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28.11.21
36º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

36º MDQ FILM FEST | Mar del Plata a lo lejos (11), por Quintín

Pensaba dedicar esta última nota de la serie a Álbum para la juventud, la película de Malena Solarz que participó de la Competencia Internacional y no se llevó ningún premio, aunque el jurado bien podría haberse dado cuenta de que era una película noble, inteligente y placentera. No hablé antes de ella porque formaba parte de la selección sobre la que tenía que opinar el Jurado Joven, en el que participé como tutor. Pero, de todos modos, Juan Villegas se me adelantó en esta misma página en una nota en la que, parafraseando un célebre artículo de Truffaut, toma la película como ejemplo de lo que él llama una “cierta tendencia del cine latinoamericano” de la que se declara en contra, mientras defiende el film de Solarz como una excepción a esa corriente que detecta alarmado. 

Villegas habla de tres rasgos de este cine: “La irrupción de lo fantástico o lo sobrenatural en el contexto de una narración naturalista”, la crueldad de las muertes repentinas y la influencia del cine de Lucrecia Martel. Álbum para la juventud no participa de ninguno de ellos. Es una película en la que no hay elementos fantásticos, no muere nadie (ni repentina ni previsiblemente) y no creo que tenga influencia de la subrayada y vistosa dramaturgia de Martel. Más bien se trata de una película ligera, en la que no ocurre nada terrible ni siniestro y no hay posibilidad de que ocurra. Tampoco intenta Solarz decir nada más de lo que se ve en la pantalla de un conjunto de adolescentes de clase media que están terminando la escuela secundaria: no los pone como ejemplo, no los usa para mostrar cómo está de mal el mundo y, en cambio, se limita a invitarlos a habitar el especio de su cine en más de un sentido: el guión de la película se construyó día a día con los actores.  

Sobre la muerte gratuita hablé ayer a propósito de un corto en el que el director (o si se quiere, el narrador, que comparte con él su edad, su mundo y, probablemente, su voz) anunciaba la muerte de su novia sin sentirse obligado a aclararle al espectador que se trataba de una ficción. Tal vez, en este caso (pero no es el único como veremos), podría hablarse de otra tendencia: la de los cineastas que no sienten que tienen deberes éticos y que encaran el cine como un combate o una operación destinada a imponer un punto de vista, una voluntad como demiurgos estéticos, históricos o políticos. 

Pero para mí, la huida del realismo hacia lo fantástico con su estela alegórica tiene que ver con algo más general, con el retorno de un cine ideológico, que hace pensar en ciertas corrientes del cine latinoamericano de años atrás. A veces, con claros propósitos militantes. Otros, porque muchos proyectos que intentan conseguir fondos, circular en festivales y ganar premios, necesitan de ese viejo pintoresquismo un poco for export que en esta época se viste otra vez de militancia. Hablé hace dos días de otro film, una pieza intimista sobre un banquero que se describía a sí misma como una denuncia anticolonialista. Pero podría hablar también de una película llamada Danubio, que mezcla ficción y realidad en proporciones que no se toma el trabajo de aclarar. Danubio usa elementos documentales (en particular, del Festival de Mar del Plata de 1968) y una trama de thriller político para reescribir la historia a partir de una alegoría que se propone reescribir el pasado: la hermandad del peronismo y el comunismo, cuyo amor indeleble se representa mediante dos hermanas rusas, de las cuales una es la responsable de una célula del Partido y la otra una devota lectora de La razón de mi vida. A la película no le importa la verdad histórica, menos aun el placer del cine: es simplemente un instrumento de combate. 

De ningún modo propongo que el cine no se ocupe de la política. Y me gustó que el Jurado Joven premiara una película llamada Estrella roja, de la cordobesa Sofía Bordenave, un curioso homenaje a la Revolución Rusa, que no intenta apropiarse de sus consignas para hacer proselitismo en el presente ni se propone, como Stalin, convertirla en un instrumento de sus intenciones. Bordenave logra algo muy difícil: eludir los clichés, empezando por las fotos y los noticieros vistos mil veces y hablar más bien desde la periferia de los grandes títulos. Entre otros, de una serie de personajes que participaban de utopías que excedían largamente  a la dictadura del proletariado. Estrella roja, habla, por ejemplo, de Alexander Bogdanov, que quería curar todas las enfermedades mediante transfusiones. O de los cosmistas, quienes sostenían que la tecnología derivada del progreso iba a permitr resucitar a los muertos, de tal modo que sería necesario colonizar todos los planetas ya que no habría lugar para tanta gente en la tierra. Es muy poético el modo en el que Bordenave hace que su film se el vehículo de una euforia que arrancia con una vieja mujer que recuerda en una plaza vacía y helada de San Petersburgo las primeras rebeliones y se termina enfrentando con la abulia de la Rusia actual. Bordenave conecta a Maiakovski con los techistas, unos jóvenes que hoy se suben a los techos de los viejos edificios de la capital rusa y le permiten hacer hablar al silencio de las ruinas. Su película es capaz de que La Internacional no suene como el himno de un Estado, sino como un canto abierto a un futuro que no tiene forma o a una época en la que el futuro existía. 

