Festivales

28.11.20
35º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

35º MDQ FILM FEST | La escuela del bosque, por Eduardo Elechiguerra

María e Isabel, madre e hija, son muy cercanas. Hay sin embargo una gran sensación de ausencia atravesando sus complicidades. María es argentina, su papá le heredó las raíces catalanas, y ambas tienen varios años viviendo en una casa ubicada en Gràcia en Barcelona. Ya con seis años Isabel está camuflada por el acento catalán, María no es capaz de impostarlo en su rutina. Y aunque la niña pueda parecer una prisionera de su mamá como lo podría sugerir su camisa de rayas en la escena del auto, en varios momentos se ve que Isabel busca sus maneras.

El primer indicio de falta viene a poco tiempo de desarrollarse la obra. El imprevisto de los arrendadores las obligará a volver a casa de su padre. En esta planificación de mudanza se desatan reflexiones verbalizadas y audiovisuales sobre diversos tipos de ausencia. 

Por un lado, La ciudad ausente de Ricardo Piglia está ahí: mencionada por el exesposo de María cuando están en el bar, sentida en esta misma escena y ejemplificada en los escasos exteriores. Mantienen el vínculo para que la hija de ambos siga creciendo bajo su amparo armonioso. Y a la vez parece que se acentuara sutilmente la brecha entre ellos. Las reflexiones intelectuales de él sobre las cuadrículas barcelonesas y bonaerenses, superpuestas en su memoria, forman un soliloquio que los acerca en el plano cerrado de sus manos sobre la mesa, pero descarta sus rostros, signos de identidad más visual. Por este instante, bien podríamos imaginar que el recorrido de la mano de ella traza caricias pasadas, hayan sido en el cuerpo de él o de otros amantes.

No es esa una posibilidad erotizada arbitrariamente. Recordemos que en escenas posteriores María poco habla con su hermana sobre sus parejas después del divorcio. Dice estar bien al respecto, avocada a su hija y a su trabajo. Pero hay en su hablar y su mirada un dejo deseoso. En esta brecha, además de la descolocación geográfica, también hay un no pertenecer a las dinámicas sociales de hoy en día, tal vez un poco por esnobismo o simple desencanto.

Por otro lado, en el título está la ausencia más significativa. Cuando se muden, Isabel estudiará en la escuela del bosque. De hecho en parte por esto se reúnen a hablar los exesposos. Y lo sugerido por la dirección de fotografía de Castro en escala de grises invita a imaginar esa educación bucólica. En realidad, toda la película prepara el terreno boscoso como si nos metiera en el juego del libro álbum leído por la amiga de María en la librería: no hay forma de conseguir la pelota de fútbol sino saltando de página en página. Tampoco hay forma de llegar a la escuela sino recorriendo estas escenas episódicas. O siquiera al principio, cómo podrían los músicos tocar el piano sin atener los adjetivos anotados por el compositor.

Al final, la escuela del bosque está pero no donde creemos. Gonzalo Castro se asegura de hacernos sentir esta educación sentimental sin lecciones magistrales y ejerciendo varios roles claves en la obra. La mundanidad de las conversaciones, aunque sus tópicos sean literarios o musicales, nos acerca a estas vidas como María ayuda a su hija con la tarea, o como las amigas leen el libro álbum ejercitando el catalán. Saben que poco importa la pelota de fútbol, la ciudad, el país perdido o la casa que ella está por dejar. 

Aquí el detalle inasible está en cómo vivir lo inconsecuente y contradictorio. Esta parece una idea conveniente y escurridiza, pero ciertos planos proponen una lectura geométrica para hallar mínimo un diálogo en el corrimiento de identidades que implica emigrar. En este sentido, la iluminación en la escena de María y su padre diferencia muy poco sus rostros y los marcos verticales de la ventana al fondo del plano medio los atraviesan por instantes. Pero al fondo, lo luminoso en medio de las sombras de un árbol sin hojas contextualiza estas caras a oscuras, así como en los minutos finales de la película conocemos algo del padre de María en su propia voz y ya no más según lo que su hija dijo que él dejó de ser.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2020 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Argentina, 2020)

Dirección: Gonzalo Castro.

 

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