos presentan una Jumanji oscura y deforme que propone una historia directa de género en su primera mitad, para luego dar lugar a un largo flashback que tratará de explicar el porqué del nombre de la película. Todo comienza con un grupo de jóvenes en busca de un lugar para zafar del calor, poder alcoholizarse y dedicarse por un rato al viejo mete-saca; esta instancia se nos muestra cargada de música, tanto diegética como extradiegética, y con una fuerte impronta videoclipera. De todos modos, esta decisión filotelevisiva cargada de estética símil publicitaria muchas veces odiosa, no molesta ni perjudica la narración; de hecho, integra la mejor parte de la película, su primera mitad. Los chicos terminarán en un Shopping, donde se encontrarán con una pareja de monstruos protozombies que los invitarán a jugar al siempre aburrido Ludo, aunque éste, claro, tendrá una finalidad más podrida y enferma que el tradicional. Siempre es interesante ver producciones de género de latitudes que no suelen tener espacio en nuestra cartelera, y aunque Ludo no sea un exponente del exotismo, en parte por sus decisiones formales, es más atractiva por su lejanía y por su condición de rareza dentro del prolífico Bollywood que por sus méritos narrativos.

calificacion_3

 

 

 

Worry Dolls, de Padraig Reynolds (Estados Unidos, 2014 – Novedades), por Matías Orta

En la cultura de Guatemala, las Muñecas Quitapenas o Worry Dolls son pequeños talismanes construidos con alambre y madera, y se dice que las personas de esa parte del mundo les cuentan sus problemas antes de dormir, para tener tranquilidad. La película recupera este elemento tan curioso, pero en el marco de una historia de suspenso y terror.
Un asesino serial es abatido por un detective. Parece haber sido el punto final a un raid de sangre y muerte. Pero no: las Worry Dolls que el homicida llevaba consigo son enviadas a una tienda de segunda mano, donde son comercializadas como collares, y los compradores, de manera repentina, se ponen a cometer asesinatos. El caso más alarmante es el de una niña que resulta ser la hija del detective; algo maligno la tiene poseída.

El director Padraig  Reynolds presenta un guión esquemático, digno de un thriller convencional, pero no escatima a la hora de plasmar muertes gráficas, impactantes, y litros de sangre. Reminiscencias a El Exorcista y a la primera Chucky suman su simpatía, lo mismo que la conexión con el mito verídico guatemalteco.

Worry Dolls no ofrece novedades, aunque cumple como una de terror para pasar el rato.

calificacion_3

 

 

 

Fury: The Tales of Ronan Pierce, de Kevin A McCarthy (USA, 2014 – Competencia Internacional), por E.G.

En la línea de adaptaciones cinematográficas de comics como Sin City o Punisher, pero llevada al subsuelo del cine clase B, Fury: The Tales of Ronan Pierce nos sumerge en una ciudad podrida con los villanos más malos del mundo y un policía desquiciado en busca de venganza. Los mafiosos antagonistas están en todas: trata de mujeres, venta de órganos, tráfico de drogas; el antihéroe Ronan Pierce tratará de recuperar a su mujer secuestrada por ese grupo de malosos, eliminando a todos los que pueda en su raid revanchista. La ciudad gótica de turno explota en colores saturados que contrastan con cierta búsqueda de neo-noir; las voces ultradobladas tratan de aportar sentido lúdico, al igual que la exageración de algunas actuaciones. Sin embargo, no hay mucho más que poder saborear estos intentos de estética B con pretensiones de ser la más cool del planeta. 90 minutos de una historia que para poder disfrutarla debería haber durado mucho menos.

calificacion_2

 

 

 

Atroz, de Lex Ortega (México, 2015 – Novedades), por M.O.

Suele ser muy fina la línea que separa una obra polémica, controvertida, de un apelotonamiento de excesos gratuitos. Atroz termina atravesando ese límite.
Un asesino serial y su cómplice son capturados por la policía. El hallazgo de videocassettes de las filmadoras usadas por los criminales, para registrar sus odas al morbo, permiten conocer sus crueles procedimientos. ¿Qué provoca que una persona se transforme en un bestia humana? El hallazgo de otros tapes permitirá vislumbrar la respuesta, amén de más atrocidades.

Valiéndose de la técnica de found footage, Lex Ortega ofrece un catálogo de torturas, violaciones y asesinatos, con aberraciones presentadas en detalle, incluyendo una cámara diminuta adherida a un consolador de punta afilada durante un acto de penetración-asesinato. El director pone énfasis sólo en la idea de perturbar al espectador con un golpe de efecto tras otro, pero nunca se preocupa ni por el guión ni por los personajes. Si bien al principio Ortega pretende darle un subtexto político y social a la violencia que se ve en pantalla (como el Pasolini de Saló y Gaspar Noé en sus creaciones), la película no tiene valores artísticos ni de producción que la eleven un poco de lo que es.

Atroz consigue hacerle honor al título, aunque en el peor sentido.

calificacion_1

 

 

 

La Parte Ausente, de Galel Maidana (Argentina, 2014 – Reposiciones), por M.O.

