Festivales

21.11.21
36º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Festivales

36º MDQ FILM FEST | PR1NC3S4, por Miguel Peirotti

Estas palabras son de René Clair, de la edición española de su libro “Reflexion faite” (Reflexiones sobre el cine, Artola, Madrid, 1955): “Tener sentido del cine quiere decir servirse de él para los fines propios de su naturaleza. El pescador o el jardinero saben que cada herramienta tiene su aplicación particular; el carpintero no martillea clavos con la sierra”. En 3SCOMBRO5, su anterior película, presentada en la edición de la muestra DOC Buenos Aires de apenas unas semanas atrás, el director y artesano Raúl Perrone se apellidaba P3rron3. Pero de repente (nueva definición de nanosegundo: dícese del tiempo que hay entre una película de Perron3 y la siguiente), en PR1NCE3S4 figura como Perron3. ¿Y el “3” que falta? El recordado comediante Tangalanga seguramente nos recomendaría que nos lo metamos en el orto. 

No obstante, asumimos nuestro derecho a hipotetizar, ya que nos resulta imposible adivinar la combinación alfanumérica que identificará la próxima película del paladín cinematográfico de Ituzaingó. Sí sabemos –o, mejor dicho, podemos conjeturar con la estadística a nuestro favor, y sin que la dedicación de estas líneas suponga una relevancia que este detalle no la tiene– que la nueva alteración del apellido en PR1NC3S4, además de ser apenas detectable, seguramente no resista un mayor análisis que el que supone conjeturar un probable deseo de Perron3 de integrar su identidad nominal al cuerpo de obra artístico multiforme, cambiante, de células vivas, que conforma su filmografía. Si no es su deseo, lo logra igual: Perron3 ha concretado el anhelo final del mad doctor del cine: ser su obra. Recordemos que Frankenstein no es el monstruo, sino el doctor, el Dr. Frankenstein. Pero en el fondo para el espectador fue siempre lo mismo; para el espectador Frankenstein es el doctor, pero también es el monstruo porque el espejo no miente, y así como en el Lejano Oeste se imprimía la leyenda, no la verdad, en nuestro cercano mundo retiniano las imágenes se imprimen de acuerdo al grado de carisma, abstracción e impacto que ofrezcan. Perron3 ha empezado a mutar junto a cada una de sus películas, lo que es evidente desde hace más de una década sin interrupciones; Perron3 inmola la ortografía de su identidad como quien se va desintegrando de a píxeles para reintegrarse mediante la alquimia digital, lo que en las últimas tres o cuatro películas se ha patentizado. 

De hecho, y lo decimos en párrafo aparte, la primera toma de PR1NC3S4, además de ser un plano general plásticamente subyugante y premonitorio, es animación casi al ciento por ciento. La redefinición electrónica de la cultura de la imagen ciertamente incluye aproximaciones híbridas a las posibilidades del lenguaje mediante la revolución que aún hoy significa la absorción casi osmótica de la informática en cada parcela de nuestras vidas. Esta aseveración no pretende bajarle el precio a la ascesis tecnológica en la que trabaja Perron3 porque la intervención animada de la imagen “real”, con actores, existe, como tantos recursos que usa Perron3, desde el cine mudo. 

Laburante, consuetudinario y febril, Perron3 también es fabril: leal a su hábito que hace al monje, Perron3 se ha consagrado como un “operaprimista continuo”, un veterano de espíritu joven que entrega de tres a cuatro películas por año, cada una de ellas, de características renovadoras, iconoclastas, insolentes, rupturistas y absolutamente sumidas en la autoconsciencia de la modernidad en su machaque constante de la búsqueda de una lengua singular. Algo que haría un debutante inteligente con aspiraciones de estatura y protegido por la honestidad en la dicción periódica del rumbo de su trayecto y de su constructo incipiente como artista. Adquirir una condición adánica de sí mismo, que se renueva y es rotativa, supone el final del arcoíris en la cosmovisión de Perron3. 

Claramente, Perron3 no martillea con la sierra.

El 7 de noviembre Perron3 resumió su praxis poética en un tuit del que extraemos el siguiente credo expresado: “A mí me interesa la artesanía, la austeridad de lo artístico, lo poético. Tengo una cámara Super 8 y hago mis propias texturas y después las monto”. Sin embargo, el dispositivo tecnológico con el cual Perron3 cristaliza sus películas ya no es discernible a simple vista. A compleja vista se disciernen fantasmagorías entremezcladas con texturas asincopadas, siempre en proceso de construcción sobre una plataforma bicromática de expresión, el blanco y negro; asimetrías de encuadre, alteraciones de la velocidad, parlamentos en reverso, sobreimpresiones implosivas, contornos en fuga formal, imágenes recortadas de otros tiempos (se filtran fotogramas de Trono de sangre, de Akira Kurosawa) y rastros de un poema de Utagawa Kuniyoshi extraído de su serie “108 héroes del popular Suikoden”. Perron3 se permite anacronismos tales como la inclusión de locaciones edilicias a base de cemento, juegos analógicos portátiles de la década de los ochenta y urbanismo contemporáneo; el tiempo en el cine de Perron3 discurre simultáneamente, sobre capas, en sintonía con las nuevas teorías de la dimensión dual tiempo-espacio, no de acuerdo a los designios irónicamente atemporales de Cronos. 

Una mujer oriental joven con la efigie pincelada de una princesa Kaguya que podría pataconear cualquier vereda de los estudios Ghibli viste una robe de chambre a cuadros cual kimono mientras acaricia una cabeza de pez gigante metálica (obra del escultor Benito Vaccarezza) como si participara de un ritual pagano ancestral nipón consagrado a algún semidiós del mar dependiente de la jerarquía vertical de Neptuno, algo erótico y sensual; ella es la protagonista, la recopiladora de pelos de amantes, la deidad mistérica encarnada. La actuación antagonista del cineasta y crítico Paulo Pécora en modo “Pequeño Mifune Ilustrado”, por su parte, une por vía tangencial la línea paralela de su trayectoria de cineasta experimental y precinematográfico prolífico con la de Perron3 como maestro presente y siempre díscolo atenazador de formalismos primitivos y simientes arcanas del lenguaje. Méliés los cría y ellos se juntan.

 

 

 

© Miguel Peirotti, 2021 | @MPeirotti

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Argentina, 2021)

Dirección, edición, producción, diseño de sonido: Raúl Perrone. Guion: Raúl Perrone, Roberto Barandalla. Elenco: Deborah Nishimoto, Paulo Pécora, Matías Tamanaha, Juan Manuel Soria y la narración de Yoko Tsuru. Duración: 65 minutos.

 

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