Pero, para volver al principio, también tiene el cine derecho a no ocuparse de la política, como parece ser la obligación en algunos espacios que huelen a encierro, esos círculos de cineastas y también de críticos en los que se supone que la clase media debe flagelarse en nombre del proletariado. Así, he escuchado críticas a Álbum para la juventud a partir de la clase social de los protagonistas. Es como si volviéramos atrás, no solo en el tiempo sino en las posibilidades del cine. En la película de Solarz no hay conflictos en el sentido que proclaman los manuales de guión, pero tampoco hay consejos ni consignas. Es una película curiosa, si se quiere una visita al paraíso de una adolescencia motivada por la amistad, la vida familiar y el aprendizaje del arte. Sol estudia música y Pedro intenta escribir piezas de teatro. No sabemos si Sol y Pedro terminarán besándose, pero compartimos su cotidianeidad exenta de sombras. De algún modo, Solarz también pone en escena una utopía, una estado de la vida sin apremios y anterior a las verdaderas preocupaciones, a las determinaciones de la historia o la biografía. Y en ese sentido, no hay demasiadas diferencias entre Estrella roja y Álbum para la juventud. 

Creo que lo que Villegas detectó en el cine de estos días es una pesadez descomunal, un lastre de academicismo, ideología y apelación al consenso del que estas dos películas están felizmente libres. 

© Quintin, 2021 | @quintinLLP

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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11 respuestas a “36º MDQ FILM FEST | Mar del Plata a lo lejos (11), por Quintín”

  1. NP dice:

    El resumen de toda esta lastimosa cobertura: “”El cine tiene derecho a no ocuparse de la política”, dice el maestro ciruela de los que creen que hay cine no ideológico (y nada curiosamente son los mas rabiosos defensores de cierta ideología…). , Después habla de “algunos espacios que huelen a encierro”, así como antes trató de demente a un cineasta: nunca se debe mirar en el espejo.

  2. Alex dice:

    Creo que se le pide muchísimo menos que ‘ flagelarse en nombre del proletariado’. Posiblemente saldría victoriosa si fuera mejor en su estilo, con personajes más intrigantes o mejores diálogos. Creo que lo que pasa es que eso que a vos y Villegas les parece noble, inteligente y placentero, a otros les parece soporífero y figura repetida. Porque otras películas tampoco se ocupan especialmente de temas políticos, también son de chicos privilegiados y también están filmadas en prolijas secuencias, pero por ahí son mas singulares. Pienso en las de Matías Piñeiro- aunque creo que muchas de sus películas sí logran ser atravesadas por ciertas tensiones de una realidad no algodonada.. Personalmente me genera rechazo ese abordaje tierno y algodonoso de la adolescencia. Tal vez tan sólo se le pida un claroscuro.

  3. NP dice:

    Veo que en tuiter comentas qué te persigue acá la “policía política”, y te likea desde Villegas al director de este sitio…. Por qué no vienen a discutir acá, en vez de tratar de escrachar en tuiter. Nada más policiaco que eso. Y nada más lejos de la crítica que la falta de discusión. Lo que pasa es que las huevadas estás que escribieron son indefendibles. Pero al menos dejan claro una vez más el modelo (no solo cinematográfico) que sostienen.

  4. NP dice:

    Quintín,
    Es gracioso que retiuitees a uno que califica tu cobertura como
    “Reflexión serena” (se ve que no leyó la de Weber), “fundamentada y con criterios estéticos claros” (se ve que no leyó la de Azor), y finaliza con que “no debería ser juzgada desde el odio y el fanatismo político” (???)

    Lo mas patético es que llores, como siempre, persecución en tuiter cuando acá se discute otra cosa y en otros términos, no como haces vos cuando tratas de comunista a medio mundo y luego lloras macartismo… Eso sí es odio y fanatismo.

    Acá les dejo el link a una nota donde entran en patota a defender la película y nadie habla de “policía apolítica”:
    https://lasveredascine.wordpress.com/2021/11/23/36-mar-del-plata-album-para-la-juventud-malena-solarz/

