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21.11.20
35º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

35º MDQ FILM FEST | Un cuerpo estalló en mil pedazos, por Carla Leonardi

La evanescencia como poesía:

¿Cómo hacer presente la ausencia de quien ya no está? Más aún, ¿cómo hacerlo cuando son escasos los registros y rastros tangibles del ausente? ¿Dónde rastrear las huellas de una vida sino es en la memoria de quienes lo conocieron para intentar componer el retrato como un rompecabezas? Estos son algunos desafíos que asume el realizador argentino Martín Sappia en su opera prima documental Un cuerpo estalló en mil pedazos (2020). 

Jorge Bonino fue un arquitecto, actor, humorista y artista conceptual, oriundo de Villa María (Córdoba). Esta pluralidad de facetas ya de cuenta de alguien que no es claramente ubicuo y  que difícilmente puede ser clasificado bajo una nominación única y fija. La naturaleza evanescente de la figura de Bonino hace de él un personaje enigmático y por ello fascinante. 

Sappia rompe con el formato del documental tradicional, donde distintos expertos y allegados darían cuenta de la vida del protagonista y de sus obras o intentarían explicar las causas del trágico momento que lo llevó, en una tarde de relámpagos y truenos que anunciaban la fatalidad, a tomar la decisión de arrojarse por la escalera de la Colonia Psiquiátrica donde permaneció internado en sus últimos tiempos. 

La historia de vida de Jorge Bonino puede trazarse a partir de ciertos hitos: su infancia en Villa María, la especial relación con su madre (que hasta sus 12 años lo vistió como niña), su crianza entre pastores evangélicos, su paso por la facultad de arquitectura y las primeras obras improvisadas que realizaba para amigos. También puede mencionarse el momento bisagra en que lo descubre Marilu Marini, quien lo invita a actuar en Buenos Aires; y su estadía en Europa donde, impulsado por Antonio Seguí, logra insertarse en un pequeño teatro local y realizar giras por distintos países. Finalmente, lo más angustiante: el episodio psicótico donde ya no puede distinguir ficción de realidad, su internación en París y el traslado final a Argentina, donde su hermano lo recluye en una institución en la cual se ve empujado a poner un final a su sufrimiento.  

La película de Sappia mantiene una coherencia narrativa que se sostiene en la voz del narrador y en las múltiples voces de quienes lo conocieron. Y sin embargo, el relato no alcanza a dar cuenta de la singularidad de Bonino, porque hay huecos en el recorrido donde su rastro se pierde totalmente. Su vida, en tanto cuerpo, rebalsa enteramente la acumulación de datos biográficos. Tampoco importa saber a ciencia cierta el diagnóstico psiquiátrico, que de ninguna manera agotaría su existencia ni alcanzaría a describirlo.

Entonces ¿qué mejor forma de bordear el vacío de quien ya no está, de hacer resonar su ausencia y de presentar ciertos trazos de su existencia en este mundo, que mediante la poesía? Las formas de Sappia en su documental trascienden la mera ilustración de la narración. A través del uso del blanco y negro, del estilo experimental que superpone, sobreimprime y funde imágenes, de la polifonía de voces sin cuerpo, del estilo episódico y fragmentario, de retratos de paisajismo que evocan soledades y vacíos, el director logra un documental de gran belleza poética, que está en plena consonancia con Bonino como artista de la mímica, porque como él, no apunta al sentido explicativo sino al afecto en el cuerpo.  

Si la historia de Bonino en sus últimos años fue la del artista incomprendido, indomeñable y temido que la sociedad de su época decide segregar, el documental de Sappia vuelve a poner a Bonino en libertad y a disposición de los espectadores. Mediante la musicalidad de las voces y la poética visual del fragmento, Sappia hace estallar en mil pedazos el retrato de personaje armónico y completo. Y paradójicamente, es en la fugacidad misma donde consigue el milagro de hacer surgir la aparición espectral de ciertos trazos de Bonino; gestos singulares que vibran para resonar en el cuerpo de los espectadores. 

calificacion_4

 

 

© Carla Leonardi, 2020

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

(Argentina, 2020)

Guion, dirección: Martín Sappia. Duración: 91 minutos.

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