El cine fantástico argentino es lo bastante amplio e interesante como para destacar algunas vertientes. Una en particular tiene un enfoque más serio y estilizado, aunque sin hacerle asco a momentos fuertes, siempre creando un núcleo propio. La Sonámbula, de Fernando Spiner, sirve como muy buen ejemplo. Con su particular mezcla de ciencia-ficción, policial y terror, La Parte Ausente también podría ser incluida en este grupo de películas.

En una Buenos Aires incierta, nocturna, postapocalíptica, Chockler (Alberto Ajaka), un investigador privado, es contratado por la enigmática Lucrecia (Celeste Cid) para encontrar a Víctor (Guillermo Pfening), un hombre… que es más que sólo un hombre. De hecho, cuando Chockler también comienza a investigar a la mujer, descubre un microcosmos repleto de científicos en busca de la vida eterna, caballos de carrera manipulados genéticamente y asesinatos cometidos por alguna clase de bestia sanguinaria.

Galel Maidana debutó con el documental La Asamblea, de 2009, sobre artistas del hospital psiquiátrico Borda. En su paso al largometraje de ficción, vuelve a centrarse en seres fuera de lo común, pero de una manera más radical: aquí algunos ya no entran en la categoría de raza humana y se mueven en un universo alucinante, oscuro y letal, que le debe tanto al film noir como a los comics europeos, con fuertes influencias de Blade Runner y de La Marca de la Pantera (más la versión de Paul Schrader que la original de Jacques Tourneur). Imaginen criaturas de la noche en una novela de Raymond Chandler. Esta impactante estética le debe tanto a la fotografía de Lucio Bonelli como a la dirección artística de Marcelo Pont Vergés y al trabajo sonoro de Jésica Suárez. Complementando las potentes imágenes, encontramos la musicalización a cargo de la banda electrónica Trasvorder.

Otro de los aciertos reside en el casting. Alberto Ajaka sigue demostrando que sabe interpretar a sujetos duros e intensos, al igual que Celeste Cid es convincente a la hora de componer a una femme fatale. En sus pocas pero calculadas apariciones, Guillermo Pfening le da encanto al ser monstruoso que compone. También aparecen Luis Ziembrowski y Juliana Gattas, cantante del grupo pop Miranda!, en su debut cinematográfico.

Si bien el guión suele ser opacado por el poderío visual (curiosamente, algo similar se le criticó a Blade Runner cuando se estrenó), La Parte Ausente es una propuesta diferente del cine nacional, incluso dentro de la vertiente fantástica y de terror. Tan elegante como siniestra y sensual, nos conduce por un mundo como no hay otro.

calificacion_4

 

 

 

Pájaros Negros, de Fercks Castellani (Argentina, 2015 – Reposiciones), por M.O.

El thriller siempre tuvo su lugar en el cine argentino. Durante diferentes épocas, directores de la talla de Carlos Hugo Christensen, Román Viñoly Barreto (uruguayo, pero que trabajó mucho en Argentina), Adolfo Aristarain y Fabián Bielinski supieron dar los mejores exponentes del género. Más recientemente, se destacan las adaptaciones de novelas de Claudia Piñeiro, empezando por Las Viudas de los Jueves. A esa tradición se le suma Pájaros Negros.

Víctor (Luciano Cazaux) va muy bien en su trabajo como arquitecto y ama a su pequeña hija, pero no es feliz. Advierte que María (Martina Perret), su mujer, se muestra muy inquieta y esquiva, y sale sin decir adónde va. ¿Lo estará engañando? Pronto descubrirá que se está viendo con un tal Juan Cruz (Marcelo Sein), que también la golpea. Víctor se irá obsesionando más y más, al punto de querer recurrir a la violencia cuando se entera de que Juan Cruz anda detrás de la niña. Todo esto, ante la presencia de unos misteriosos pájaros negros que dan vuelta por los alrededores, como si realmente supieran qué está sucediendo.

La ópera prima de Fernando “Fercks” Castellani comienza como una historia de infidelidad, pero va mutando en un film noir y finalmente desemboca en un siniestro descenso a los infiernos al estilo de El Maquinista. Desde lo temático, tiene puntos en común con Placer y Martirio, de José Celestino Campusano: presenta la contracara de las clases más pudientes (buena parte de la acción también transcurre en Puerto Madero), pero en vez de focalizarse en la mujer adúltera y perturbada, se centra en el marido que comienza a advertir que la relación está en punto muerto.

Luciano Cazaux es quien lleva adelante la película y uno de los puntos más altos. Este actor es visto mayormente cubriendo papeles secundarios y, por el lado del cine, fue aprovechado en Regresados, de Flavio Nardini y Cristian Bernard, donde hacía de un eterno enamorado de su ex compañera de la secundaria. Su interpretación de Víctor -intensa, pero en su punto exacto- le permite ser convincente como un hombre común desembocando en lo más bajo de su propia mente. Los recursos cinematográficos de Castellani ayudan a plasmar su deterioro personal. Además de Perret y Sein, también forman parte del elenco Juan Manuel Alari, Juan D’Andre, Emma Spataro, Jorge Booth y, en papeles chicos pero vistosos, Carlos Kaspar y Tomás Fonzi.

Pájaros Negros es un muy digno thriller de suspenso, que incluye momentos de tensión y giros desconcertantes. Para prestar atención a cada detalle.

 calificacion_3

 

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