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13.09.20
20° Festival de Cine Alemán _ Eventos _ Festivales

20° Festival de cine alemán | En el fuego, por Carla Leonardi

Una mirada de mujer sobre el conflicto bélico:

en su último largometraje En el fuego (Im feuer, 2020), la realizadora griega (formada en Alemania) Daphne Charizani asume el desafío de lograr una perspectiva diferente en relación al acervo canónico del cine bélico.

La película puede situarse como un drama bélico en clave realista, que en ciertos momentos se acerca al documental, y que ubica a la realizadora como deudora de la tradición emprendida por Katherine Bigelow, al proponer mujeres que pugnan por insertarse en un terreno tradicionalmente reservado a los hombres; y por Margarethe Von Trotta, al evocar especialmente y desde una perspectiva feminista su película Las hermanas alemanas, destacando la contraposición y la separación de dos hermanas unidas en el espíritu de lucha. 

La película adopta el punto de vista de la protagonista, una joven mujer de origen kurdo que vive en Alemania. Rodja (Almila Bagriacik) recoge a su madre de un campo de refugiados en Grecia y la lleva a vivir con ella a tierras germanas. La joven ha dejado atrás su orígenes, como lo demuestra su vestimenta y sus costumbres occidentales. Pero la llegada de su madre, quien se mortifica por el sufrimiento del pueblo kurdo y por el paradero desconocido de Dilan (la hija que ha decidido permanecer en Irak), determina que Rodja vuelva a tomar contacto con su país y su pasado. Siendo una soldado alemana, solicita ser trasladada como intérprete a la base de Erbil para unirse a las fuerzas europeas que entrenan a las peshmergas (guerrilleras kurdas) y así poder localizar a su hermana (que ha optado por la lucha armada) y convencerla de que regrese con ella a Alemania.

A lo largo de la película, Charizadi aborda con sutileza diversos temas. Entre ellos, la dificultad que sufren los inmigrantes de países árabes para insertarse en Occidente, siempre mirados con sospecha y desconfianza (como cuando descreen que Rodjna tenga un pasaporte alemán verdadero); el usufructo que los propios kurdos instalados realizan a instancias de sus compatriotas recién llegados (como en la escena en que el patriarca pretende cobrar la entrega de unos formularios gubernamentales que en realidad son de acceso gratuito) y también la manipulación que las fuerzas europeas “pacificadoras” realizan de la guerrilla kurda para sus fines de estabilizar Medio Oriente, sin mancharse las manos de sangre directamente. A su vez el film da cuenta de las consecuencias de la guerra: familias separadas, pueblos destruídos, muertos. Al evitar la bajada de linea moral o una mirada abyecta sobre estos tópicos, permite al espectador sacar sus propias conclusiones sobre este territorio marcado por años de enfrentamiento, rebrotes nacionalistas e intromisiones no siempre acertadas de Occidente.

Asentada en la cultura occidental, vemos que Rodja, si bien goza de ciertas libertades respecto de las mujeres kurdas (como estudiar o acercarse a un muchacho sin ser sancionada), le toca padecer como mujer soldado la jerarquía de mando masculina y lucha aún por ser reconocida como profesional. En contraste, las combatientes kurdas que se organizan en la lucha armada contra el Estado Islámico encuentran allí una manera de liberarse del yugo del patriarcado.

La barrera cultural entre Oriente y Occidente está planteada en la película, no sólo a través del idioma sino también de las costumbres, como el cuidado ecológico y la atención a detalles de profesionalismo militar que sostienen los soldados alemanes. Costumbres que en un contexto de guerra donde está en juego la supervivencia se revelan banales mediante cierto humor absurdo. Al mismo tiempo, queda expuesto el contrapunto entre el estilo de organización verticalista, propiamente masculino de las fuerzas armadas de Occidente, y el estilo de funcionamiento descentralizado y sin liderazgo fijo que sostienen las milicianas kurdas, más acorde a un estilo de gestión femenina.

Por otra parte, es interesante también la decisión de Charizani dejar al enemigo en fuera de campo durante los momentos de combate. Esto le permite evitar la explotación de la violencia y, en cambio, ofrecer una mirada humana desde dentro de la problemática de las mujeres kurdas que resisten a la opresión. Habiendo perdido sus viviendas y sus familias, estas mujeres no tienen nada más que perder. Sin embargo, la directora no las construye como kamikazes o carniceras desalmadas. Las peshmergas son mujeres fuertes, pero que conservan sensibilidad femenina: amucharse en la lucha por la tierra es lo que las sostiene todavía en el terreno de lo humano, es una vía sustitutiva de construir familia a partir del cuidado que se prodigan unas a otras.

calificacion_4

 

 

© Carla Leonardi, 2019

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Alemania, Grecia, 2020)

Guion, dirección: Daphne Charizani. Elenco: Almila Bagriacik, Zübeyde Bulut, Lucas Prisor. Duración: 93 minutos.

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