  5. Pablo Weber dice:

    El argumento de Q de que “maté gratuitamente” al personaje de Luto es absurdo: ¿Cómo va a ser gratuito si la muerte es el disparador de la historia? ¿Cómo puede ser gratuito algo que en realidad es necesario para que la propia narración comience? ¿No lo sería por caso matar a alguien porque sí en el medio del guión, o mostrar muerte con el simple objetivo de generar morbo o espectacularidad? Si no es así, evidentemente no estoy entendiendo el concepto de “gratuidad”. Cuando entramos en la página del Ministerio de Salud, vemos que las personas muertas de 24 años son efectivamente pocas en relación a edades más avanzadas. Ahora bien, ¿es suficiente un dato estadístico para impugnar la idea del guión? ¿se utilizaría ese mismo argumento si la muerte no fuese de COVID? Si digamos, yo quisiera escribir un guión sobre una niña de 12 años que muere de cáncer. ¿Se esgrimirían planillas, gráficos, etc. para criticar dicha decisión de guión? Por supuesto que no: porque justamente la crítica de Q es “ideológica” hasta la médula: lo que a él le molesta es que usar un personaje muerto joven de Covid puede ser perjudicial para sus “objetivos extracinematográficos” (para usar jerga cinéfila), en este caso, su agenda política anti-restricciones, anti-cuarentena, que, por otro lado, está en todo su derecho de tener. Al mismo tiempo me resulta muy curioso que haya sido precisamente él quien critique la relación que se establece al interior de la película entre las fotografías, la narración y las múltiples dimensiones de realidad y materia cinematográfica que el corto presenta, puesto que gran parte de sus escritos, al igual que el de aquellos quienes se reconocen deudores de su pensamiento y su método crítico, están destinados justamente a criticar ciertas concepciones pedagógicas del cine que, a su entender, tienden a empeorarlo. Jamás pensé que estas críticas vendrían de parte de los paladines de la incorrección política y la libertad del arte. ¿Qué tendría que haber hecho? ¿Haber puesto una placa al principio: “¡ATENCIÓN! Usted está a punto de observar una ficción, apenas el 0,1 por ciento de las personas jóvenes contagiadas de COVID han muerto”? En fin.

  6. Quintín dice:

    Weber. Una aclaración, nada más. Creo que estás confundiendo dos cosas, o a lo mejor me expresé mal. Por un lado, me hubiera parecido bien (honesto, decente, respetuoso con el espectador) que aclararas en alguna parte de la película que se trataba de una ficción. En ese sentido, opinaría lo mismo si a la chica la pisaba un coche y me parece gratuito que no lo hayas hecho. Por otro lado, me di cuenta de que era una ficción porque mi “agenda anti restricciones” como la llamás, hace que tenga claras algunas cifras y eso evitó que te diera el pésame, como pensé hacer en algún momento. Pero, paradójicamente, ese punto (tu ignorancia de que podía sonar inverosímil, aunque tengas el derecho de que no te importen los datos del covid) le da un toque de incoherencia o de descuido a un guión basado en la imaginación poética pero también en una gran precisión costumbrista. Saludos.

  7. Pablo Weber dice:

    Gracias por la aclaración:

    Se entiende mejor ahora la crítica, puesto que en la nota anterior se dejaba entrever como si yo hubiera tenido algún objetivo espurio de manipular a las personas con “vaya uno a saber qué fin”, tal y como escribiste. No tengo nada para ganar mintiendo, puesto que mi objetivo era compartir con el espectador un clima de pérdida y tristeza que me viene acompañando desde el inicio de la pandemia. Y la literatura del yo me parecía un género interesante para intervenir y, si se quiere, horadar. Que es una ficción está escrito en el póster del film enviado al festival y la fotógrafa estuvo en el Q&A en las tres funciones del estreno, al mismo tiempo que es mencionada en los créditos con su nombre y apellido y es fácilmente comprobable que está viva y coleando. De todas maneras, no tengo derecho a ir en contra de tu reacción. Si sinceramente sentiste que había una traición al pacto comunicativo, supongo que a otros le habrá sucedido, aunque intuyo son una minoría. En definitiva, es algo en lo que tendré que meditar: no pretendo tener todas las respuestas a esta altura de mi carrera. Sin embargo, insisto, no veo por qué un evento estadísticamente improbable sea incompatible con la “precisión costumbrista” del guión.

    Abrazo

  8. Quintín dice:

    De acuerdo. Me alegra saber que la fotógrafa estuvo en los Q&A (además eso confirma que está viva). Lo que pasó es que no vi el poster, el trailer no decía nada y le pregunté a un par de personas, que me contestaron: “es una ficción, pero no le digas a nadie que yo te lo conté”. Es decir, que había una especie de ambiente conspirativo, en el que varios de los que hablé actuaban como si hubiera que proteger un secreto. Y me parecía que la película era lo suficientemente sólida como para no necesitar sostenerse en su posible carácter documental (por llamarlo de alguna manera) y que vos ocultabas deliberadamente que era ficción por razones un tanto incomprensibles. Queda por aclarar solo lo de la probabilidad de la muerte, que a esta altura es menor. Pero sigo convencido de que la verdad pesa sobre las cosas, aun sobre las ficciones. Y que a veces, como decía alguien, es mejor mentir que ser impreciso. Como no intentaste mentir (lo que hubiera sido un problema comunicacional, como decís), tampoco era necesario ser impreciso (lo que termina siendo un problema cinematográfico). Te mando un abrazo.

  9. Pablo Weber dice:

    Me deja totalmente desconcertado esto que me estás contando. Yo no me manejo así, ni en el cine, ni en la vida. No tenés por qué saberlo, pero bueno. Capaz alguien que malinterpretó mis intenciones o que directamente no me conoce.

  10. Quintín dice:

    Nunca me había pasado algo así, aunque tal vez yo haya preguntado en un tono demasiado intimidatorio. De todos modos, creo que todo esto podría ser la prueba de que hay algo tóxico en al ambiente. Un abrazo.

  11. NP dice:

    “Nunca me había pasado algo así… hay algo tóxico en al ambiente”.
    Al final había que usar baribijo, nomás.

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